Setenta chicos y adolescentes de las obras de la Diaconía de CEABA subieron al escenario del Centro Cultural 25 de Mayo junto con bailarines y cantantes de la Fundación Julio Bocca. El público acompañó con palmas. Sonó “Mejor que ayer”, de Diego Torres, y la tercera gala solidaria de CEABA cerró cerca de las 21 con una escena que resumió buena parte de lo ocurrido durante la noche: quienes llegaron como destinatarios de una obra social terminaron convertidos en protagonistas.
Antes del telón, una comunidad en el foyer
La convocatoria fue para las 18.30 del martes 29 de septiembre, pero el espectáculo comenzó alrededor de las 19. Durante esa media hora, el foyer del Centro Cultural 25 de Mayo, sobre la avenida Triunvirato, en Villa Urquiza, funcionó como lugar de encuentro de buena parte de la comunidad argentino-alemana.

El teatro, conocido entre los vecinos como el “pequeño Colón”, recibió a más de 350 personas. Hubo saludos, conversaciones y una sucesión de fotografías entre las autoridades de CEABA, representantes de la Embajada de Alemania, la Fundación Julio Bocca, la Dirección General de Cultos porteña, empresas auspiciantes e instituciones de la comunidad.

Entre el público estuvieron representantes del Hospital Alemán, la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Alemana (AHK), la Federación de Asociaciones Argentino-Germanas (FAAG), la Stiftung Verbundenheit y otras instituciones de la comunidad. También participaron Brigitte von der Fecht, de AGDS; Ricardo Lago, del Centro DIHA; y Christina Arheit, del Hogar María Luisa, además de pastores evangélicos y representantes de otras confesiones cristianas. Asistieron asimismo integrantes del Instituto Evangélico Luis Siegel de Los Polvorines, encabezados por su directora general, Paula Schäfer.
Los 70 niños y adolescentes que viajaron desde Baradero y Los Polvorines aportaron otro ritmo al movimiento previo. Algunos recorrieron los stands instalados en el ingreso. BMW, uno de los sponsors principales del evento, recibía allí las inscripciones para uno de los sorteos de la noche; CEABA mostraba información sobre su trabajo y, en otro espacio, se ofrecían productos elaborados en los dos centros de día.

La palabra y la acción
Cuando se apagaron las conversaciones y comenzó el acto, el maestro de ceremonias, Oscar De Masi, condujo una primera parte marcada por los mensajes institucionales, pero también se permitió quebrar varias veces la solemnidad. El pesado atril del escenario se convirtió pronto en un personaje más: De Masi lo rebautizó, entre bromas, como el “sarcófago de Tutankamón”.
La primera en hablar fue Andrea Rodríguez Weis, presidenta de la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires. Recordó que la CEABA desarrolla su misión en la Argentina desde 1843 y puso el acento en una idea que atravesaría después buena parte de las intervenciones.

“Llevar la palabra es fundamental, pero esa palabra siempre debe ir acompañada del servicio y la acción”, afirmó.
La presidenta agradeció especialmente a los chicos de las dos obras diacónicas y a los equipos que trabajan con ellos. No era un detalle menor. Aunque la noche tenía sobre el escenario a una fundación artística de primer nivel, el propósito de la convocatoria estaba fuera de los reflectores: contribuir a sostener el acompañamiento cotidiano que CEABA brinda a niños y adolescentes en situaciones de vulnerabilidad.

María del Pilar Bosca, directora general de Cultos de la Ciudad de Buenos Aires, retomó esa idea desde otro ángulo. Al hablar de la tarea de los centros, mencionó la alimentación, el apoyo escolar, las actividades recreativas y la contención emocional, pero destacó especialmente el objetivo de ir más allá de la asistencia inmediata.
“No se trata solamente de asistir frente a una necesidad sino de acompañar procesos, fortalecer la autonomía y potenciar a cada persona”, sostuvo.

De una obra para la comunidad alemana a un servicio abierto a todos
La nueva embajadora de Alemania en la Argentina, Catalina Cullas, colocó esa tarea dentro de una historia más extensa.
El Hogar Germán Frers comenzó su labor en Baradero en 1909, originalmente como un hogar-escuela para huérfanos de familias alemanas y suizas. Más de nueve décadas después, en 2002, inició formalmente su actividad el Centro de Día Arcángel Gabriel en Los Polvorines. Hoy ambos funcionan como espacios abiertos a niños y adolescentes independientemente de su origen.

“La verdadera solidaridad no conoce fronteras ni nacionalidades”, señaló Cullas. La diplomática vinculó además la tarea social con el motivo artístico de la gala. “El arte permite que los jóvenes encuentren su propia voz y transformen su realidad”, dijo, antes de resumir esa idea en una frase: “Es el lenguaje de la esperanza”.
Su discurso introdujo también uno de los desafíos menos visibles de este tipo de programas: qué sucede cuando los adolescentes alcanzan la mayoría de edad.

