Múnich aceleró su candidatura a los Juegos Olímpicos y Paralímpicos y colocó en el centro de la discusión uno de sus proyectos más ambiciosos: construir la futura Villa Olímpica en el nordeste de la ciudad, en un área históricamente vinculada al antiguo pantano de Erdinger Moos. Mientras el gobierno bávaro busca reducir plazos administrativos, organizaciones opositoras advierten sobre el impacto ambiental de urbanizar parte de esos terrenos.
El ministro presidente de Baviera, Markus Söder, de la CSU, y el alcalde de Múnich, Dominik Krause, de Los Verdes, presentaron los próximos pasos de la candidatura a los Juegos Olímpicos, que apunta prioritariamente a 2036. El proyecto también abrió un debate sobre medio ambiente, urbanización y protección de antiguos terrenos de turba.
Una Villa Olímpica para 16.000 personas
La propuesta ubica el complejo para atletas y oficiales cerca de Daglfing, dentro del enorme proyecto urbanístico del nordeste muniqués. Según la ciudad, una primera etapa tendría capacidad para unas 16.000 personas durante los Juegos y después sería reconvertida en viviendas permanentes. La mayor parte de las parcelas previstas para esa sección ya pertenece al municipio.

La Villa no sería concebida como una instalación aislada. Forma parte de un nuevo barrio de aproximadamente 600 hectáreas, entre Daglfing, Englschalking y Johanneskirchen, donde Múnich proyecta hasta 11.500 viviendas para 30.000 habitantes y unos 10.000 puestos de trabajo. La urbanización comenzaría durante la década de 2030 y avanzaría incluso si finalmente la ciudad no recibe los Juegos.
El argumento oficial es que las inversiones olímpicas dejarían infraestructura duradera: viviendas, espacios verdes, escuelas, comercios y mejores conexiones de transporte.
El problema de construir sobre antiguos humedales
El punto más controvertido está debajo del proyecto. Documentos de planificación urbana de Múnich señalan que la línea entre Johanneskirchen, Daglfing y Dornach marca históricamente el límite meridional del Erdinger Moos, una extensa zona de turbera baja que fue drenada progresivamente para permitir usos agrícolas. Durante siglos, el alto nivel de las aguas subterráneas dificultó allí las construcciones.
Antes de la conferencia de Söder y Krause, integrantes del movimiento NOlympia protestaron frente al Ayuntamiento. Ramona Rösch, representante de esa alianza, advirtió que la construcción en Daglfing podría sellar superficies de turba y campos hasta ahora no urbanizados de manera irreversible. También cuestionó las emisiones que generarían las grandes obras de transporte necesarias para los Juegos.

La posición oficial es más cauta. El municipio todavía mantiene estudios hidrogeológicos destinados a evaluar la protección de las aguas subterráneas, el manejo de lluvias, la infiltración y los efectos sobre el Hüllgraben. Además, promete mantener al menos la mitad de las 600 hectáreas para agricultura, deportes ecuestres y elementos paisajísticos de valor.
Por eso, hablar de una Villa Olímpica construida íntegramente “sobre un pantano” sería impreciso: parte del área pertenece históricamente al sistema del Erdinger Moos y los opositores denuncian la afectación de terrenos de turba, pero la delimitación ambiental concreta continúa formando parte de estudios y planificación.
Una ley para llegar a tiempo
La presión sobre los plazos es considerable. Söder anunció que Baviera prepara una ley olímpica específica para acelerar procedimientos de planificación, construcción y contratación pública. El objetivo es disponer de proyectos listos para ejecutar en 2029, cuando el Comité Olímpico Internacional debería decidir sobre la sede de 2036. También se estudia a nivel federal reducir las posibilidades de recurrir judicialmente determinados proyectos olímpicos.
“Tenemos que poner la infraestructura de transporte de Múnich y Baviera en condiciones para el siglo XXI”, sostuvo Söder al explicar que los Juegos podrían funcionar como acelerador de inversiones pendientes.

Entre ellas aparece la extensión de la línea U4 hasta la futura Villa Olímpica y la proyectada U9, que atravesaría Múnich. Krause ordenó revisar qué obras pueden terminarse realmente antes de 2036 y espera resultados más precisos durante las próximas semanas.
La candidatura abre así un debate que va bastante más allá del deporte. Múnich quiere aprovechar los Juegos para construir viviendas y modernizar su transporte, pero tendrá que demostrar que esa aceleración puede convivir con sus propias metas climáticas y con la protección de un territorio cuya historia natural todavía condiciona la expansión de la ciudad.



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