sábado, 12 de agosto de 2023

Por Diego Cioccio

Como una especie de magnetismo, Gunther Plüschow sintió desde joven una atracción particular sobre la Patagonia austral. Fue el primer aviador en sobrevolar lo que en la actualidad es la provincia de Tierra del Fuego, así como las cadenas montañosas de esa zona. En un accidente aéreo, perdió la vida en Lago Argentino cuando tenía 44 años.

Eduard Günther Hermann Karl Plüschow, tal su nombre completo, nació el 8 de febrero de 1886 en Múnich y ya desde muy joven la educación militar lo marcó. Con solo 10 años entró a la escuela de Cadetes Plön, en el norte de Alemania. Continuó luego su instrucción como oficial de la armada imperial alemana.

Durante esos años de formación, Plüschow vio en un artículo de una revista algo que lo marcó: una fotografía de un barco alemán anclado en las gélidas aguas de Tierra del Fuego. No sabía cómo ni cuándo, pero juró para sus adentros que conocería ese lugar.

De embarcaciones y aviones a la Gran Guerra

Hasta la mitad de 1913, Plüschow fue destinado en distintos buques del Imperio Alemán. Tras haber aprobado el curso de aviador, el piloto fue aceptado dentro de las filas de la Tropa Aérea. Lo designaron a Tsingtau (Qingdao), parte de lo que fue la concesión alemana de la Bahía de Kiautschou en China. Allí, en agosto de 1914, lo sorprendió la Primera Guerra Mundial.

El avión Taube fue un modelo producido por el Imperio Alemán desde antes de la Primer Guerra Mundial. Crédito: Wikipedia.

Los componentes de dos aviones fueron enviados desde la Alemania imperial para ser montados bajo la supervisión de Plüschow. Una de las naves era para él; y la otra, para el teniente Friedrich Müllerskowski. Sin embargo, Müllerskowski estrelló su avión a poco de haber comenzado las operaciones, de manera que Plüschow terminó volando en soledad, cumpliendo la función de observador aéreo en este antiguo protectorado alemán en el Lejano Oriente.

De manera conjunta, las fuerzas japonesas y británicas asediaron esa  colonia alemana y la situación militar en ese enclave se había vuelto insostenible. El 6 de noviembre de 1914 se le ordenó a Plüschow –quién ya había derribado un avión japonés con no mucho más que su pistola Luger– salir del sitio de Tsingtau, llevando los últimos despachos y documentos del gobernador. Sin embargo, tras 250 kilómetros recorridos, la nave se estrelló y él debió emprender la huida a pie.

China, EEUU y un escape de la prisión propio de Hollywood

Plüschow se dirigió a hacia Daschou, obtuvo un pase para cruzar China. En Shanghái conoció a la hija de un diplomático quien le proporcionó documentos falsos como ciudadano suizo, dinero y un billete en un barco con destino final San Francisco. Cruzó los Estados Unidos para llegar a Nueva York.

En la Gran Manzana otro contacto de Berlín le consiguió documentos para otro barco con rumbo a Italia. Sin embargo, el tiempo le jugó una mala pasada y la embarcación atracó en Gibraltar. Lo arrestaron y rápidamente descubrieron que se trataba del “Aviador de Tsingtau”.

Mi escape de Donington Hall, el libro donde relata cómo huyó de esa prisión británica.

Para mayo de 1915, Plüschow fue enviado a un campo de prisioneros de guerra en Donington Hall, en el noroeste de Inglaterra.​ Dos meses más tarde, escapó durante una tormenta y se dirigió a Londres. Según los registros, fue la única persona que logró huir de esa prisión.

Ascenso, familia y el primer viaje al Fin del Mundo

En esos tiempos en la clandestinidad, Plüschow reunió sus vivencias en el reportaje “Las aventuras de Tsingtau”. A finales de 1916 un periódico publicó un extracto, titulado: “La fuga del cautiverio inglés”. El interés que despertó generó 400.000 copias vendidas del libro y convirtió a Plüschow en un héroe de guerra.

Gracias al contacto con una amiga, Plüschow logró abordar un ferry que se dirigía hacia los neutrales Países Bajos. Llegó sano y salvo a Alemania, donde primeramente fue arrestado como espía: nadie creía que hubiera podido salirse con la suya. Aclarada su situación, lo nombraron comandante de la flota de hidroaviones.

