Alemania dio un paso decisivo hacia la soberanía tecnológica militar al impulsar la creación de una red de comunicaciones por satélite en órbita baja exclusiva para la Bundeswehr. Las empresas alemanas Rheinmetall y OHB iniciaron conversaciones preliminares para presentar una oferta conjunta destinada a construir lo que en Berlín ya describen abiertamente como un “Starlink para el ejército alemán”.
El proyecto, con un valor estimado de EUR 10.000 millones (US$ 11.966 millones), forma parte del ambicioso plan germano de invertir EUR 35.000 millones (US$ 41.880 millones) en tecnología espacial militar, buscando dotarse de una infraestructura segura, soberana y específicamente diseñada para uso militar que reduzca la dependencia de servicios estadounidenses como Starlink, propiedad de SpaceX, la empresa de Elon Musk.
La guerra de Ucrania como catalizador
El trasfondo del proyecto responde tanto a razones estratégicas como políticas, ya que la guerra en Ucrania demostró hasta qué punto las comunicaciones vía satélite en órbita baja pueden resultar decisivas cuando las redes terrestres son destruidas o degradadas. Aunque Starlink, y su versión militar Starshield, se convirtió en un activo clave para Kiev, numerosos países europeos desconfían de basar capacidades críticas en un proveedor privado extranjero, lo que aceleró los planes para construir redes nacionales o europeas bajo control estatal.

Boris Pistorius, ministro alemán de Defensa, anunció el año pasado que Alemania planea invertir 35.000 millones de euros en el uso del espacio con fines militares. Con este programa, según la consultora Novaspace, Alemania aspira a convertirse en el tercer mayor inversor mundial en tecnología espacial, solo por detrás de Estados Unidos y China.
Las autoridades militares alemanas ya definieron las especificaciones técnicas y preparan la licitación, priorizando la cobertura del flanco oriental de la OTAN, donde Berlín despliega una brigada permanente de 5.000 soldados en Lituania como parte de su refuerzo defensivo ante la amenaza rusa.

Rheinmetall: del blindaje al espacio
Tradicionalmente asociada a tanques, artillería y munición, Rheinmetall está ampliando rápidamente su presencia en nuevos dominios al calor del rearme alemán. La empresa con sede en Düsseldorf, conocida por fabricar el cañón de 120 mm de los tanques Leopard 2, los cañones del obús PzH-2000 y los drones Luna, espera que la digitalización y el espacio tengan cada vez más relevancia en su composición de ingresos.
A finales del año pasado, Rheinmetall obtuvo su primer gran contrato espacial, de hasta 2.000 millones de euros, para desarrollar junto a la finlandesa Iceye una constelación de satélites de radar capaces de operar de noche y con mal tiempo. Esta experiencia sitúa a la compañía en una posición sólida para aspirar ahora a un sistema de comunicaciones militares en órbita baja.

OHB busca escala ante la concentración del sector
Para OHB, tercer mayor fabricante europeo de satélites y proveedor del sistema de navegación Galileo, el proyecto representa una oportunidad clave para reforzar su negocio militar. La empresa enfrenta la posible creación de un gigante espacial europeo fruto de la fusión de las divisiones de Airbus, Thales y Leonardo, una operación que su director ejecutivo considera potencialmente anticompetitiva y que podría dejar a OHB en desventaja si no amplía su escala y capacidades.
El simple anuncio de las conversaciones disparó la cotización de OHB hasta un 35% el lunes, reflejando hasta qué punto el sector percibe el gasto militar espacial alemán como un catalizador de oportunidades. Rheinmetall, por su parte, experimentó una jornada volátil que la llevó a retroceder 1,5% antes de corregir parcialmente.
El dominio estadounidense en el espacio
La industria del espacio exterior se convirtió en uno de los campos de inversión más relevantes ante el rearme europeo. Durante décadas estuvo dominada por Rusia y Estados Unidos, pero cada vez más países intentan acceder a esta nueva frontera. En materia de satélites europeos, las redes más significativas son el sistema de navegación y geoposicionamiento Galileo y el proyecto IRIS2, que planea lanzar hasta 300 aparatos al espacio.

Frente a estos incipientes proyectos, el dominio norteamericano es completo. La red de órbita baja Starlink, especializada en proveer cobertura de internet en zonas rurales o de difícil acceso, ya cuenta con una constelación de más de 9.000 satélites. El peso de los satélites de SpaceX es tan significativo que incluso Italia mantuvo negociaciones para que su ejército utilizara la red militar Starshield, hermana de Starlink.
Al margen del proyecto germano, las principales compañías espaciales en Europa son la noruega Kongsberg, que opera el puerto espacial de Andoya (el único situado en Europa), y ArianeGroup, fabricante de los cohetes Ariane lanzados en el puerto espacial de Kourou, en la Guayana Francesa.
El proyecto alemán aún se encuentra en una fase temprana, sin comentarios oficiales de las empresas ni del Ministerio de Defensa, y se enmarca en una competencia creciente por contratos multimillonarios que definirán quién controla las futuras infraestructuras críticas de comunicaciones militares en Europa. La gran pregunta es si el continente logrará cerrarle efectivamente las puertas del espacio a Estados Unidos o si la superioridad tecnológica norteamericana seguirá siendo determinante.





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