“El acompañamiento a los jóvenes no puede finalizar abruptamente a los 18 años”, advirtió.
Para Cullas, sostener los recursos necesarios para acompañar a los sectores más vulnerables forma parte precisamente del sentido de la gala: construir una red que permita que las posibilidades futuras de esos jóvenes no dependan del azar.
La pantalla bajó antes de tiempo
Hubo un momento en que el escenario dejó de mostrar autoridades y bailarines. Una enorme pantalla descendió y ocupó prácticamente todo el frente de la sala. Lo hizo tan rápido que De Masi ni siquiera alcanzó a presentar lo que venía. Al terminar, bromeó con que quienes manejaban la proyección estaban demasiado ansiosos por mostrar el video.
Lo que apareció entonces fue “Servir, crecer y creer”, una pieza institucional sobre la tarea cotidiana de la Diaconía de CEABA.
El tono de la sala cambió. El público siguió las imágenes en silencio y algunos de los chicos se reconocieron a sí mismos o a sus compañeros en la pantalla. Por unos minutos, aquello de lo que hasta entonces habían hablado las autoridades adquirió caras, voces y escenas concretas.

Trabajadores sociales, psicólogos, educadores y jóvenes explicaron qué sucede cada día en los centros: apoyo escolar, talleres, alimentación, espacios de escucha, acompañamiento psicológico, actividades artísticas y trabajo con las familias.
Uno de esos testimonios fue el de Walter López, de 23 años. Contó que llegó a un centro de día a los 11, permaneció hasta los 18 y luego inició estudios superiores. Ahora está próximo a recibirse y ya comenzó sus prácticas en hospitales. También recordó la ayuda que recibió de sus padrinos para sostener sus estudios.
Otro testimonio mostró a una adolescente que contó que estudia becada en el Instituto Evangélico Luis Siegel y habló de un sueño que la acompaña desde los siete años: dedicarse a la danza clásica.
En esos pocos minutos, el video terminó explicando con historias personales aquello que varias intervenciones habían definido como “autonomía” o “proyecto de vida”.

“Somos comunidad”
Cuando volvió la luz sobre el escenario, Marisa Stehle, coordinadora de Diaconía de CEABA, puso en palabras el sentido de esa secuencia.
“Esta noche celebramos que no estamos solos en esta misión”, dijo. “Somos comunidad, somos manos que se entrelazan para sostener sueños.”
Stehle recordó que la primera gala solidaria junto con la Fundación Julio Bocca se realizó en 2018 y agradeció a los equipos del Hogar Germán Frers y del Centro de Día Arcángel Gabriel, a la comisión de Diaconía y a quienes colaboraron con la organización.

Uno de los aplausos más prolongados llegó cuando pidió reconocer a Matías Storni, apoderado general de CEABA, por su trabajo en la preparación de la gala y su acompañamiento a la obra diacónica. Storni recibió un presente que, como se encargó de remarcar De Masi, estaba “fuera de programa”.
El gesto desarmó por unos minutos la distancia habitual entre escenario y platea. Fue también un reconocimiento al trabajo menos visible detrás de una gala que, para el público, duró apenas unas horas.
35 bailarines y un espectáculo que evitó quedar en segundo plano
La dimensión solidaria no relegó la propuesta artística. La Fundación Julio Bocca presentó 35 bailarines en escena y combinó danza clásica, comedia musical, ritmos urbanos y folclore.
Vestuario, iluminación y puesta acompañaron una sucesión de números de registros muy diferentes. Hubo pasajes de inspiración tanguera, entre ellos “Oblivion”, de Astor Piazzolla, mientras que las canciones inmediatamente reconocibles por los más chicos provocaron algunas de las respuestas más espontáneas de la sala. “Libre soy” fue una de ellas.

La Fundación Julio Bocca explicó durante la noche que su tarea tampoco se limita a producir espectáculos. Su trabajo está centrado en la formación artística y en crear oportunidades para jóvenes que buscan desarrollarse profesionalmente en la danza, el teatro y la música.
Ese punto estableció un vínculo con la lógica de los centros de CEABA. En ambos casos apareció repetidamente la misma idea: ayudar no sólo significa resolver una necesidad inmediata, sino también ofrecer herramientas para que una persona pueda construir su propio camino.
Del público al escenario
Antes del cierre llegó también uno de los momentos más distendidos de la noche. El premio principal del sorteo fue la posibilidad de disponer durante una semana de un BMW, a elección del ganador entre distintos modelos de la marca. Ivana Dip, CEO de BMW Group Argentina, presentó el premio y explicó que el ganador tendría un año para coordinar cuándo utilizarlo.
Pero la escena que terminó dando sentido a toda la noche ocurrió cuando los artistas de la Fundación Julio Bocca dejaron de estar solos. Los chicos y adolescentes del Centro de Día Arcángel Gabriel y del Hogar Germán Frers comenzaron a subir.
Fueron alrededor de 70. Llegaron entusiasmados y ocuparon el escenario junto con los bailarines y cantantes que habían observado desde la platea durante buena parte de la función.
El tema elegido fue “Mejor que ayer”, de Diego Torres. El público acompañó con palmas y el espectáculo se convirtió, durante esos minutos, en algo distinto de la sucesión de números que lo precedieron.
Al comienzo de la noche, De Masi había intentado ubicarlos desde el escenario preguntando dónde estaban los chicos de Baradero y de Arcángel Gabriel. Desde la oscuridad de la sala llegaron gritos y respuestas.
Dos horas después ya no hacía falta buscarlos. Estaban todos arriba del escenario.

Cuando las luces generales volvieron a encenderse, siguieron las fotografías y los saludos entre artistas, organizadores e invitados. Los chicos permanecieron unos minutos más sobre el escenario y la embajadora de Alemania en la Argentina, Catalina Cullas, subió para sacarse fotos con ellos. Después comenzaron a retirarse: los esperaban los micros y todavía les quedaba el viaje de regreso a Los Polvorines y, para algunos, bastante más lejos, hasta Baradero.







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