martes, 26 de mayo de 2026

El CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear) quiere construir en Suiza la máquina científica más grande de la historia. Para semejante meta, necesita gastar la friolera de EUR 17.500 millones para intentar responder algunas de las preguntas más difíciles del universo. El proyecto ya genera entusiasmo dentro de la comunidad científica, pero también tensiones políticas, ambientales y económicas en Europa.

El laboratorio de física de partículas ubicado en las afueras de Ginebra prepara el llamado Colisionador Circular Futuro (FCC), una estructura gigantesca que reemplazaría al actual Gran Colisionador de Hadrones (LHC), responsable del descubrimiento del bosón de Higgs en 2012.

La nueva máquina sería muy distinta a todo lo construido hasta ahora. El túnel tendría unos 90 kilómetros de perímetro, más de tres veces la longitud del actual LHC, y quedaría enterrado hasta 200 metros bajo tierra bajo zonas de Suiza y Francia, incluso debajo del lago Lemán y del río Ródano. El objetivo es ambicioso: estudiar con una precisión nunca vista cómo funciona la materia y qué ocurrió en los primeros instantes posteriores al Big Bang.

El CERN busca responder preguntas que todavía desconciertan a la ciencia

Desde hace más de 70 años, el CERN funciona como el principal centro mundial de investigación en física de partículas. Allí trabajan científicos de decenas de países en proyectos destinados a comprender la estructura más profunda del universo.

Colisionador Circular Futuro
El futuro Colisionador Circular del CERN tendría unos 90 kilómetros de extensión y buscará superar ampliamente al actual LHC.

En 2012, el laboratorio alcanzó uno de sus momentos más importantes con el descubrimiento del bosón de Higgs, conocido popularmente como la “partícula de Dios”. Ese hallazgo confirmó teorías fundamentales sobre el origen de la masa en las partículas elementales. Los físicos ahora quieren entender por qué las partículas poseen masas diferentes, qué es realmente la materia oscura y por qué el universo contiene más materia que antimateria. Ahí entra en escena el nuevo colisionador.

El FCC funcionaría primero como una enorme “fábrica de Higgs”, diseñada para producir cantidades gigantescas de esa partícula bajo condiciones extremadamente controladas. Más adelante, posiblemente desde la década de 2070, el mismo túnel albergaría una versión todavía más poderosa capaz de generar colisiones con energías diez veces superiores a las actuales.

Los científicos creen que eso podría permitir el descubrimiento de partículas completamente nuevas. El respaldo científico al proyecto es muy fuerte. Más de 1.500 especialistas participaron en estudios de viabilidad ya aprobados por el Consejo del CERN. Mark Thomson, actual director general del organismo, sostiene que existe “un consenso absoluto y claro” dentro de la física de partículas sobre la necesidad del FCC.

El verdadero problema: conseguir miles de millones en medio de un mundo cada vez más dividido

Aunque el proyecto entusiasma a científicos de todo el mundo, financiarlo aparece como un desafío muchísimo más complejo. La primera fase del FCC costaría unos 15.000 millones de francos suizos, equivalentes a cerca de EUR 17.500 millones.

Colisionador Circular Futuro
El megaproyecto del CERN quedaría enterrado hasta 200 metros bajo tierra entre Suiza y Francia, cerca de Ginebra.

El CERN espera que gran parte del dinero provenga de sus Estados miembros y de la Unión Europea. Thomson incluso confía en conseguir unos EUR 3.000 millones desde Bruselas a partir de 2027. Pero todavía falta muchísimo dinero. Los donantes privados comprometieron unos EUR 860 millones durante diciembre pasado, aunque el laboratorio sigue necesitando alrededor de EUR 4.000 millones adicionales para cerrar el esquema financiero inicial.

El contexto internacional tampoco ayuda. Alemania, principal aportante económico del CERN, apoya el proyecto pero cuestiona parte del mecanismo financiero propuesto. Reino Unido planea reducir cerca del 30 % de sus fondos para física de partículas. Estados Unidos atraviesa un escenario político donde la investigación científica perdió prioridad frente a inteligencia artificial y tecnologías cuánticas.

Además, Rusia quedó fuera del CERN después de la invasión a Ucrania, pese a haber sido durante décadas uno de los socios científicos históricos del laboratorio. En paralelo, China archivó temporalmente sus planes para construir un súper colisionador propio de 100 kilómetros. Dentro del CERN consideran esa pausa como una oportunidad estratégica para avanzar antes que Pekín.

Vecinos y ambientalistas se rebelan contra el megaproyecto

Aunque los físicos defienden el FCC como una obra histórica para la ciencia, en Suiza y Francia crece la resistencia. Organizaciones ambientales y vecinos cuestionan tanto el costo como el impacto ecológico del proyecto.

big bang
El CERN quiere construir una máquina gigantesca para investigar qué ocurrió en los primeros instantes posteriores al nacimiento del universo.

La ONG suiza Noé21 encabeza buena parte de la oposición. Sus integrantes denuncian el enorme consumo eléctrico previsto, la excavación de unos ocho millones de metros cúbicos de material y posibles efectos ambientales sobre la región cercana a Ginebra. Jean-Bernard Billeter, integrante de la organización, afirmó que el proyecto podría “envenenar la región durante años”.

El consumo energético ya genera preocupación incluso con el actual LHC. Según datos citados por opositores, el CERN consume una cantidad de electricidad equivalente a aproximadamente un tercio del consumo total del cantón de Ginebra. Los críticos además recuerdan el antecedente del Superconducting Super Collider estadounidense, un gigantesco acelerador de partículas iniciado en Texas y abandonado después de gastar miles de millones de dólares.

El CERN intenta responder a esas críticas con promesas de reutilización de materiales excavados y mejoras tecnológicas destinadas a reducir consumo energético y emisiones de carbono. Incluso ya existe un “plan B”. Si no consigue toda la financiación, el laboratorio evalúa construir una versión reducida del FCC con menos detectores y menor potencia, lo que permitiría ahorrar más de EUR 2.000 millones.

Aun así, dentro del organismo creen que abandonar el proyecto tendría consecuencias enormes para la ciencia europea. Los defensores del FCC recuerdan además que muchas tecnologías cotidianas nacieron indirectamente dentro del CERN. Allí surgió la World Wide Web y también avances utilizados actualmente en radioterapia, desarrollo de materiales y medicina de precisión.

Por eso, el debate alrededor del nuevo colisionador ya supera ampliamente la física de partículas.

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