martes, 20 de febrero de 2024

Buenos Aires (AT) – Franz Haider, un empresario de 61 años, hizo historia al convertirse en el primer turista del espacio de Austria. Sin embargo, el viaje comenzó hace 17 años, cuando Haider adquirió un boleto por valor de US$200.000, y culminó con un vuelo hasta el borde del espacio con Virgin Galactic, la empresa espacial fundada por el magnate británico Richard Branson.

Originario de la región de Waldviertel, Haider, también conocido como “Astronauta 025” en los registros de Virgin Galactic, partió en la misión “Galactic 06” desde el Spaceport America en Nuevo México, Estados Unidos. Este vuelo es la materialización de un sueño que debió esperar varios años de espera y múltiples retrasos. Hasta que al fin las condiciones meteorológicas favorables permitieron que la misión se llevara a cabo.

El vuelo comenzó con la nave portadora “VMS Eve” transportando la nave espacial “VSS Unity”, que se asemeja a un jet privado, a una altitud de aproximadamente 15 kilómetros. Desde ahí, “VSS Unity” ascendió hasta alcanzar unos 90 kilómetros sobre la Tierra. Esta altitud, según la definición de la Administración Federal de Aviación de EE. UU. (FAA), es suficiente para calificar a los pasajeros y recibir el título de astronautas.

A bordo de “VSS Unity”, una nave espacial con una longitud apenas superior a los 18 metros, Haider, junto con otros tres turistas espaciales y dos pilotos experimentados, alcanzaron velocidades de hasta 3.600 kilómetros por hora, tres veces la velocidad del sonido. Este ascenso los llevó a experimentar un estado de fuerte ingravidez, mientras la nave alcanzaba el punto más alto de su trayectoria boca abajo.

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El austríaco llegó al espacio a bordo de la VSS Unity.

Dentro de la cabina, las cámaras capturaron los momentos de éxtasis de la tripulación, quienes de inmediato se liberaron para disfrutar unos minutos de ingravidez. En la cúspide de su viaje, se encontraban aproximadamente a 89 kilómetros sobre la Tierra.

La palabra de Haider sobre la aventura

Al reflexionar en una entrevista sobre su experiencia, Haider compartió con el medio Nön su firme convicción en la misión, a pesar de los años de espera. El boleto, adquirido por el equivalente a EUR 183.604 al tipo de cambio actual, se convirtió es un objeto histórico, ya que los precios para nuevos compradores se duplicaron.

Por otro lado, el impacto ambiental de tales empresas, según lo calculado por el Austrian Space Forum (ÖWF), es comparable a las emisiones per cápita de un vuelo transatlántico. Gernot Grömer, jefe del ÖWF, señaló en un comunicado de prensa sobre el crecimiento de los vuelos suborbitales anuales para 2031. Esta nueva era de viajes espaciales no solo involucra a los programas espaciales estatales, sino también al sector privado, que incluye la eventual construcción de estaciones espaciales de propiedad privada en la próxima década.

Durante la entrevista, Haider compartió sus experiencias sobre la travesía al espacio. Describió la intensidad del vuelo y señaló que él y sus compañeros, Lina Borozdina de Ucrania, Robie Vaughn de Texas y Neil Kornswiet de California, estaban abrochados y atentos a los numerosos comandos. A unos 15.000 metros de altura, se separaron de la nave nodriza VMS Eve, y entonces debieron tensar todo su cuerpo para mantenerse en su lugar.

El momento culminante llegó cuando alcanzaron el punto más alto de su vuelo. Haider describió este momento como “indescriptible, con la nave girando para ofrecer una vista inigualable de la Tierra y del vasto espacio”. La sensación de flotar libremente en el vacío fue, según él, lo más maravilloso que había visto y experimentado.

El regreso a la Tierra no fue menos emocionante. Con el ingreso a la atmósfera terrestre, las fuerzas G aumentaron drásticamente y se precisó de una técnica de respiración adecuada y tensión corporal para resistir el impacto. A pesar de los sonidos metálicos y la extrema aceleración, el aterrizaje en la pista fue, según él, “sorprendentemente suave”.

Haider también admitió que le llevaría tiempo procesar todas las impresiones que había vivido. Sin embargo, se sintió afortunado de haberse convertido en uno de los selectos 681 individuos que tuvieron el privilegio de viajar al espacio. En cuanto a los preparativos, Haider elogió la profesionalidad del equipo de Virgin Galactic en el Spaceport America de Nuevo México. Desde entrenamientos físicos hasta simulacros de emergencia, todo estaba diseñado para “garantizar la seguridad y el éxito de la misión”.

En cuanto a sus compañeros de vuelo, Haider reveló que conocía a Lina Borozdina desde hacía 17 años, cuando ambos se inscribieron para el vuelo. A lo largo de los años, se encontraron en varios eventos relacionados con Virgin Galactic. En contraste, conoció a los dos hombres que lo acompañaban apenas dos meses antes del vuelo, destacando la diversidad de antecedentes y experiencias entre los turistas espaciales.

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