lunes, 26 de febrero de 2024

Buenos Aires (AT) – El famoso gianduiotto de Turín, un delicioso chocolate cremoso y de tamaño pequeño que se deshace en la boca, es el centro de una disputa por el reconocimiento europeo. Esta disputa enfrenta a los artesanos italianos con el gigante suizo Lindt.

En las afueras de Turín, en el noroeste de Italia, Luca Ballesio trabaja en su taller amasando el chocolate con espátulas antes de cortarlo y colocarlo en bandejas. Con 42 años, Ballesio es uno de los últimos chocolateros que elaboran gianduiotto de manera tradicional, siguiendo un método artesanal que le da a los dulces su característica forma prismática. Forma parte de un comité que incluye a unos 40 chocolateros artesanos, así como a empresas como Ferrero, Venchi y Domori, todos ellos buscando obtener de la Unión Europea una Indicación Geográfica Protegida para el gianduiotto.

Los productos con una Indicación Geográfica Protegida (IGP) poseen alguna cualidad determinada o reputación u otra característica que pueda atribuirse a un origen geográfico y cuya producción, transformación o elaboración se realiza en la zona geográfica delimitada de la que toma su nombre.

El propósito es dar a conocer el chocolate, incrementar las ventas, que actualmente se estiman en alrededor de EUR 200 millones (US$ 219 millones) al año, y preservar la tradición chocolatera de Turín. Sin embargo, se enfrentan a la oposición de Lindt, la cual adquirió en 1997 el fabricante italiano Caffarel y afirma haber sido la inventora del gianduiotto.

El plan se encuentra actualmente estancado en el Ministerio de Agricultura italiano. “Esta lucha es crucial para promover un producto histórico de Turín”, declaró Ballesio a la Agence France-Presse (AFP). El comité ha establecido una serie de criterios detallados que todos los interesados en obtener la Indicación Geográfica Protegida (IGP) para sus productos deberán cumplir.

El eje del conflicto: la leche en polvo

Siguiendo la tradición, aboga por regresar a la receta original del gianduiotto: con un contenido de entre el 30% y el 45% de avellanas tostadas del Piamonte, al menos un 25% de cacao y azúcar. Sin embargo, la receta centenaria no es del agrado de Lindt, que insiste en añadir leche en polvo y desea reducir el contenido de avellanas al 26%.

Para muchos, la inclusión de leche en polvo es considerada una herejía. “Para nosotros, agregar leche en polvo al chocolate es equivalente a diluir el vino con agua”, afirma Guido Castagna, presidente del Comité Gianduiotto de Turín.

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La versión del tradicional chocolate de Turín de la empresa Caffarel se llama “Gianduia 1865”.

Avellanas y más avellanas

La producción en el taller de Castagna, de 49 años, en Giaveno, cerca de la ciudad, está en plena marcha. Castagna vierte una bolsa tras otra de avellanas en una máquina que las tuesta antes de molerlas y mezclarlas con cacao. Posteriormente, la mezcla de chocolate pasa por una máquina que la trocea y la vierte directamente en una cinta transportadora sin utilizar moldes. Luego, cada bombón se envuelve a mano en papel de aluminio brillante.

“No queremos quitarle nada a Caffarel. No estamos librando una guerra contra Caffarel. Para nosotros, Caffarel puede continuar fácilmente su producción”, declaró Castagna a la AFP.

“Pero es importante que Caffarel entienda que estamos protegiendo el gianduiotto tal como se elaboraba originalmente”. Mientras tanto, Caffarel insiste en que nunca se ha opuesto al reconocimiento de un certificado IGP, afirmando que esto “contribuiría al prestigio del gianduiotto en Italia y en todo el mundo”. Sin embargo, la filial de Lindt ya ha lanzado su propia marca, “Gianduia 1865 – el auténtico Gianduiotto de Turín”, y teme que la creación de una IGP similar, “Gianduiotto de Turín”, genere confusión. “Nuestro objetivo es encontrar un acuerdo que satisfaga a todas las partes y que permita a Caffarel proteger el valor histórico de su marca”, ha declarado la empresa.

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En el envoltorio se indica “antigua receta” y “solo con avellanas del Piamonte”.

El chocolate y un bloqueo naval

Los orígenes de los chocolates se remontan al bloqueo naval ordenado por Napoleón contra Gran Bretaña y su imperio en 1806, lo que provocó una escasez de cacao en la Europa continental. Los chocolateros de Turín comenzaron a utilizar avellanas, muy abundantes en la región. Sin embargo, no fue hasta 1865 que la pasta de avellana piamontesa adoptó el nombre de un personaje de carnaval, Gianduia, símbolo de Turín, y fue comercializada por Caffarel.

“Caffarel sabe dónde encontrarnos y, si creen que puede haber un resquicio, estamos dispuestos a discutirlo con ellos”, afirma Antonio Borra, abogado del comité de la IGP. Pero advirtió: “Hay puntos en los que no podemos ceder, empezando por el nombre de Turín, que pertenece a todo el territorio, no a una sola empresa”.

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