La empresa alemana Deutsche Telekom inauguró en Múnich la “AI Industrial Cloud”, un centro de datos diseñado para ofrecer capacidad de cómputo de inteligencia artificial a empresas locales y reducir la dependencia europea de proveedores estadounidenses.
El proyecto, desarrollado en conjunto con el fabricante de chips norteamericano Nvidia y la firma de software SAP, fue calificado por el canciller Friedrich Merz como “un paso significativo para la soberanía digital y el futuro económico de Alemania” durante la visita del CEO de Nvidia, Jensen Huang, a Berlín en junio pasado. Sin embargo, la paradoja persiste: mientras el centro de datos permite procesar información en suelo germano, la tecnología crítica que lo hace funcionar sigue proviniendo del Silicon Valley.
Capacidad de cómputo para la industria alemana
La instalación ubicada en el Tucherpark de Múnich albergará hasta 10.000 unidades de procesamiento gráfico (GPUs), chips especializados capaces de ejecutar múltiples operaciones de cálculo en paralelo, fundamentales para el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial y simulaciones industriales complejas. Según información de Telekom, el centro contará con aproximadamente 20 petabytes de almacenamiento —equivalentes a 20 millones de gigabytes— y cerca de un petabyte de memoria RAM.

La infraestructura se extiende sobre 3.000 metros cuadrados distribuidos en varios niveles subterráneos, donde se instalaron kilómetros de cables de fibra óptica para garantizar la máxima velocidad de transmisión de datos. La compañía telefónica alemana aseguró que la puesta en marcha de esta instalación incrementará la capacidad de procesamiento de inteligencia artificial disponible en Alemania en aproximadamente 50%. La primera fase del proyecto representa una inversión cercana a los mil millones de euros.
División de roles y aplicaciones industriales
La distribución de responsabilidades entre los socios resulta clara: Telekom aporta la infraestructura física, el centro de datos y la operación técnica; Nvidia suministra el hardware especializado; y SAP, el fabricante alemán de software empresarial, se encarga de integrar las aplicaciones de inteligencia artificial en los procesos corporativos y de hacer accesible esta capacidad de cómputo para instituciones públicas.

¿Para qué sirve semejante capacidad de procesamiento? En sectores como la industria automotriz y la fabricación de maquinaria, los productos y líneas de producción se simulan cada vez más como “gemelos digitales”. La inteligencia artificial puede calcular múltiples variantes de comportamiento de materiales, aerodinámica o cadenas de suministro, detectar errores tempranamente y reducir los tiempos de desarrollo. Estas simulaciones, junto con el entrenamiento de modelos modernos de IA, requieren enormes capacidades de cálculo que exceden las posibilidades de procesadores convencionales.
Un servicio dirigido a empresas medianas y grandes
La oferta está principalmente dirigida a empresas grandes y medianas. Para compañías más pequeñas resulta atractivo alquilar capacidad de cómputo en lugar de construir costosamente su propia infraestructura. En Baviera, donde numerosas empresas industriales desarrollan aplicaciones de inteligencia artificial, el acceso a infraestructura de alto rendimiento podría convertirse en un factor decisivo de localización, especialmente para simulaciones en producción o aplicaciones robóticas.
No obstante, el servicio está disponible para clientes en toda Alemania, con el objetivo de disminuir las dependencias de proveedores externos a Europa mediante la disponibilidad local de procesamiento y gestión de datos.

Respaldo político y contradicciones estratégicas
El proyecto es interpretado políticamente como un componente fundamental de la soberanía digital. Friedrich Merz ya lo había señalado durante la visita del CEO de Nvidia. La lista de invitados a la inauguración evidenció este deseo político: además del ministro presidente de Baviera, Markus Söder (CSU), confirmó su asistencia el vicecanciller Lars Klingbeil (SPD).

A pesar del entusiasmo oficial, persiste una cuestión fundamental sin resolver. Si bien los centros de datos propios en Alemania pueden reducir la dependencia de proveedores de servicios en la nube estadounidenses y permitir el procesamiento de datos en territorio nacional, simultáneamente se genera una nueva dependencia: el fabricante de la tecnología clave —los chips de inteligencia artificial— es Nvidia, empresa radicada en el Silicon Valley.
La “fábrica de IA” muniquesa representa así el dilema europeo: se obtiene mayor control sobre datos e infraestructura, pero el hardware central continúa siendo importado.
El camino hacia la autonomía tecnológica
La inauguración de la “AI Industrial Cloud” simboliza tanto un avance como una limitación en la estrategia europea de independencia tecnológica. Mientras Alemania fortalece su capacidad de procesamiento local y garantiza que los datos sensibles de empresas industriales permanezcan dentro de sus fronteras, la ausencia de una industria europea de semiconductores especializados mantiene al continente atado a la tecnología estadounidense.

El proyecto muniqués demuestra que la verdadera soberanía digital requiere no solo centros de datos propios, sino también el desarrollo de capacidades tecnológicas en toda la cadena de valor, desde el diseño hasta la fabricación de los componentes críticos que hacen posible la inteligencia artificial.





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