sábado, 4 de abril de 2026

En pleno centro histórico de Berna, a pocos pasos de la célebre Torre del Reloj Zytglogge, se alza desde 1546 una de las fuentes más inquietantes de Europa. La Kindlifresserbrunnen —literalmente, “la fuente del devorador de niños”— representa a un ogro de estilo renacentista que engulle a un pequeño mientras sostiene a otros en una bolsa, listos para correr la misma suerte. Creada por el escultor suizo Hans Gieng entre 1545 y 1546, la obra es hoy uno de los monumentos más visitados de la capital helvética y uno de los enigmas históricos más debatidos de Suiza.

Un ‘cuco’ renacentista en el corazón de la ciudad

La explicación oficial de la ciudad de Berna es relativamente tranquilizadora: según el sitio web municipal, el significado “más plausible es que se trate de una especie de enseñanza para los niños, animándolos a comportarse bien”.

Una suerte de ‘cuco’ de piedra destinado a infundir miedo en los más pequeños para que se porten bien. La fuente se encuentra en la Kornhausplatz —la Plaza del Granero— y forma parte del paisaje urbano bernés desde hace casi cinco siglos, resistiendo guerras, reformas religiosas y cambios de régimen.

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A pocos pasos de la Torre del Reloj de Berna, un ogro renacentista devora niños desde 1546: la fuente más perturbadora de Europa lleva casi cinco siglos aterrando a los visitantes.

Algunos historiadores han propuesto una interpretación alternativa de carácter mitológico: el ogro representaría al dios griego Cronos —Saturno en su equivalente romano—, quien devoraba a sus propios hijos para impedir que se cumpliera la profecía que anunciaba su destronamiento. Lo que refuerza esta hipótesis es el sombrero del personaje, similar al que aparece en pinturas y xilografías alemanas de la época que representan a Saturno, como la obra del pintor Georg Pencz datada hacia 1530 o una xilografía de Núremberg de 1492.

El sombrero que lo cambia todo

Sin embargo, ese mismo sombrero esconde una segunda lectura, mucho más oscura. Se trata de un gorro cónico —frecuentemente de color amarillo— que los judíos estuvieron obligados a llevar durante siglos en diversas regiones europeas, incluso mucho después de la Edad Media. Este detalle llevó a varios investigadores a vincular la fuente con uno de los prejuicios más tristemente difundidos de la historia occidental: la llamada “acusación de sangre”.

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Hans Gieng la esculpió entre 1545 y 1546: la Kindlifresserbrunnen es hoy uno de los monumentos más visitados —y más inquietantes— de la capital suiza.

Surgida hacia el siglo XII, esta difamación sostenía que los judíos asesinaban niños cristianos para utilizar su sangre en rituales pascuales, en particular en la preparación del pan sin levadura. Berna no fue inmune a esta leyenda: en 1294, miembros de la comunidad judía local fueron acusados de haber crucificado a un niño llamado Rodolfo, posteriormente beatificado por la Iglesia. El episodio derivó en un pogromo y en la expulsión de los judíos de la ciudad, una decisión que las autoridades aprovecharon para cancelar las deudas que habían contraído con ellos.

De la polémica a la placa explicativa

La fuente volvió al centro del debate en julio de 2020, cuando el escritor y periodista Roy Oppenheim solicitó a las autoridades municipales que colocaran un texto explicativo para situar la escultura en su contexto histórico y que “tomen inequívocamente distancia del carácter resueltamente antijudío de la fuente”.

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El sombrero cónico del ogro no es un detalle decorativo: es la clave que conecta esta fuente renacentista con siglos de persecución y antisemitismo en Europa.

La ciudad aceptó el pedido y en 2024 instaló una placa informativa frente a la obra de Hans Gieng. La placa ofrece contexto a quienes pueden leerla. Para los más pequeños, en cambio, la Kindlifresserbrunnen sigue cumpliendo su función original con una eficacia intacta después de casi cinco siglos: pórtense bien.

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