Previo a la rendición alemana y de solicitar la baja como militar, Plüschow contrajo matrimonio con Elsa Kempfe, a quien apodaba Isot. Fruto de esa relación, en 1918 nació su hijo Guntolf.

El velero “Tierra del Fuego” construido por Plüschow.

Luego de su desvinculación del ejército, Plüschow voló aviones del correo, le puso su voz a películas de cine, reparó motocicletas y hasta fue capitán de un yate para personas acaudaladas que viajaban por las aguas del Mediterráneo. Para cuando su hijo cumplió los siete años, convenció tanto a la naviera Laeisz como a la editorial Ullstein para que le costearan un viaje por Sudamérica.

A bordo del velero de gran porte, Plüschow navegó por el Cabo de Hornos. Recorrió  Chile, Perú y Ecuador para regresar a Alemania en 1926.

Fue entonces que ese sueño que se había gestado de niño, eso que comenzó con la publicación que vio en el liceo, cobró forma. Con la idea de organizar una expedición propia a Tierra del Fuego, consiguió patrocinadores, construyó un hidroavión y un velero al que bautizó Feuerland –tierra de fuego, en alemán-.

Un sueño patagónico

El 29 de noviembre de 1927, Plüschow, su mujer, cuatro hombres y su perro zarparon en el barco. Las partes del hidroavión embaladas, en un vapor. Cruzaron el Atlántico y tras una escala en Brasil, arribaron a la centenaria Buenos Aires.

Un adulto Plüschow registra con su equipo el paisaje de Tierra del Fuego.

En octubre de 1928, arribó a Punta Arenas y en esa ciudad chilena armó el biplano Heinkel. Lo que siguió convirtió a Plüschow en el primer documentalista aéreo de la Patagonia austral. El aviador de Tsingtau fue el primero en tomar fotografías aéreas y en filmar los canales fueguinos y las cadenas montañosas.

El 3 de diciembre de 1928, Plüschow aterrizó con su hidroavión en la bahía de Ushuaia. Era el primer piloto que visitaba la ciudad, que contaba con 2000 habitantes. Lo recibieron el gobernador Juan María Gómez y las autoridades del presidio más austral del mundo.

El hidroavión con el que Plüschow llegó a la bahía de Ushuaia.

Con sus registros fueguinos, Plüschow editó una película muda. Película que el 8 de noviembre de 1929 se estrenó en el teatro UFA en Berlín. Estuvo presente en una función y les explicó a los presentes cómo consiguió rodar cada escena, algo que los maravilló. Todo esto acompañado del libro Silberkondor über Feuerland (Cóndor plateado sobre Tierra del Fuego).

Regreso a la Patagonia y muerte en Lago Argentino

El crack financiero de 1929 pospuso unos meses su retorno al sur. Para aquel entonces, José Félix Uriburu había derrocado a Hipólito Yrigoyen y el francés Antoine de Saint-Exupery –autor de obras como El principito y Vuelo nocturno– ya realizaba vuelos en la Patagonia.

El monumento a Gunther Plüschow en Ushuaia fue inaugurado en 2020 por la asociación alemana de esa ciudad.

Con base en la costa norte del lago Sarmiento de Gamboa, Chile. Plüschow realizaba por entonces vuelos de relevamiento en las altas cordilleras australes. El 28 de enero de 1931 a las 10 de la mañana, luego de tres horas de vuelo con destino a Lago Argentino, una de las alas del avión se quebró. Sin darles tiempo a Plüschow o su ingeniero Debrow para saltar en un intento de salvarse con el paracaídas, la nave se estrelló en una de las costas del brazo Rico del Lago Argentino.

El cuerpo de Plüschow fue repatriado y enterrado en Berlín en 1931. Mucho más actual, el monumento que lo honra en Ushuaia es testigo de sus proezas por y para la Patagonia. Sin embargo, no es la única: quienes este verano puedan viajar por lagos y canales del sur de Chile y la Argentina, seguramente encontrarán más de una placa que conmemora la vida de quien fue más conocido como el Cóndor de Plata.

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