Para entender por qué Alemania arrastra uno de los índices de conectividad más bajos de Europa occidental, hay que retroceder cuatro décadas. En 1982, el canciller Helmut Kohl asumió el poder con una agenda propia y enterró el proyecto de su antecesor Helmut Schmidt, que contemplaba dotar al país de una red de fibra óptica nacional antes de 2015.
En su lugar, Kohl apostó por el cable de cobre —más barato, más rápido de instalar— para dar soporte al gran proyecto político y económico de su gobierno: el lanzamiento de la televisión privada. Esa decisión, tomada hace más de 40 años, todavía pesa sobre la infraestructura digital alemana.
Televisión privada, sí; fibra óptica, no
La lógica de la decisión fue, en su momento, comprensible. El gobierno de Kohl negoció con el magnate mediático Leo Kirch el lanzamiento de nuevos canales de televisión que competirían con ARD y ZDF, las cadenas públicas. Para que esas señales llegaran a los hogares alemanes, hacía falta una red de cable extendida en todo el territorio. El cobre era la solución obvia: tecnología probada, disponible y económica. Se invirtieron miles de millones de marcos en su tendido y en 1984 salió al aire el primer canal privado alemán. La infraestructura funcionó. El problema es que nunca se actualizó a tiempo.

Ya en los años 80, los expertos advertían que la fibra óptica era la tecnología del futuro. Puede transmitir datos mediante impulsos de luz a velocidades cercanas a las de la luz misma, con una capacidad muy superior al cobre y sin pérdida de calidad con la distancia. Un cable de fibra óptica alcanza hasta 1 gigabit por segundo en descarga; el cobre llega a un máximo de 250 megabits y su rendimiento cae sensiblemente a partir de los dos kilómetros de distancia. La advertencia fue ignorada.
El cobre resiste, la fibra avanza lento
Décadas de mejoras incrementales mantuvieron al cable de cobre en funcionamiento, pero el salto al streaming en alta definición, el trabajo remoto masivo, los servicios en la nube y la inteligencia artificial pusieron en evidencia sus límites estructurales. La demanda de datos creció de manera exponencial y la infraestructura heredada de los 80 no pudo seguir el ritmo.

El tendido de fibra óptica avanza, pero con lentitud. Según un análisis de mercado de la asociación Breko publicado a fines de junio de 2025, en Alemania hay 24,3 millones de hogares, empresas e instituciones públicas con posibilidad de acceso a fibra óptica, lo que representa una cobertura del 52,8 por ciento. Sin embargo, esa cifra incluye casos en que el cable solo llega hasta la vereda del edificio. Los hogares efectivamente conectados a la red de fibra óptica son 12,6 millones, apenas el 27 por ciento del total.
El mercado manda, las comunas esperan
Una parte importante del problema es estructural. La actual Deutsche Telekom heredó la red de cobre de la antigua Bundespost —la empresa estatal de correos y telecomunicaciones— y sigue siendo el actor dominante del sector. La expansión de la fibra óptica avanza principalmente donde resulta rentable para las empresas de telecomunicaciones, no necesariamente donde es más urgente desde el punto de vista del interés público.

Las consecuencias son desiguales según la geografía. En zonas urbanas densas y económicamente activas suele haber superposición de ofertas; en municipios rurales o de baja densidad, en cambio, las empresas no encuentran incentivos para invertir. Los programas de subsidios estatales cubren solo una parte de esa brecha. Muchas comunas llevan años en lista de espera para ser conectadas.
El resultado es una Alemania con dos velocidades digitales: las grandes ciudades razonablemente conectadas y una periferia que todavía negocia con el cobre. La ironía del caso alemán es que el país que inventó la ingeniería de precisión y lidera la industria automotriz europea sigue dependiendo, para su conectividad cotidiana, de una tecnología diseñada para transmitir imágenes de televisión hace cuatro décadas. La decisión de Kohl fue pragmática en su contexto. Su legado digital, sin embargo, es una factura que Alemania todavía está pagando.




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