La Universidad Nacional de Córdoba (UNC) inauguró esta semana Helvetios, una supercomputadora proveniente de Suiza que triplicó la capacidad de cómputo disponible en la institución. El equipo llegó desarmado desde la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), pesa casi cuatro toneladas y fue reconstruido y puesto en funcionamiento por especialistas argentinos en alrededor de un mes.
Helvetios quedó instalada en el Data Center del Centro de Computación de Alto Desempeño (CCAD) de la UNC. Su incorporación permitirá ampliar proyectos científicos que dependen de enormes cantidades de cálculos, desde simulaciones sobre la evolución del universo hasta investigaciones vinculadas con el diseño de medicamentos y problemas complejos de ingeniería.
288 computadoras trabajando como una
Helvetios no es una computadora gigantesca en el sentido tradicional, sino un clúster: un conjunto de máquinas conectadas mediante una red de alta velocidad que pueden dividir un problema entre cientos de procesadores y trabajar coordinadamente.

El sistema reúne 288 nodos de cómputo y más de 10.000 núcleos de procesamiento, con más de 50 terabytes de memoria RAM. Su rendimiento máximo teórico alcanza los 763 billones de operaciones por segundo, de acuerdo con datos de la EPFL citados por Clarín.
Su arquitectura está basada exclusivamente en CPU, los procesadores de propósito general que también utilizan las computadoras personales, aunque a una escala muy superior. No fue diseñada específicamente para inteligencia artificial, un campo donde suelen utilizarse GPU, pero resulta especialmente útil para programas científicos que necesitan gran cantidad de memoria, alta precisión y numerosos procesadores convencionales trabajando en paralelo.
Dante Paz, investigador del Instituto de Astronomía Teórica y Experimental de la UNC y el Conicet (IATE), explicó que todavía existen numerosos problemas científicos que no aprovechan eficientemente las GPU. La incorporación de Helvetios permitirá ejecutar simulaciones más grandes, aumentar su resolución y sostener una mayor cantidad de investigaciones y tesis doctorales.
Una segunda vida entre Lausana y Córdoba
La historia de Helvetios también muestra cómo las relaciones personales entre instituciones científicas pueden terminar convertidas en infraestructura concreta.
La donación fue gestionada por Antonio Russo, especialista en computación de alto desempeño que trabajó en UNC Supercómputo entre 2015 y 2017 y actualmente se desempeña en la EPFL. Desde Córdoba, la coordinación estuvo a cargo de Paz.

Cuando la universidad suiza renovó su infraestructura, Helvetios dejó de responder a las necesidades de aquel centro, pero seguía siendo capaz de realizar investigación competitiva. Russo conocía al equipo cordobés y sabía que podía desmontar, trasladar, reconstruir y operar una instalación de esa escala.
El traslado incluyó casi cuatro toneladas distribuidas en ocho cajas, que viajaron por barco desde Europa. Los trámites y adecuaciones técnicas comenzaron meses antes y, una vez que el equipo llegó a Ciudad Universitaria en julio, el montaje demandó aproximadamente un mes.
“Llegó una montaña de cajas a Córdoba y al poco tiempo Helvetios estaba nuevamente encendido”, resumió Russo sobre el proceso.
De galaxias a nuevos medicamentos
La capacidad adicional tendrá aplicaciones concretas. La UNC señala tres áreas principales: farmacología, astronomía e ingeniería. En cosmología, por ejemplo, los investigadores podrán realizar simulaciones con mayor cantidad de partículas y mejor resolución para estudiar cómo evolucionan las grandes estructuras del universo. En farmacología, la potencia servirá para cálculos relacionados con el diseño molecular y el desarrollo de fármacos.

El sistema también estará disponible para otras instituciones científicas e incluso podrá ser utilizado por el sector privado. Nicolás Wolovick, director del CCAD, destacó que la intención es ofrecer capacidad de procesamiento desde Córdoba a investigadores de Argentina, América Latina y el Caribe.
La cooperación despertó además la intención de repetir el modelo. Los especialistas involucrados analizan mecanismos para que universidades latinoamericanas puedan recibir equipos que centros europeos reemplazan, siempre que dispongan de electricidad, refrigeración, conectividad y personal capacitado para operarlos.
Helvetios ya no era la máquina que necesitaba Lausana. En Córdoba, en cambio, acaba de empezar una segunda vida. Y la diferencia no está sólo en cuánto puede calcular: está en cuántas investigaciones que antes esperaban recursos podrán ahora empezar a hacerlo.







Hacé tu comentario