Alemania aprobó la compra de otras cuatro fragatas MEKO A-200 DEU y llevará su futura flota a ocho unidades, destinadas principalmente a localizar, seguir y combatir submarinos enemigos. El programa demandará unos EUR 11.600 millones y es para reforzar la capacidad de respuesta frente a la actividad naval de Rusia.
La Comisión de Presupuesto del Bundestag autorizó el segundo lote, valuado en EUR 5.300 millones. Los primeros cuatro buques ya habían recibido en julio una partida cercana a EUR 6.300 millones. La primera fragata deberá ser entregada a finales de 2029 y las siguientes llegarán con intervalos previstos de nueve meses.
La Marina alemana admite que carece de suficientes barcos preparados para vigilar los movimientos de los submarinos rusos en el Atlántico Norte y proteger las rutas marítimas de la OTAN. “Necesitamos acero en el agua, rápido y específicamente orientado a la guerra antisubmarina”, resumió el vicealmirante Jan Christian Kaack.
La MEKO A-200 DEU es más pequeña que las fragatas que Berlín pensaba incorporar originalmente, pero su diseño ya fue probado por otras armadas. Alemania eligió resignar espacio y capacidad de ampliación para obtener barcos en menos tiempo, con menores riesgos industriales y una configuración concentrada en la amenaza que llega desde debajo del mar.
Cómo serán las nuevas fragatas alemanas
Cada buque tendrá 121 metros de largo, 16,3 metros de ancho y un desplazamiento operativo de unas 4.000 toneladas. Podrá superar los 27,5 nudos, navegar hasta 28 días sin reabastecimiento y será operado por 121 militares, aunque contará con lugar para embarcar otras 35 personas según la misión.
El sistema de propulsión combinará dos motores diésel con una turbina de gas conectada a un chorro de agua central. Esa arquitectura permitirá alcanzar velocidades elevadas sin depender permanentemente de la turbina y, al mismo tiempo, reducirá el ruido producido por el barco. En la búsqueda de submarinos, una firma acústica baja es decisiva para evitar que el cazador sea detectado antes que su objetivo.

Las paredes inclinadas del casco disminuirán la señal visible para los radares, mientras los gases de escape serán conducidos y enfriados cerca de la línea de flotación para dificultar su identificación mediante sensores infrarrojos. El diseño también intenta reducir las firmas magnética y térmica. Esa combinación no vuelve invisible a la fragata, pero complica su localización y le permite acercarse con mayor discreción a zonas vigiladas.
La conexión rusa del programa
La cacería de submarinos requiere combinar información obtenida desde varios puntos. El sonar instalado en el casco examina el entorno inmediato, mientras el equipo remolcado trabaja lejos del ruido de los motores y busca señales a mayor distancia. El helicóptero puede desplazarse rápidamente hasta un contacto sospechoso, bajar sus sensores y atacar sin obligar a la fragata a revelar su posición.
Los buques operarán en el mar del Norte, el Báltico, el Atlántico y el Ártico europeo, cuatro espacios que Alemania considera centrales para la defensa de la alianza. Desde sus bases septentrionales, los submarinos rusos necesitan atravesar esas aguas para ingresar en el Atlántico y aproximarse a las rutas que conectan América del Norte con Europa.

La Marina alemana también busca que los nuevos barcos trabajen junto con las fragatas F123 renovadas. Para simplificar el entrenamiento y el mantenimiento, la versión DEU utilizará sistemas similares a los instalados en esa clase. El espacio reducido, sin embargo, obligará a la tripulación a convivir en camarotes de hasta doce personas y dejará poco margen para incorporar grandes equipos en el futuro.
El naufragio del proyecto anterior
La compra de las MEKO quedó acelerada por el fracaso de las fragatas F126, que debían convertirse en los mayores buques de combate de la Marina alemana. Berlín había contratado seis unidades de 166 metros al grupo neerlandés Damen, pero las demoras y los sobrecostos llevaron al Ministerio de Defensa a cancelar el programa en junio.
El presupuesto inicial rondaba los EUR 10.000 millones y las estimaciones posteriores superaron los EUR 18.000 millones. Alemania ya había gastado cerca de EUR 2.300 millones cuando decidió abandonar el proyecto. Damen reclama ahora una compensación aproximada de EUR 4.700 millones, exigencia que el gobierno alemán considera infundada y que podría terminar en una prolongada disputa judicial.

La sustitución por ocho barcos más pequeños reduce el costo total y permite recurrir a una línea de producción conocida. El acero de las primeras unidades comenzó a trabajarse antes de la aprobación definitiva, una decisión excepcional tomada para ganar tiempo. “Hace falta una solución rápida, y esa solución es la MEKO A-200 DEU”, afirmó una responsable naval del programa.
TKMS calificó el contrato como el mayor pedido de buques de superficie de su historia. “La decisión de la Comisión de Presupuesto es para nosotros una fuerte señal de confianza”, sostuvo su director ejecutivo, Oliver Burkhard.



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