Las puertas de la residencia diplomática se abrieron poco después de las nueve de la mañana. Los invitados —autoridades del CONICET y Merck— atravesaron las rejas de la Embajada de Alemania, en pleno barrio de Belgrano, e ingresaron al salón principal. Un café humeante esperaba sobre las mesas. Los saludos en alemán y en español se cruzaron entre quienes ya se conocen de las cinco ediciones anteriores.
Era jueves 7 de mayo y todo estaba listo para el lanzamiento de la sexta edición del Premio Merck-CONICET de Innovación en Ciencias de la Salud, un concurso que en estos años ya distribuyó decenas de millones de pesos en investigación aplicada y que abrió camino a desarrollos como kits diagnósticos para el HPV o nuevas herramientas para el tratamiento de la sepsis.
Una mañana de protocolo y agradecimientos
Unas 60 personas ocuparon las sillas dispuestas en el salón. La luz natural se filtraba por los ventanales del edificio diplomático. Sobre el atril, los micrófonos esperaban a los oradores. Las paredes lucían sobrias, sin ostentación, con esa estética alemana que mezcla funcionalidad y elegancia.
La bienvenida estuvo a cargo de Peter Neven, Ministro Consejero y Jefe del Departamento de Asuntos Económicos de la Embajada de Alemania en la Argentina. Neven se acercó al atril con la sonrisa de quien ya conoce el ritual: era su cuarta participación en este lanzamiento. “Es un proyecto muy especial para nosotros en la embajada también, porque combina de una manera ejemplar dos de los pilares más importantes de nuestras relaciones bilaterales: lo económico y la cooperación científica que tenemos con Argentina”, dijo el diplomático mientras los presentes asentían en silencio.

Neven recordó que más de 200 empresas alemanas operan en el país, muchas de ellas con más de un siglo de presencia ininterrumpida. “Vinieron para quedarse y contribuyen mucho al desarrollo del país”, afirmó. Y subrayó que la empresa Merck cumplió 95 años en la Argentina y que sus productos farmacéuticos acompañan a varias generaciones de argentinos.
La cifra que duele: 0,3% del PBI
El tono se puso un poco más serio cuando Neven entró en los números. La comparación fue contundente: mientras Alemania destina alrededor del 3% de su PBI a investigación —dos terceras partes provenientes del sector privado—, la Argentina apenas alcanza el 0,3%, casi enteramente financiado por el Estado. En el salón se escuchó algún suspiro contenido. La cifra cayó como un dato duro entre quienes, todos los días, tratan de sostener un laboratorio con presupuestos cada vez más exiguos.

“Es por eso que el ejemplo que nos da la empresa Merck es tan importante, porque en una situación en la cual el Estado no cuenta con los recursos suficientes, el sector privado tiene que asumir un compromiso mayor”, afirmó el diplomático antes de cederle el micrófono al Director General de Merck Argentina. Antes de dejar el atril, agradeció el sostén económico de la firma alemana al CONICET en un escenario poco favorable para la ciencia básica.
La despedida sentimental de Peter Neven
Cuando Marcelo Ponte, Director General de Merck Argentina, tomó la palabra, hizo un anuncio que despertó un aplauso espontáneo: era el último lanzamiento de Neven en Buenos Aires. En agosto, el ministro consejero asumirá como Embajador de Alemania en Trinidad y Tobago.
“Me pone un poco triste que no vamos a contar más con Peter”, admitió Ponte mirando hacia la primera fila. Neven sonrió, levemente incómodo. “Hemos trabajado muchísimo con Peter y debo decir acá que es importante siempre reconocer”, agregó el empresario, “Peter nos ha ayudado cuando Merck lo ha necesitado, con algunos problemas puntuales”.

Ponte celebró luego que la presente edición conserve la estructura inaugurada en 2025, cuando, con motivo de los 95 años de Merck en el país y el bicentenario de la inmigración alemana, se sumó una segunda distinción al galardón principal. “Sí va a haber un premio principal y también una mención. Son dos premios económicos, eso también creemos muy necesario hacerlo”, explicó.
El director general aprovechó para repasar la trayectoria del concurso. Desde 2018, ya sea junto al CONICET o también con la participación del entonces Ministerio de Ciencia y Tecnología, se presentaron más de 400 trabajos al certamen. Y Merck, recordó Ponte, transita su año número 358 a nivel global y los 95 en la Argentina, “camino a los 100, para agrandar un poco el número”, lanzó con humor, arrancando algunas risas en el salón.
Salamone y un manual que lo acompañó toda la vida
La última intervención fue la de Daniel Salamone, presidente del CONICET y veterinario de formación. Se acercó al atril con una sonrisa amable. “Un privilegio. Muchas gracias, Marcelo, Peter”, arrancó. “Siempre para mí este momento del año es muy lindo y muy interesante. Primero porque tener esta interacción público-privada para nosotros es un objetivo muy querido, muy deseado”, afirmó.
Salamone retomó la cifra que había mencionado Neven y la usó como espejo: en la Argentina, el aporte privado a la ciencia es minúsculo. Por eso, dijo, las alianzas como la de Merck son una hoja de ruta posible. Soltó luego una anécdota que le ganó la simpatía de la sala.

