En los bosques del cantón de Vaud, entre las estribaciones del Jura y las orillas del lago Lemán, sobreviven 3.000 pirámides de hormigón que ningún ejército destruyó y ningún tractor pudo remover. Hoy, cubiertas de musgo, hiedra y zarzas, esas moles de hasta dos metros de altura y 15 toneladas de peso son el eje de uno de los recorridos histórico-naturales más singulares de Suiza: el Sentier des Toblerones, o Sendero Toblerone, declarado objeto de importancia nacional.
Dientes de dragón contra la Wehrmacht
La historia comenzó alrededor de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la ofensiva alemana sobre países neutrales como Bélgica y Noruega encendió las alarmas en Berna. Ante la posibilidad de una invasión desde Francia —que ya estaba bajo ocupación nazi—, las autoridades suizas ordenaron la construcción de la llamada “Línea Defensiva Promenthouse”: una sucesión de bloques de hormigón triangulares emplazados a lo largo de cursos de agua entre Bassins, en el Jura, y las costas cercanas a Prangins, sobre el Lemán. Ginebra, rodeada por tres lados por territorio francés ocupado, era prácticamente indefendible; este valle fue, entonces, la primera barrera natural que cualquier ejército invasor procedente del oeste habría encontrado.

La forma triangular de los bloques —que sobresalen del suelo como colmillos— recuerda a los picos del chocolate Toblerone, y de ahí el nombre popular que terminó bautizando el sendero. Técnicamente se los llama “dientes de dragón”, y su función era específica: detener el avance de tanques. Los bloques se extendían incluso 50 metros dentro del lago Lemán para impedir un eventual desembarco anfibio.
Un patrimonio que la naturaleza reclamó
La plataforma SwitzerlandMobility, que promueve la actividad al aire libre en el país, describe el recorrido como “una ruta educativa centrada en la historia”, aunque advierte con algo de humor que no hay chocolate en todo el trayecto. Lo que sí hay, en abundancia, es biodiversidad. Las mismas estructuras que frustraron la mecanización agrícola durante décadas se convirtieron, por ese mismo motivo, en hábitat ideal para numerosas especies animales y vegetales. “El sitio es mucho más rico que un zoológico”, afirma la Asociación del Sendero Toblerone —formalmente, Asociación de la Línea Fortificada Promenthouse—, entidad que limpia y señaliza el camino, instala pasarelas y paneles informativos, y brinda materiales pedagógicos a docentes que llevan excursiones escolares.

El recorrido completo entre Bassins y Nyon mide 18 kilómetros y puede completarse en medio día. El trayecto atraviesa bosques de ribera junto a tres arroyos (el Promenthouse, el Combe y el Serine), viñedos, huertos y sembradíos, con vistas al Mont Blanc y a los Alpes franceses desde los tramos más abiertos.
La Villa Rosa y sus ventanas pintadas
Entre las sorpresas del sendero, ninguna iguala a la Villa Rose, una casona de color rosa pálido con postigos verdes ubicada sobre lo que fue la ruta principal entre Ginebra y Berna. Durante décadas desconcertó a los vecinos: estaba impecablemente mantenida, pero nunca había luz en las ventanas ni señales de movimiento. La razón es que esas ventanas son falsas —simplemente pintadas sobre la fachada— y las paredes tienen 2,5 metros de espesor, reforzadas con placas de acero de 10 centímetros en los puntos de disparo.

La Villa Rose es en realidad uno de los 12 fortines camuflados de la línea, capaz de albergar hasta 25 soldados con armamento, municiones y comunicación telefónica militar. Incluso el baño tiene troneras disimuladas. Al llegar al lago, el sendero cruza el campo de golf del Domaine Impérial —cuya sede perteneció a la familia de Napoleón— antes de concluir en la playa de Prangins, donde el Museo Nacional Suizo, instalado en el castillo local, ofrece un epílogo histórico apropiado.







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