jueves, 7 de mayo de 2026

Durante la pandemia, el nombre de BioNTech quedó asociado a uno de los avances científicos más importantes de los últimos años. La compañía alemana, junto a Pfizer, desarrolló la vacuna Comirnaty contra el Covid-19 y pasó en tiempo récord de ser una firma poco conocida a convertirse en una referencia internacional dentro de la biotecnología.

Pero el escenario actual es muy distinto. La empresa con sede en Mainz atraviesa una etapa marcada por pérdidas millonarias, despidos y cierres de plantas productivas. Además, sus fundadores, Ugur Sahin y Özlem Türeci, anunciaron su salida para lanzar un nuevo proyecto vinculado al ARN mensajero.

La noticia sacudió al sector biotecnológico alemán. BioNTech fue una de las compañías símbolo de Europa durante la pandemia. Ahora enfrenta una etapa mucho más compleja.

Según informó la empresa, el último trimestre registró una pérdida neta de EUR 532 millones. También confirmó el cierre de instalaciones en Alemania y Singapur, además de una reducción importante de costos operativos. En total, cerca de 1.860 puestos de trabajo quedarían afectados.

La caída en la demanda de vacunas contra el Covid-19 golpeó de lleno las cuentas de la compañía. Los ingresos trimestrales vinculados a Comirnaty bajaron a EUR 118 millones, un descenso del 35% respecto del mismo período del año anterior.

El fin del negocio que convirtió a BioNTech en un gigante

El gran salto de BioNTech llegó en 2020. Hasta ese momento, la empresa trabajaba principalmente en investigaciones relacionadas con tratamientos oncológicos mediante ARN mensajero. Durante años, el proyecto despertó poco interés comercial.

BioNTech
La sede de BioNTech en Alemania atraviesa una etapa de reestructuración tras la fuerte caída en la demanda de vacunas contra el Covid-19.

La pandemia cambió todo. El acuerdo con Pfizer permitió desarrollar y distribuir una vacuna en tiempo récord. Miles de millones de dosis se aplicaron en distintos países y BioNTech pasó a manejar ingresos extraordinarios.

Ese crecimiento acelerado también dejó consecuencias. Durante los años de mayor demanda, la empresa expandió fuerte su capacidad de producción. Ahora, gran parte de esa estructura quedó sobredimensionada.

Analistas del sector sostienen que BioNTech apostó demasiado a un único producto. La vacuna contra el Covid-19 se transformó en el motor absoluto de la compañía. Cuando la demanda cayó, comenzaron los problemas financieros. La propia empresa reconoció que espera menores ingresos por vacunas tanto en Europa como en Estados Unidos. Frente a ese panorama, decidió transferir toda la fabricación vinculada al coronavirus a Pfizer.

biontech laboratorio
Investigadores de BioNTech durante tareas vinculadas al desarrollo y análisis de tratamientos basados en ARN mensajero.

Además de la baja en ventas, Alemania atraviesa dificultades económicas que también impactan sobre el sector tecnológico e industrial. Costos laborales altos, energía cara y regulaciones complejas aparecen entre los factores que complican a las empresas biotecnológicas del país.

BioNTech busca reducir gastos para ahorrar cerca de EUR 500 millones anuales hacia 2029. Parte de ese ajuste llegará mediante cierres de plantas y reorganización interna.

Polémica por CureVac y críticas en Alemania

Otro de los puntos que generó controversia en torno a BioNTech fue la compra de CureVac, otra firma alemana dedicada al ARN mensajero.

La operación se concretó en diciembre de 2025 por unos EUR 1.250 millones. CureVac desarrollaba su propia vacuna contra el Covid-19, aunque nunca logró resultados competitivos y terminó abandonando el proyecto. Sin embargo, la empresa mantenía un conflicto judicial con BioNTech y Pfizer por supuestas infracciones de patentes vinculadas al ARN mensajero.

Con la adquisición, BioNTech logró poner fin a esos litigios y evitar posibles costos multimillonarios. Pero el tema volvió a explotar esta semana por una decisión particularmente sensible.

Una de las plantas que la empresa decidió cerrar es justamente la antigua fábrica de CureVac en Tübingen, cerca de Stuttgart. La medida provocó enojo entre dirigentes políticos, sindicatos y representantes empresariales de la región.

El alcalde de Tübingen, Boris Palmer, acusó a BioNTech de aplicar una lógica de “comprar primero y destruir después”. También calificó el cierre como “un golpe duro” para trabajadores altamente capacitados que llevaban años vinculados a CureVac.

Desde el sindicato IG BCE hablaron de una estrategia de ajuste enfocada únicamente en cuestiones financieras de corto plazo. Mientras tanto, la cámara empresarial de Reutlingen advirtió sobre la posible pérdida de conocimiento tecnológico y experiencia científica.

La discusión ya excede a BioNTech y toca una preocupación más amplia dentro de Alemania: el temor a que el país pierda peso en un sector considerado estratégico para el futuro.

La salida de los fundadores y la apuesta contra el cáncer

La marcha de Ugur Sahin y Özlem Türeci también generó incertidumbre. Ambos fueron mucho más que simples ejecutivos. Representaban la cara científica y estratégica de BioNTech desde su creación.

Cuando anunciaron que dejarán la empresa a fin de año para impulsar una nueva firma biotecnológica, las acciones de BioNTech sufrieron una caída cercana al 18%.

Distintos analistas se preguntan ahora si la compañía podrá mantener su capacidad innovadora sin las personas que guiaron su desarrollo durante años.

biontech
La empresa alemana ganó notoriedad internacional durante la pandemia gracias a la vacuna desarrollada junto a Pfizer.

La empresa trabaja actualmente junto a Bristol Myers Squibb en terapias experimentales para cáncer de mama, pulmón y otros tipos de tumores. Según informó en su último balance, espera tener 15 ensayos clínicos de fase 3 en marcha antes de fin de año. El futuro de BioNTech dependerá ahora de su capacidad para transformar el éxito científico del Covid-19 en nuevos tratamientos médicos.

La compañía todavía conserva recursos económicos importantes, experiencia en ARN mensajero y reconocimiento internacional. Pero el escenario cambió. El negocio extraordinario de la pandemia quedó atrás y el desafío actual es mucho más difícil: demostrar que puede sobrevivir sin el impulso excepcional que le dio la vacuna contra el coronavirus.

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