“Yo no puedo olvidar que toda mi carrera me compré el Manual Merck y creía que tenía toda la veterinaria en ese libro. Así que me acompañó del primero al último día de mi carrera”, confesó. Y agregó otro dato curioso: la oficina argentina de la empresa quedaba a dos cuadras de su casa.
El presidente del CONICET también hizo un reconocimiento explícito a la cooperación alemana, particularmente a la DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico), que financió parte de su carrera y la de su primer doctorando. “Pude incursionar en tratar de hacer edición genética para generar vacas que no tuvieran la enfermedad de la vaca loca, pudimos incursionar en hacer cerdos libres, todo eso gracias a Alemania”, relató ante un auditorio atento.
De qué se trata el premio
El Premio Merck-CONICET de Innovación en Ciencias de la Salud nació en 2021 como una convocatoria orientada a emprendedores argentinos con proyectos científicos o tecnológicos en el campo de la salud humana. La idea matriz es acelerar startups y proyectos en estado emergente que tengan el potencial de transformarse en soluciones concretas para la sociedad. No premia trayectorias consagradas: privilegia, en cambio, a la innovación temprana, a la idea joven, al proyecto que todavía está buscando su lugar en el mercado.

Pueden postularse tanto personas físicas —cualquier ciudadano argentino, nativo o naturalizado, de entre 18 y 50 años— como personas jurídicas constituidas en el país. La convocatoria no se limita a investigadores del CONICET: está abierta a equipos universitarios, spin-offs, laboratorios privados y emprendedores independientes, siempre que la propuesta tenga base científica o tecnológica y una antigüedad menor a veinticuatro meses desde el inicio de la actividad. Se excluye, en cambio, a quienes mantengan vínculo laboral con Merck, a empresas con facturación anual superior a cinco millones de dólares y a proyectos que ya hayan recibido más de cien mil euros de financiamiento previo.
Las áreas y el camino del concurso
Las áreas temáticas son nueve y están claramente delimitadas: tratamiento y monitoreo de enfermedades oncológicas, neurológicas, endocrinológicas y de fertilidad; tests diagnósticos para esos mismos campos; microbioma; biointerfaces y biosensores; inteligencia artificial aplicada a la salud; industria 4.0 y robótica también orientadas al sector sanitario; salud digital; y biotecnología. La postulación se realiza en línea, a través del sistema SIGEVA del CONICET, durante el período que las bases definen año tras año.

El proceso es escalonado. Una Comisión Evaluadora —integrada por tres representantes de cada parte— preselecciona diez propuestas finalistas, ponderadas según cuatro criterios: novedad científica o tecnológica (20 %), carácter innovador y disruptivo (40 %, el de mayor peso), atractivo de la oportunidad (20 %) y mejora a la sociedad (20 %). Los diez precalificados acceden luego a la Merck-CONICET Week, dos días de mentoreo virtual donde se los entrena para presentar sus proyectos. La instancia decisiva es el Pitch Day: cada finalista expone su propuesta ante el Gran Jurado en cinco minutos. Allí, dos representantes del CONICET y dos de Merck eligen a los ganadores.
Aporte económico, visibilidad y un círculo virtuoso
La edición 2026 distribuirá veintidós millones cien mil pesos: trece millones para el primer premio y nueve millones cien mil para el segundo. Pero, más allá del aporte económico, lo que distingue al concurso es el ecosistema que rodea al ganador: visibilidad institucional, mentoría, acompañamiento técnico, conexión con la red de Merck en la Argentina y en el grupo internacional, y la legitimación que aporta la doble firma del CONICET y de una empresa farmacéutica con casi cuatro siglos de trayectoria global.

Desde su creación en 2021, el premio recibió alrededor de 400 proyectos de todo el país. El año pasado, la edición 2024 fue ganada por la doctora María Bárbara Rearte, investigadora del Instituto de Medicina Experimental (IMEX, CONICET-Academia Nacional de Medicina), por su trabajo “Estudio de una nueva herramienta para el diagnóstico, estratificación y monitoreo en sepsis”, una propuesta orientada a mejorar la respuesta clínica frente a una de las causas más letales de mortalidad hospitalaria en el mundo. En 2021, la primera edición fue para la doctora Daniela Castillo, también investigadora del CONICET, por un kit de diagnóstico rápido para el virus del Papiloma Humano (HPV), una herramienta especialmente útil en contextos de baja accesibilidad sanitaria.
Son apenas dos ejemplos de un programa que, año tras año, va dejando un sedimento concreto: ideas que pasan del paper al prototipo, y del prototipo, en algunos casos, al sistema de salud. La convocatoria 2026 estará abierta entre el 1 y el 19 de junio; la evaluación se realizará entre agosto y septiembre, los finalistas se anunciarán en septiembre y la mentoría y el Pitch Day están previstos para octubre.

La firma y un café final
Tras los discursos llegó el momento más esperado de la mañana: la firma del convenio que da el puntapié inicial a la sexta edición. Salamone y Ponte se sentaron a una mesa sobria, intercambiaron carpetas y estamparon sus firmas. El silencio del salón se interrumpió con el chasquido suave de los flashes. Hubo aplausos, el saludo formal y, finalmente, el abrazo.
Después, la mañana se distendió. Los invitados se acercaron a la mesa lateral del catering, donde el café se servía caliente, acompañado por cookies. Las conversaciones se extendieron entre ambas delegaciones que aprovechaban para tomarse fotografías grupales.

Hacia el final de la mañana, los últimos invitados fueron saliendo a la calle. La sexta edición del Premio Merck-CONICET de Innovación en Ciencias de la Salud quedó oficialmente lanzada. Y con ella, la promesa de que durante los próximos meses, en algún laboratorio de Buenos Aires, Córdoba, Rosario o Mendoza, alguien se quedará hasta tarde corrigiendo un proyecto, alentado por la posibilidad de que esta vez sí, la ciencia argentina reciba un poco más de oxígeno.








Hacé tu comentario