sábado, 10 de enero de 2026

Un club de fútbol fundado por migrantes bosnios en las afueras de Basilea, Suiza, se convirtió en un espacio inesperado de integración, memoria y convivencia, tres décadas después del fin de la guerra que destruyó su país de origen. El FC Bosna Basel nació en 2009 como una iniciativa deportiva, pero terminó funcionando como un punto de referencia social para una comunidad pequeña y atravesada por la experiencia del exilio.

El relato de esa historia personal y colectiva se escuchó una noche de diciembre en el Vitis Sportcenter, en Allschwil, casi exactamente a 30 años de la firma del Acuerdo de Dayton, que en diciembre de 1995 puso fin a la guerra de Bosnia. Allí, Tehvid Frmic, hoy de 48 años, recordó su salida del país en 1993, cuando tenía 15, a bordo de un convoy humanitario de la Cruz Roja. “Nunca sentí que en Suiza no fuéramos bienvenidos. La gente siempre fue muy amable”, dijo, en un alemán suizo casi perfecto.

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Un club de fútbol se convirtió en refugio social para una comunidad marcada por la guerra.

Exilio, guerra y una nueva vida

Frmic forma parte de la generación que huyó del conflicto más sangriento del desmembramiento yugoslavo. La guerra de Bosnia, entre 1992 y 1995, dejó más de 100.000 muertos y millones de desplazados. Las masacres de Srebrenica y el sitio de Sarajevo marcaron a fuego la memoria europea. Los más afectados fueron los bosniacos musulmanes, uno de los tres grandes grupos étnicos del país, junto a croatas católicos y serbios ortodoxos.

La familia de Frmic escapó de las tropas bosnio-serbias y llegó a Suiza tras pasar por Croacia, Eslovenia e Italia. Sin conocer el idioma, se instalaron primero en un centro de asilo en Chiasso y luego fueron derivados a la región de Basilea. “Al principio pensé que no iba a poder”, recordó. Terminó la escuela, hizo una formación técnica, se convirtió en capataz de obra y hoy trabaja como jefe de construcción.

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Treinta años después del conflicto, la pelota sigue rodando lejos de Bosnia. El exilio no borró la identidad, pero la transformó.

El club como eje comunitario

Alrededor de la mesa también estaban Amer Dizdarevic (26), su hermano Emel (20), Eldin Cirkin (34) y Faruk Becic (42). Todos tienen raíces bosnias, pero representan distintas generaciones migratorias. El punto en común es el FC Bosna Basel, el primer club de fútbol bosnio de la Suiza noroccidental.

“Los serbios tienen su club, los albaneses, los croatas, los turcos. Pensamos: ¿por qué no uno bosnio?”, explicó Becic, uno de los fundadores. El club, sin embargo, nunca se pensó como un espacio cerrado. “Acá juegan suizos, turcos y también serbios”, aclaró. ¿Conflictos? “No hablamos de política. Problemas por eso nunca hubo”, aseguró.

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El FC Bosna Basel nació como club deportivo y terminó siendo un punto de encuentro comunitario.

Fútbol, memoria y convivencia

La afirmación no es menor. Las heridas del conflicto siguen presentes en muchas diásporas balcánicas. Sin embargo, en el club prima otra lógica: el fútbol como idioma común. Cirkin es hoy presidente y entrenador; Frmic y Becic siguen jugando en el plantel senior; los hermanos Dizdarevic integran la comisión directiva y el primer equipo.

Durante años, el club vivió su auge. Hace una década y media, los partidos convocaban a 250 personas. Las fiestas eran multitudinarias, con música bosnia en vivo y cientos de kilos de cevapcici a la parrilla. En algunas celebraciones llegaron a reunirse 2.000 personas.

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Para muchos, el club es tan importante como la mezquita del barrio. Una imagen del centro cultural islámicmo de Allschwil, en Basilea.

Crisis, pandemia y reconstrucción

La pandemia marcó un quiebre. La participación cayó y hoy el club cuenta con entre 80 y 100 socios. “Cada vez cuesta más conseguir voluntarios”, admitió Amer Dizdarevic. El golpe deportivo llegó en 2024, cuando la falta de jugadores obligó a disolver el primer equipo y empezar de nuevo desde la quinta división.

La temporada actual trajo algo de alivio: el equipo terminó la primera rueda invicto y pelea por el ascenso directo. Pero el objetivo va más allá de los resultados.

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Integrarse no significó olvidar lo ocurrido. La gratitud hacia Suiza convive con el recuerdo del país perdido.

Mucho más que deporte

Para la comunidad bosnia de Basilea, que suma apenas unas 1.500 personas con pasaporte del país balcánico, el club es tan importante como la mezquita de Allschwil. Es un lugar para sostener tradiciones, transmitir memoria y, también, agradecer.

“Perdonamos, pero no olvidamos”, dijo Becic, al contar que lleva a sus hijos a los sitios de las masacres cuando visitan Bosnia. Al mismo tiempo, el agradecimiento a Suiza es explícito. “Estoy infinitamente agradecido de haber nacido acá”, afirmó Amer Dizdarevic. Lejos de los estereotipos sobre los Balcanes, el FC Bosna Basel intenta demostrar que la integración también se juega en una cancha de fútbol.

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