La Justicia alemana condenó este miércoles a 13 años de prisión a Daniela Klette, exmiembro de la organización armada Fracción del Ejército Rojo (RAF), por una serie de robos cometidos entre 1999 y 2016 para financiar su vida en la clandestinidad tras la disolución formal del grupo. El fallo volvió a colocar en el centro de la escena a una de las organizaciones más violentas y traumáticas de la historia de la Alemania de posguerra.

La sentencia fue dictada por la Audiencia Regional de Verden, en el norte del país, después de un proceso judicial que se extendió durante aproximadamente un año. El tribunal consideró probado que Klette participó en al menos seis robos con agravantes, además de secuestro con fines extorsivos e infracciones a la ley de armas. La fiscalía había solicitado 15 años de cárcel.
Una vida clandestina financiada con robos
Según la investigación, Klette actuó junto a Burkhard Garweg y Ernst-Volker Staub, otros dos antiguos integrantes de la RAF que permanecen prófugos. Los fiscales sostuvieron que el trío obtuvo más de 2,7 millones de euros mediante asaltos a supermercados y furgones de transporte de caudales en distintas regiones del norte y oeste de Alemania.

El juez Lars Engelke afirmó durante la lectura del fallo que los acusados actuaban “dividiéndose las tareas y con la máxima discreción”. Según la acusación, Klette se encargaba en varios casos de conducir los vehículos de fuga y utilizaba un falso lanzagranadas para intimidar durante los atracos.
La mujer, hoy de 67 años, había permanecido más de tres décadas prófuga. Fue detenida en febrero de 2024 en el barrio berlinés de Kreuzberg, donde vivía bajo identidad falsa. Durante el operativo, la policía encontró armas, municiones, documentos falsificados y unos 240.000 euros en efectivo.
La RAF y una herida histórica alemana
La Fracción del Ejército Rojo, también conocida como banda Baader-Meinhof, emergió en Alemania Occidental a comienzos de la década de 1970. Inspirada en postulados marxistas revolucionarios y en movimientos armados internacionales, la organización llevó adelante atentados, secuestros y asesinatos contra representantes del Estado, empresarios y miembros de las fuerzas de seguridad.

El grupo fue responsable de una de las etapas más violentas de la historia reciente alemana. Hasta su disolución oficial en 1998, se le atribuyeron 34 asesinatos. Entre las víctimas más conocidas estuvieron el presidente de la patronal alemana Hanns Martin Schleyer y el fiscal federal Siegfried Buback.
Klette integró la llamada “tercera generación” de la RAF, una etapa sobre la que aún existen muchas incógnitas. Los investigadores la vinculan además con un coche bomba fallido contra Deutsche Bank, un atentado contra la embajada estadounidense en Bonn y la explosión de una prisión recién construida.

Un juicio cargado de tensión política
Durante el proceso, Klette evitó declarar sobre los hechos investigados y utilizó algunas audiencias para difundir mensajes anticapitalistas. Su defensa sostuvo que no existían pruebas concluyentes sobre su participación directa en los robos y reclamó la absolución.
El abogado Lukas Theune anunció que apelará la sentencia al considerar que el tribunal no examinó críticamente las conclusiones policiales.
La lectura del fallo generó además fuertes reacciones entre simpatizantes de la exmilitante que asistieron a la audiencia. Según medios alemanes como NTV y NDR, varios manifestantes gritaron “¡Libertad para Daniela!” dentro de la sala, provocando momentos de tensión.

Un pasado que Alemania todavía discute
Aunque la RAF desapareció hace casi tres décadas, el caso Klette volvió a abrir en Alemania discusiones sobre la memoria política de los años 70, el alcance de la violencia ideológica y la persistencia de ciertos sectores de apoyo simbólico a antiguos miembros de la organización. La propia existencia de fugitivos históricos todavía buscados por la Justicia demuestra que, para Alemania, la historia de la RAF sigue lejos de quedar completamente cerrada.




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