A mediodía, Fabian Buhl ya estaba en El Chaltén, tomando café. Sus compañeros de expedición todavía tenían por delante los rápeles y la caminata de regreso. Habían subido juntos al Cerro Torre, pero el alemán llevaba en la mochila algo que le permitió ahorrarse buena parte del descenso: un parapente de apenas dos kilos.
Unas horas antes, el 7 de febrero de 2020, Buhl había desplegado la vela cerca de la cumbre. Tenía 29 años y una experiencia de vuelo bastante menor que la de escalada. Después de pasar la noche en la montaña, empezó a correr sobre una pendiente nevada y consiguió despegar con su parapente. Debajo se abría una caída de unos 1.500 metros.
El vuelo duró unos 17 minutos y terminó en el glaciar Torre. Con esa maniobra completó una combinación inédita: escalar el Cerro Torre por sus propios medios y después bajar en parapente. Otros habían volado desde ahí, pero habían llegado a la cima en helicóptero. Buhl cargó el equipo de vuelo en la misma ascensión que realizó con sus compañeros.
Dos fracturas que cambiaron el rumbo
Oriundo de Allgäu, en el sur de Alemania, Buhl se dio a conocer en el búlder, la escalada de bloques de roca a poca altura y sin cuerda, con colchonetas para amortiguar las caídas. Su recorrido cambió después de fracturarse el mismo tobillo dos veces en seis meses.

La indicación médica le permitía caminar, pero debía evitar los saltos desde los bloques. Entonces empezó a explorar vías con cuerda y a colocar sus propias protecciones. Aquella adaptación terminó por abrirle un campo mucho más amplio: las paredes largas, la escalada en hielo y las expediciones.
En ese aprendizaje apareció Alexander Huber, uno de los grandes nombres del alpinismo alemán. Se convirtió en su compañero y mentor. Buhl reconocería después que de él aprendió buena parte de lo que sabía sobre expediciones, además de una manera de elegir proyectos que valoraba la imaginación y la búsqueda de recorridos propios.
En 2017 completó en Austria Ganesha, una difícil vía de siete largos que trabajó en solitario y autoasegurado con cuerda. Para entonces, ya podía alternar movimientos exigentes sobre roca con jornadas enteras suspendido en una pared.
Cinco semanas mirando el pronóstico

La expedición comenzó el 31 de diciembre de 2019, cuando Buhl se encontró en Buenos Aires con el estadounidense Colin Haley y viajaron a la Patagonia. Querían intentar una gran escalada, pero las previsiones anunciaban más precipitaciones de lo habitual. En El Chaltén, los días empezaron a organizarse alrededor de los pronósticos. Revisaban modelos de viento y buscaban una oportunidad que tardaba en aparecer. Pasaron unas cinco semanas hasta que llegó un período aprovechable, cuando Buhl ya estaba cerca de regresar a Europa.
La posibilidad de escalar la vía Ragni, en la cara oeste del Cerro Torre, tomó fuerza. Era un recorrido conocido, aunque nadie lo había completado todavía esa temporada y las condiciones del hielo seguían siendo una incógnita. Buhl decidió sumar el parapente a la carga.
El grupo reunió a los franceses Christophe Ogier, Jean Baptiste Tapie y Mathieu Perrussel, a la alemana Raphaela Haug, a la austríaca Laura Tiefenthaler y a Buhl. Avanzaron en dos cordadas. En los tramos superiores encontraron una gruesa capa de escarcha que retiraron para poder progresar.
La ascensión los llevó hasta el característico hongo de hielo que corona la montaña. El viento impedía despegar esa tarde, de modo que Buhl pasó otra noche en altura. Esperaba una oportunidad antes de que el calentamiento del día alterara las condiciones del aire.
Un despegue que estuvo lejos de ser perfecto
Llegaron a la parte más alta antes del amanecer. Buhl había estudiado fotografías con el alpinista Rolando Garibotti para identificar un posible punto de despegue. Aun así, al preparar la vela encontró ráfagas y viento en una dirección desfavorable. Se colocó unos cinco metros por debajo de la cumbre, buscando reparo. El primer intento de levantar el parapente salió de costado y tuvo que corregirlo. El espacio para acelerar se redujo. Dio unos pasos más, la pendiente se volvió muy pronunciada y finalmente consiguió que el ala lo sostuviera.

En una entrevista posterior admitió que debía haber revisado mejor el equipo y puso en duda su propia decisión: “No sé si lo habría hecho con más experiencia”. Una vez en el aire, encontró un vuelo mucho más tranquilo. Planeó entre los macizos del Torre y el Fitz Roy con la luz del amanecer. Eligió aterrizar sobre una zona amplia del glaciar, guardó el parapente y emprendió la caminata hacia El Chaltén.
En los años siguientes dedicó cientos de horas a mejorar como piloto y empezó a pensar en el vuelo como una forma de acercarse a montañas remotas. En 2022, junto con Will Sim, utilizó parapentes para llegar al Gulmit Tower, en Pakistán, y escalarlo.
Pero el propio Buhl explicó que llevar un ala también suponía aceptar un peso adicional que podía convertirse en comida para una expedición más larga. En una ruta muy exigente, prefería disponer de ese margen y descender en rápel. Lo resumió después de su aventura patagónica: “El paralpinismo abre puertas, pero no todas”.






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