Buenos Aires (AT) – En 1891, el empresario suizo Karl Elsener fundó la Asociación de Cuchilleros Suizos y comenzó a fabricar una herramienta multiuso para el Ejército Suizo. Con esa decisión, sentó las bases de lo que, décadas más tarde, se convertiría en uno de los productos industriales más reconocidos del mundo: la navaja suiza Victorinox.
Karl Elsener era un artesano cuchillero de Ibach, un pequeño pueblo del cantón de Schwyz. A fines del siglo XIX, las navajas del Ejército suizo eran fabricadas en Alemania. Elsener propuso una alternativa nacional: una herramienta compacta que integrara hoja de cuchillo, destornillador, abrelatas y punzón. En 1897 registró el modelo “Offiziersmesser” (cuchillo de oficial), que con el tiempo se conocería mundialmente como “Swiss Army Knife”.
La empresa fue creciendo y, tras la muerte de su madre Victoria en 1909, Elsener bautizó la marca en su honor. El nombre “Victorinox” surgió de la combinación de “Victoria” con “Inox”, abreviatura de acero inoxidable en francés (acier inoxydable).
Aquel primer cuchillo multifunción no era solo una herramienta: era una declaración de principios. La idea de que un objeto podía ser compacto, práctico y robusto al mismo tiempo fue una revolución para su época. Y, como suele pasar con los objetos bien pensados, pronto superó la función militar.

Expansión, guerra y competencia
Durante las dos guerras mundiales, las ventas de Victorinox crecieron de manera significativa. El Ejército suizo adoptó el modelo como equipo oficial, y miles de soldados lo llevaron a diferentes frentes de combate. Eso aumentó su visibilidad internacional. En paralelo, la empresa suiza Wenger, también proveedora del Ejército, desarrolló modelos similares. Por varias décadas, ambas marcas compartieron el privilegio de producir la navaja suiza oficial.
La competencia fue intensa, pero pacífica. En 2005, Victorinox compró a Wenger, unificó las líneas de producción y conservó el legado de ambas marcas. Actualmente, la totalidad de las navajas suizas oficiales provienen de Victorinox.
Este proceso de fusión permitió estandarizar los procesos, pero también afianzó una filosofía de diseño centrada en la versatilidad. En una entrevista con el diario suizo Tages-Anzeiger, el CEO Carl Elsener Jr. explicó: “No se trata solo de herramientas; diseñamos soluciones compactas para la vida cotidiana”.

Diseño, identidad y funcionalidad
Uno de los aspectos que más destacan expertos en diseño industrial es la capacidad de Victorinox para equilibrar estética y funcionalidad. En su libro “Design as Art”, el diseñador italiano Bruno Munari consideró a la navaja suiza como un “objeto perfecto”, por la manera en que resuelve diversas funciones en un volumen tan reducido.
La versión clásica incluye hoja, tijeras, lima, abrelatas, destornillador y sacacorchos. Pero hay modelos que superan las 30 funciones. En 2006, Victorinox lanzó un modelo extremo, el SwissChamp XAVT, con 80 herramientas y 118 funciones. Pesa 350 gramos y es considerado una pieza de colección.
Cada herramienta es sometida a controles de calidad rigurosos. La empresa garantiza que todas las funciones estén operativas bajo condiciones extremas. Esto no es solo una estrategia de marketing, sino una necesidad operativa: muchas navajas son utilizadas en entornos militares, de rescate o montanñismo.

Producción y cifras actuales
Victorinox produce alrededor de 10 millones de navajas por año. El 90% se exporta a más de 120 países. Además de navajas, la empresa fabrica relojes, perfumes, equipaje y accesorios. La planta central en Ibach emplea a unas 1000 personas y sigue siendo una empresa familiar.
Los procesos de producción combinan tecnología de última generación con mano de obra calificada. Según datos internos publicados por la propia empresa, cada navaja puede implicar hasta 450 pasos de producción distintos. El nivel de automatización es alto, pero cada unidad sigue siendo revisada por operarios antes de salir al mercado.
En 2023, el CEO Carl Elsener Jr., bisnieto del fundador, declaró en entrevista con la televisión suiza SRF: “Nuestro compromiso es mantener la calidad y el espíritu original de Victorinox, aun en un mercado global cada vez más desafiante”.

Cultura popular y usos insólitos
La navaja suiza no sólo es una herramienta: también es un símbolo cultural. Aparece en películas, series, literatura y videojuegos. Fue utilizada por astronautas de la NASA en misiones espaciales. Y también fue prohibida en aviones comerciales tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, lo que provocó una caída momentánea en las ventas.
En 1985, la revista Time la incluyó en su lista de los 100 objetos de diseño más importantes de todos los tiempos. En museos como el MoMA de Nueva York o el Vitra Design Museum en Alemania se la expone como ejemplo de diseño funcional.
Una de las historias más llamativas fue la de un alpinista británico que se lesionó durante una expedición en los Andes y logró improvisar una camilla con su Victorinox. También hay registros de personas que, en situaciones de emergencia, pudieron abrir cerraduras, improvisar utensilios médicos o reparar mecanismos complejos solo con su navaja.

El futuro de Victorinox
En la era digital y de la automatización, Victorinox enfrenta nuevos desafíos. La empresa lanzó modelos con memoria USB, integró nuevas herramientas digitales y mantiene una línea ecológica con materiales reciclados. Pero su estrategia central sigue siendo la misma: combinar utilidad, durabilidad y diseño suizo.
El equilibrio entre tradición e innovación no siempre es fácil. En palabras de Carl Elsener Jr., citadas por el diario suizo Neue Zürcher Zeitung: “Debemos adaptarnos sin renunciar a nuestra identidad. Esa es nuestra verdadera ventaja competitiva”.
Victorinox también ha comenzado a colaborar con diseñadores externos y artistas para lanzar ediciones limitadas. Estas colaboraciones, que en algunos casos incluyen motivos culturales, artísticos o ecológicos, apuntan a un público más joven y urbano.

La esencia de un clásico
De Ibach al mundo, de los bolsillos militares a las vitrinas de diseño, la historia de Victorinox condensa la esencia suiza: precisión, discreción y eficiencia. Y sobre todo, continuidad. Esa que afila los bordes del tiempo sin perder el filo.
Hoy, más de 130 años después, la navaja suiza sigue siendo un objeto de culto, un regalo habitual en graduaciones, viajes o eventos especiales, y una herramienta cotidiana para quienes valoran la calidad por sobre la apariencia. Como dice el lema no oficial que muchos empleados repiten en la fábrica de Ibach: “Si hay algo que puede fallar, que no sea la navaja”.

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