La ultraderechista Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) alcanzó el 38% de intención de voto y amplió su ventaja sobre los partidos de la coalición gobernante. El resultado no reflejó solamente la eficacia de sus consignas: expuso también el costo político de una economía debilitada, un programa de consolidación fiscal y una extendida desconfianza hacia el gobierno.
La encuesta del instituto Market, encargada por el diario Der Standard, ubicó al Partido Popular Austríaco (ÖVP) en el 18% y al Partido Socialdemócrata (SPÖ) en el 17%. Los Verdes llegaron al 12%, mientras que NEOS obtuvo el 10% y el Partido Comunista de Austria (KPÖ), el 3%. La FPÖ encabezó así los sondeos por tercer año consecutivo y registró su valor más alto en esta serie.
El voto del pesimismo
Los datos brutos mostraron que el respaldo a la FPÖ fue especialmente elevado entre los hombres, los mayores de 50 años y los habitantes de zonas rurales. Sin embargo, el factor más revelador fue la percepción del futuro: el partido de Herbert Kickl concentró un apoyo significativo entre las personas que observaban con pesimismo la evolución del país.

“Los votantes son en general poco optimistas y nuestros datos muestran que la FPÖ tiene un respaldo elevado entre las personas que miran negativamente hacia el futuro”, explicó David Pfarrhofer, investigador político del instituto Market. A su juicio, el gobierno necesita reconstruir la confianza para recuperar electores, aunque puso en duda que pueda hacerlo con sus actuales dirigentes.
Ese pesimismo tiene una base económica concreta. Austria atravesó dos años consecutivos de contracción en 2023 y 2024 y la recuperación posterior resultó débil. Para 2026, la Comisión Europea proyectó un crecimiento de apenas 0,6%, mientras la OCDE estimó una expansión del 1,1%. La inflación interanual, aunque bajó respecto de mayo, permaneció en el 3,2% en junio.
Ajustar sin mostrar todavía los resultados
La coalición formada por la ÖVP, la SPÖ y NEOS debió administrar ese estancamiento mientras aplicaba un programa de consolidación presupuestaria. El presupuesto para 2025 y 2026 contempló medidas de ajuste e ingresos adicionales por 6.400 millones de euros durante el primer año y 8.700 millones en el segundo.

El déficit público cerró 2025 en el 4,2% del producto bruto interno y el Ministerio de Finanzas proyectó el mismo porcentaje para 2026, todavía por encima del límite europeo del 3%. La deuda, según la Comisión Europea, podría aumentar del 81,5% del PBI en 2025 al 83,4% en 2026.
La dificultad política radica en que los costos del ajuste son inmediatos, mientras los beneficios prometidos dependen de una recuperación que todavía avanza lentamente. Frente a ese cuadro, la FPÖ puede ofrecer mensajes más simples que una coalición obligada a explicar recortes, negociaciones internas y restricciones fiscales.

“Actualmente, la FPÖ logra atraer bien a los votantes con mensajes sencillos, mientras el gobierno federal enfrenta asuntos difíciles, como la elaboración del presupuesto y las medidas de ahorro”, sostuvo Pfarrhofer.4
Kickl supera a sus rivales
La ventaja también apareció en la pregunta sobre una hipotética elección directa del canciller. Kickl obtuvo el 34%, frente al 15% del canciller federal Christian Stocker, de la ÖVP. Andreas Babler, presidente de la SPÖ, alcanzó el 9%, y Beate Meinl-Reisinger, líder de NEOS, el 8%.

La baja confianza institucional completa el escenario. Según la OCDE, sólo el 29% de los austríacos manifestó en 2025 una confianza alta o moderadamente alta en el gobierno federal, frente a un promedio del 40% en los países de la organización.
La próxima elección legislativa está prevista, en principio, para 2029. Pero el sondeo muestra que la fortaleza de Kickl ya no depende únicamente del voto ideológico de la FPÖ. Su avance se sostiene también en una combinación más amplia: ciudadanos que sienten el ajuste, no perciben todavía una mejora económica y desconfían de que los partidos tradicionales puedan revertir la situación.




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