En la sede de la calle Cerrito de la Universidad Austral, en el barrio de Retiro, se vivió una mañana densa de ideas, datos y cierta urgencia compartida. La Escuela de Política, Gobierno y Relaciones Internacionales convocó, junto a la Fundación Hanns Seidel, a académicos, legisladores y especialistas para analizar el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea bajo un título que no dejó dudas sobre el tono del encuentro: “Desafíos geopolíticos y perspectivas birregionales”.

El salón recibió también a invitados especiales entre los que se encontraba Peter Neven, Ministro Consejero y Jefe del Departamento de Asuntos Económicos de la Embajada de Alemania en Argentina y tuvo como figura central a Christian Schmidt, Alto Representante para Bosnia y Herzegovina, ex ministro federal alemán y vicepresidente de la Fundación Hanns Seidel, quien viajó especialmente para participar del evento.

El encuentro arrancó con palabras del doctor Alfonso Santiago, director de la Escuela de Gobierno, quien subrayó la década de trabajo conjunto con la Fundación y celebró que el acuerdo abre “un enorme panorama” no solo comercial sino estratégico entre dos grandes comunidades.

Santiago puso en el centro del debate el modelo de la economía social de mercado de Baviera: un paradigma que combina empresas dinámicas y altamente rentables con un Estado que garantiza educación, salud y seguridad de calidad para todos, con roles institucionales claros y principios de dignidad humana. “Es el modelo que necesitamos acá”, afirmó.

Schmidt: “Somos primos que solo nos vemos en Navidad”
La disertación de Christian Schmidt fue el corazón del encuentro. Con la autoridad que da haber sido ministro de Alimentación y Agricultura alemán y haber participado en negociaciones comerciales a ambos lados del Atlántico, el político bávaro no esquivó la autocrítica europea.
“Considero que la cooperación entre Europa y Sudamérica estuvo demasiado en segunda fila”, dijo al abrir su exposición, y agregó con humor que la relación entre los bloques se parece a la de “primos que no se comunican lo suficiente: deberíamos venir no solo para Navidad, sino también para Pascuas y en vacaciones”.

Schmidt encuadró el acuerdo —firmado el 17 de enero de 2026 en Asunción, tras más de 25 años de negociaciones— dentro de un mapa geopolítico en plena reconfiguración, marcado por la competencia estratégica entre Estados Unidos y China. En ese contexto, la asociación entre los dos bloques no es solo un instrumento comercial sino una plataforma de equilibrio ante las tensiones de las grandes potencias.

El ex ministro alemán destacó que los europeos están “dispuestos a modificar los caminos de la cadena de producción”, lo que representa una ventaja tecnológica concreta para países como Argentina: no solo exportar materias primas, sino avanzar en procesamiento e investigación conjunta. “Si aquí se encuentran conocimientos tecnológicos y experiencias de ambos lados, eso podría ser un punto de partida para una integración mucho más profunda”, señaló.

El representante de la Fundación Hanns Seidel en Argentina, el doctor Klaus Binder, recordó los hitos del proceso de ratificación: el Senado argentino aprobó el acuerdo el 26 de febrero de 2026, convirtiéndose en el segundo país del bloque en hacerlo tras Uruguay, y la aplicación provisional comenzará el 1° de mayo próximo. El pacto elimina aranceles sobre el 92% de las exportaciones argentinas —principalmente carne, soja y biocombustibles— e integra un mercado de más de 700 millones de personas.
Mesa de diálogo: urgencia y oportunidad
La segunda parte del encuentro tomó la forma de una mesa de diálogo moderada por la periodista Florencia Donovan, con tres voces locales de peso. Federico Pinedo, “sherpa” argentino del G20 y ex presidente del Senado Nacional, advirtió que la firma del acuerdo no puede ser solo un acto político: “Los cambios de productividad tienen que empezar el primer día, no dentro de cuatro años”.

Pinedo encuadró la decisión argentina en un giro estratégico más amplio impulsado por el presidente Milei: mayor apertura económica, reforma del Mercosur y apuesta por la integración a las cadenas de valor globales. “Las grandes oportunidades no están en exportar más pollo, sino en la posibilidad de que la industria nacional se integre a las cadenas de valor mundiales”, sostuvo.
Marisa Bircher, ex secretaria de Comercio Exterior de la Nación y especialista en negociaciones internacionales, subrayó que para Argentina el tratado “es mucho más relevante que la baja de aranceles” por el potencial de inversiones que genera. Bircher despejó también uno de los temores más citados: “El Mercosur no será una amenaza en el sector de la carne para los agricultores europeos. Es un acuerdo equilibrado y mesurado”. Citó como antecedente que tras los acuerdos de la Unión Europea con Chile, Colombia y México las inversiones europeas se multiplicaron de manera significativa en todos los casos.

El diputado nacional Damián Arabia, presidente de la Comisión Mercosur de la Cámara de Diputados, sumó una lectura política: “La decisión de ser de los primeros en promulgar el acuerdo demuestra la voluntad de una Argentina que está cambiando muchos años de proteccionismo y cerrazón por una lógica de integración al mundo”.
Del maní cordobés al litio: las preguntas del público
El intercambio con el público dejó algunos de los momentos más vivos del encuentro. La senadora nacional por Córdoba, Carmen Álvarez Rivero, de La Libertad Avanza, describió con entusiasmo las oportunidades que ve para las economías regionales: gas de Vaca Muerta, litio, maíz, caballos de polo y, con una imagen que arrancó sonrisas, “el maní cordobés al lado de cada cerveza alemana”.

Schmidt respondió con elogios a la calidad de la investigación universitaria argentina y apuntó que la cooperación científica y tecnológica bilateral puede ser tan importante como el intercambio de bienes.
La profesora de la Universidad Austral Marina Lacalle planteó la tensión entre los avances técnicos del acuerdo y los obstáculos políticos que aún quedan por resolver, mientras que Sofía del Carril, directora ejecutiva de la Maestría en Relaciones Internacionales, indagó sobre el potencial de las economías regionales en la reconfiguración de las cadenas globales de valor.
El decano de la Facultad de Derecho, Gabriel Astarloa, cerró el ciclo de preguntas con una de las más amplias: ante el auge del proteccionismo impulsado por el presidente Trump, ¿hacia dónde va el mundo? Schmidt fue directo: el acuerdo ofrece, precisamente, “una base segura para los cálculos económicos” en un contexto de alta incertidumbre.

Las palabras finales estuvieron a cargo de Celina Cantú, directora del Máster en Políticas Públicas, quien agradeció el apoyo de la Fundación Hanns Seidel y subrayó que el encuentro permitió “apuntalar sobre la libertad económica, las instituciones y la calidad institucional” como pilares del desarrollo regional. Cuando el salón comenzó a vaciarse, quedaba en el aire una sensación compartida: que algo había cambiado, y que el trabajo de aprovecharlo recién empieza.







Hacé tu comentario