El viento comenzó a aumentar cuando Freya Hoffmeister todavía estaba en el agua, cerca del cabo de Hornos. En poco tiempo alcanzó los 60 nudos y convirtió el mar en una sucesión de olas difíciles de controlar. La única salida era regresar y buscar un lugar donde recuperarse. La costa estaba llena de rocas. Freya llegó una pequeña isla, pero el oleaje golpeó el kayak. El timón y parte del casco fueron dañados. Uno de sus remos se partió. Esa noche, las ráfagas llegaron a 120 nudos.
Dentro de la carpa, se acostó boca arriba y sostuvo las cuatro esquinas con brazos y piernas para evitar que el viento se la llevara. Afuera quedaba una embarcación rota y un mar complicado. Freya estuvo atrapada cinco días hasta que pudo reparar el kayak y volver al agua. Poco después completó el cruce del cabo de Hornos y continuó hacia el norte.
De los paracaídas al mar
Freya Hoffmeister nació en 1964 y creció en Heikendorf, una localidad del norte de Alemania cercana a Kiel. Desde pequeña cosechó una relación intensa con el deporte. Practicó gimnasia competitiva, pasó al fisicoculturismo y más tarde encontró una actividad todavía más extrema: el paracaidismo.

Hizo más de mil saltos en diferentes partes del mundo, incluido uno sobre el Polo Norte. También se convirtió en la primera piloto alemana de saltos tándem y llevó a tierra a cientos de pasajeros. El cambio llegó en 1996, después del nacimiento de su hijo Helge. Freya abandonó el paracaidismo y compró su primer kayak. En los años siguientes recorrió lagos y ríos tranquilos con el niño acomodado en el compartimiento trasero de la embarcación.
En 2002 descubrió el kayak de mar y aprendió maniobras de rescate y técnicas de rolido, la forma de volver a la posición normal después de quedar invertida bajo el agua. Su experiencia como gimnasta le permitió dominar movimientos complejos. En 2007 rodeó Islandia; un año después completó la vuelta a la Isla Sur de Nueva Zelanda. En 2009 se convirtió en la primera mujer y la segunda persona que circunnavegó Australia en kayak. Terminó aquel recorrido de más de 13.000 kilómetros en 322 días y superó el tiempo establecido casi tres décadas antes.
Buenos Aires, Tierra del Fuego y el cabo de Hornos
El 30 de agosto de 2011 salió desde Buenos Aires con un objetivo que nadie había conseguido: dar la vuelta completa a Sudamérica en kayak. Tenía 47 años y calculaba que necesitaría unos cuatro años, divididos en varias etapas.

Comenzó a remar hacia el sur por el Río de la Plata y continuó bordeando la costa argentina. Su kayak no tenía motor ni vela. Llevaba comida, agua, una carpa, instrumentos de navegación y todo lo necesario para sostenerse varias semanas sin asistencia. Podría haber reducido el recorrido mediante el Estrecho de Magallanes o el canal Beagle. Eligió, en cambio, rodear Tierra del Fuego y pasar por el cabo de Hornos.
El 3 de enero de 2012 superó el cabo de Hornos sin una embarcación de apoyo. Desde allí entró en los fiordos y canales de la Patagonia chilena, donde volvió a enfrentarse con lluvias, vientos y extensos sectores sin poblaciones. La primera etapa terminó en Valparaíso en mayo de 2012. Había recorrido 7.641 kilómetros en ocho meses. Fue entonces que rgresó temporalmente a Alemania para encontrarse con su hijo y ocuparse de sus negocios, pero el proyecto estaba lejos de terminar.
Casi 27.000 kilómetros para volver al comienzo
Freya retomó el viaje y avanzó por las costas de Chile y Perú. Parte de esa etapa la hizo junto con su pareja y antiguo instructor, Peter Unold. Después continuó sola por Ecuador, cruzó la línea ecuatorial y llegó a Colombia, donde aceptó una escolta de la Armada por los riesgos de seguridad. Atravesó el canal de Panamá y regresó al Atlántico. Remó por Venezuela, Trinidad y las Guayanas antes de entrar en la desembocadura del Amazonas. Allí vivió otro de los episodios más peligrosos de la expedición.

Una noche quedó atrapada en la pororoca, la ola que se forma cuando la marea avanza contra la corriente del Amazonas. El agua empujó el kayak de costado a lo largo de ocho kilómetros. Freya se sostuvo unos veinte minutos sobre la ola y alcanzó una velocidad cercana a los 30 kilómetros por hora hasta que finalmente volcó. Cuando logró recuperar el control, encontró el interior de la embarcación lleno de arena compacta. No podía quitarla con las manos y tuvo que sacarla con una cuchara. Aun así, continuó por la costa brasileña.
El viaje se extendió en seis etapas. Freya regresó cinco veces a Alemania para evitar las peores condiciones climáticas, ver a su hijo y atender sus negocios. En cada regreso a Sudamérica retomaba el recorrido en el punto donde lo había interrumpido.
El 1 de mayo de 2015 entró nuevamente en Buenos Aires. Habían pasado tres años y ocho meses desde la partida. Completó 26.892 kilómetros, atravesó trece países y acumuló 606 jornadas de navegación. Pasó 5.554 horas en el agua y durmió 556 noches dentro de su carpa.
La mayor parte del trayecto la hizo en completa soledad, sin un vehículo o una embarcación que siguiera su avance.






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