El fabricante de juguetes Playmobil confirmó el cierre de su planta de producción en Dietenhofen, localidad de Franconia en Baviera, poniendo fin a 57 años de actividad manufacturera en suelo alemán. La decisión afectará a 350 empleados que permanecerán en sus puestos hasta fines de junio, cuando la fábrica cierre definitivamente sus puertas.
La compañía, perteneciente al grupo Horst Brandstätter, justificó la medida en el incremento significativo de los costos de producción en Alemania y anunció que trasladará las operaciones y el equipamiento industrial a otras plantas del grupo en los próximos meses, principalmente a su histórica fábrica en Malta, donde se concentra desde hace décadas la mayor parte de la producción.

Una crisis que consumió las reservas del fundador
La situación financiera de Playmobil se deterioró marcadamente en los últimos años. Según información de la revista alemana WirtschaftsWoche, la empresa registró pérdidas de EUR 100 millones (US$ 118 millones) durante el ejercicio fiscal 2024/25. La compañía perdió más de un tercio de su facturación desde 2015, erosionando las abundantes reservas de efectivo que acumuló Horst Brandstätter, fundador de la marca fallecido en ese año.
Datos de la filial alemana de la firma estadounidense de investigación de mercado Circana revelaron que Playmobil facturó aproximadamente EUR 104 millones (US$ 123 millones) en Alemania durante el año calendario 2025, representando una caída del 8% respecto a 2024. Este retroceso contrasta con el desempeño general del mercado alemán de juguetes, que creció un 3% durante el mismo período.

Crisis de sucesión y gestión cuestionada
Tras la muerte de Horst Brandstätter en 2015, la empresa enfrentó una crisis de liderazgo caracterizada por alta rotación en la gerencia, creciente malestar entre los empleados y descenso sostenido de las ventas. El fundador transfirió la marca y el grupo empresarial a dos fundaciones —una de beneficencia y otra empresarial— presididas ambas por Marianne Albert, su ex secretaria, quien ejerce el control efectivo sobre Playmobil. Albert no concede entrevistas públicas y la oficina de prensa rechazó una nueva solicitud de la WirtschaftsWoche.
Uno de los críticos más severos de la conducción actual es Conny Brandstätter, hijo del fundador, quien aspiraba a dirigir la empresa pero no fue considerado para el cargo. Para él, el problema fundamental radica en el esquema sucesorio diseñado por su padre.

Acusaciones de falta de transparencia
El sindicato alemán de trabajadores de la industria química IGBCE formuló duras críticas contra la dirección empresarial. Maximilian Krippner, secretario sindical, acusó a la compañía de intentar trasladar nuevamente “la responsabilidad por años de mala gestión sobre los empleados”. El dirigente expresó su indignación porque la plantilla de Dietenhofen se enteró de los planes de cierre apenas momentos antes de una asamblea general, después de que la empresa bloqueara durante aproximadamente nueve meses las consultas sobre el futuro del establecimiento. Krippner calificó la situación como “una enorme porquería”.
Los trabajadores describieron la asamblea informativa como “terrible” y señalaron que “terminó después de solo unos minutos”, según declaraciones recogidas por la radiodifusora bávara BR. La atmósfera en la planta permanece deprimida, aunque algunos empleados admitieron que el cierre “de alguna manera era previsible”.

Impacto en la comunidad local
La noticia también tomó desprevenido a Rainer Erdel, alcalde de Dietenhofen, quien se enteró de los planes el lunes por la noche durante una breve reunión con la dirección de la empresa. “Fue una presentación muy escueta”, comentó el funcionario al BR. Consultado por la WirtschaftsWoche a mediados de enero sobre rumores de una posible venta de la planta, Erdel reaccionó con sorpresa: “¿De dónde sacaron eso?”.
El burgomaestre reconoció el golpe para la localidad: “Sí, inicialmente es impactante. Porque hay 350 empleados afectados. Detrás están familias, planes”. La pérdida de estos puestos de trabajo representa un duro revés para la economía local de este municipio franconio.

Contradicciones en el discurso empresarial
La decisión contrasta con declaraciones recientes de la conducción. Durante la Feria del Juguete en Núremberg a fines de enero, apenas la semana anterior al anuncio del cierre, la empresa habló de un cambio de tendencia. Bahri Kurter, CEO de Playmobil, afirmó que “algunos indicadores sugieren que se logró el punto de inflexión” y que “la temporada navideña da motivos para la esperanza”. El ejecutivo destacó asociaciones comerciales con la Federación Alemana de Fútbol, una línea de lucha libre y la muñeca Barbie como factores que impulsarían la recuperación.
Como gran novedad, Kurter anunció para el otoño una tecnología que dará vida a los mundos de juego —piratas, policía, haras y zoológico— con sonidos y figuras parlantes en alemán, inglés y francés. Sin embargo, el futuro del propio CEO resulta incierto: se incorporó a Playmobil hace exactamente tres años y, según WirtschaftsWoche, su contrato vence próximamente. Un portavoz de la empresa se negó a comentar si será renovado.

Un futuro incierto
El pronóstico para Playmobil permanece nebuloso. “En cuatro años probablemente sea el final”, declaró Conny Brandstätter hace casi un año en conversación con WirtschaftsWoche. Según ese cálculo, quedarían poco más de tres años para que la compañía encuentre su fortuna comercial en el extranjero. Los establecimientos de Herrieden y Zirndorf, según la empresa, no serán afectados por la reestructuración estratégica, concentrándose el impacto exclusivamente en la planta de Dietenhofen que marcó durante más de medio siglo la presencia industrial de la marca en territorio alemán.





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