El Ejército de Alemania realiza por estos días un ejercicio poco habitual en el este del país. En la región de Sajonia, cerca de cien militares participan de maniobras que incluyen el lanzamiento de folletos informativos desde globos de helio, una práctica diseñada para simular situaciones extremas en las que los canales tradicionales de comunicación quedan fuera de servicio.
El operativo, denominado Colder Iron 2026, apunta a reforzar capacidades básicas de transmisión táctica directa. La idea consiste en evaluar cómo hacer llegar información esencial a personas que podrían quedar aisladas tras una catástrofe natural, un ataque a infraestructuras críticas o cualquier otra emergencia de gran escala. Para evitar malentendidos, Alemania notificó previamente a Polonia y a la República Checa, ya que el viento podría arrastrar algunos mensajes fuera del territorio alemán.
Los folletos, impresos en papel biodegradable, llevan un texto informativo y un símbolo identificatorio del ejercicio. Según explicaron fuentes militares, el contenido no posee ningún componente político y se limita a consignas técnicas. El foco del entrenamiento está puesto en comprobar tiempos de dispersión, alcance y legibilidad del material en terreno, además de la coordinación entre unidades desplegadas.
Comunicación táctica sin contacto directo
Dentro de las fuerzas armadas, esta modalidad se conoce como “traslado de productos a distancia”. En términos simples, implica enviar información o material a un área afectada sin desplegar personal en el lugar, reduciendo riesgos operativos y manteniendo capacidad de acción incluso en contextos hostiles.

Para este ejercicio, Alemania trasladó a Sajonia una compañía especializada desde Renania-Palatinado. El contingente ronda los cien soldados. Los globos utilizados alcanzan varios metros de diámetro y ascienden hasta unos 5.000 metros antes de liberar su carga. A partir de allí, los folletos descienden lentamente y se dispersan según las condiciones atmosféricas.
Las zonas de lanzamiento se recalculan cada día. Todo depende del viento, la humedad y la presión. Los mandos evitan ciudades y áreas densamente pobladas, y mantienen en reserva los puntos exactos de despegue por razones de seguridad. Desde el Centro de Comunicación Operativa de las Fuerzas Armadas señalaron que el ejercicio permite entrenar procesos de comunicación directa en escenarios donde no existe contacto físico con la población.
También sirve para poner a prueba la logística del despliegue, la capacidad de adaptación ante cambios climáticos repentinos y la articulación entre distintas áreas del Ejército. Las personas que encuentren uno de los folletos pueden informar el hallazgo mediante una dirección incluida en el papel y luego desecharlo, ya que el material resulta ambientalmente seguro.

El entrenamiento replica situaciones donde internet, telefonía o radio dejan de funcionar. En ese contexto, la comunicación analógica vuelve a ocupar un lugar central como último recurso para mantener informada a la población, un concepto que las fuerzas armadas europeas revisan desde hace varios años.
Un ejercicio observado por los países vecinos
La notificación previa a Polonia y a la República Checa no constituye un simple gesto protocolar. Ambos países siguen con atención cualquier actividad aérea en la región. Polonia, en particular, enfrenta desde hace tiempo incursiones de globos utilizados por redes de contrabando de tabaco, episodios que alteran el tráfico aéreo y generan alertas de seguridad.
Desde Varsovia interpretan esas prácticas como formas de presión indirecta provenientes del flanco oriental europeo, con Bielorrusia en el centro de las sospechas. Por ese motivo, cualquier objeto no identificado activa protocolos inmediatos.
Los mandos alemanes insisten en que Colder Iron 2026 no guarda relación con esas dinámicas. Se trata de un ejercicio interno, limitado en tiempo y alcance, pensado exclusivamente como entrenamiento técnico. Sin embargo, refleja un clima más amplio de revisión de capacidades defensivas en Europa.
En los últimos años, los gobiernos del continente reforzaron planes vinculados a protección civil, respuesta rápida y resiliencia de las comunicaciones. La experiencia de la pandemia, sumada a las tensiones militares en el este europeo, aceleró ese proceso. Berlín ahora vuelve a prestar atención a herramientas simples, incluso analógicas, que durante décadas quedaron relegadas frente a sistemas digitales.
En ese marco, un globo, un folleto y un mensaje breve recuperan sentido como mecanismo básico de contacto cuando la infraestructura moderna colapsa.
Del papel informativo a la guerra psicológica
El lanzamiento de folletos desde el aire posee antecedentes largos y contradictorios. En su versión más básica, funciona como canal de información para poblaciones afectadas. En su faceta más oscura, integra estrategias de presión psicológica.
Durante la Segunda Guerra Mundial, todas las potencias recurrieron a este método. Millones de papeles cayeron sobre ciudades y frentes de combate. Combinaban datos reales, exageraciones y desinformación con un objetivo claro: debilitar la moral del enemigo y fomentar rendiciones.
Muchos de esos mensajes apuntaban a grupos específicos, incluso a unidades concretas. Algunos incluían instrucciones detalladas para entregar armas. Otros prometían condiciones favorables en campos de prisioneros o describían una vida mejor lejos del frente.

En Alemania, museos universitarios exhibieron en 2024 ejemplos históricos de ese material. Entre ellos figuraba un folleto con una transcripción fonética en alemán de la frase “I surrender”, pensado para soldados que desconocían el idioma inglés. Historiadores explicaron que esa adaptación surgió de una barrera lingüística concreta: muchos combatientes no sabían cómo expresar su rendición.
Hoy, la tecnología ofrece canales más rápidos, como mensajes automáticos, llamadas grabadas o avisos radiales. Aun así, el Ejército alemán considera que el soporte físico conserva valor en escenarios extremos, sobre todo cuando las redes digitales quedan inutilizadas.
Colder Iron 2026 se inscribe en esa lógica. No busca enviar señales políticas ni anticipar conflictos inmediatos. Apunta a garantizar que, frente a una crisis mayor, el Estado conserve una forma elemental de comunicación con su población.
Una herramienta simple para situaciones complejas.



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