En la Lusacia alemana, las excavadoras todavía arrancan lignito de minas a cielo abierto que pueden verse desde kilómetros de distancia. Cerca de esos enormes pozos se instalan parques solares, turbinas eólicas, baterías y proyectos de hidrógeno. La región que durante décadas alimentó las centrales de carbón de Alemania Oriental fue declarada a fines de 2025 como el primer Net Zero Valley de Europa, un territorio con condiciones especiales para atraer industrias de tecnologías limpias.
El cambio será la tercera transformación profunda que atravesará Lusacia en unos 80 años. Primero se convirtió en la gran usina carbonífera de la República Democrática Alemana. Después sufrió el cierre de minas, fábricas y centrales tras la reunificación de 1990. Ahora debe abandonar el combustible que organizó su economía y definió la identidad de varias generaciones.
La herida que dejó la primera reunificación
Lusacia se extiende por los estados de Brandeburgo y Sajonia, junto a la frontera con Polonia. Durante los años de la Alemania Oriental, el lignito fue uno de los pocos recursos energéticos disponibles en grandes cantidades, y por ello el gobierno comunista impulsó su explotación para abastecer hogares, industrias y centrales eléctricas en todo el país.
La producción tuvo su punto más alto hacia el final de la RDA: en 1989, las minas de la región extrajeron alrededor de 195 millones de toneladas y emplearon a unas 80.000 personas. Familias enteras dependían de las minas, las centrales, los talleres ferroviarios y las fábricas vinculadas con la energía.

Entre 1949 y 1990, unas 70 poblaciones desaparecieron para permitir la expansión de la minería de lignito. Sus habitantes fueron trasladados y los edificios quedaron bajo las excavadoras.
Pero a partir de los 90 el escenario cambió. Buena parte de las plantas orientales no podía competir dentro de la economía de mercado y tampoco cumplía con las normas ambientales de la República Federal. Las empresas cerraron o redujeron sus operaciones con una velocidad que dejó poco margen para alternativas.
El empleo directo en la industria carbonífera cayó de unas 80.000 personas a cerca de 8.000 en pocos años. La desocupación superó el 20% en algunas zonas y miles de jóvenes emigraron hacia Berlín o los estados occidentales. Entre 1995 y 2015, la región perdió cerca de una quinta parte de su población.
Una región que no quiere dejar de producir energía
Por ley, en Alemania estableció el fin de la generación eléctrica con carbón para 2038. El gobierno federal destinó hasta EUR 40.000 millones para acompañar a las regiones afectadas, entre ellas Lusacia, Renania y el distrito minero de Alemania Central. El programa del Net Zero Valley calcula que la parte alemana de Lusacia recibirá más de EUR 17.200 millones en inversiones públicas, junto con compromisos privados superiores a EUR 20.000 millones.

La empresa LEAG, principal operadora de las minas y centrales de la zona, presentó un proyecto para instalar hasta siete gigavatios de energías renovables en 2030 y alcanzar los 14 gigavatios en 2040. La Unión Europea autorizó en 2025 una compensación de hasta EUR 1.750 millones para LEAG por el cierre de sus plantas, las pérdidas previstas y las medidas destinadas a sus trabajadores. La empresa, controlada por el grupo checo EPH, busca pasar de ser una de las mayores productoras de lignito de Alemania a convertirse en uno de sus grandes proveedores de electricidad renovable.
La declaración de Lusacia como primer Net Zero Valley europeo pretende acelerar ese proceso. Once áreas industriales de Brandeburgo y Sajonia podrán ofrecer trámites más rápidos para proyectos relacionados con baterías, almacenamiento, hidrógeno, redes eléctricas y eficiencia energética.
La ciudad también sumó la Universidad Médica de Lusacia Carl Thiem y avanza con un parque científico asociado a la Universidad Técnica de Cottbus-Senftenberg. En la parte sajona aparecieron proyectos como el Centro Alemán de Astrofísica, instalaciones para investigar hidrógeno y nuevos desarrollos industriales en Görlitz, Bautzen y el parque de Schwarze Pumpe.
Los plazos chocan con la desconfianza
Los habitantes reconocen que la región necesita cambiar, pero no comparten el ritmo propuesto desde Berlín. El Monitor de Lusacia de 2025 mostró que el 69% consideraba necesaria una transformación profunda. El respaldo a la transición energética llegaba al 44%, frente a un 42% que la rechazaba, y la mayoría se oponía a adelantar el abandono del carbón.
El cronograma también quedó atrapado en la discusión política, dado que los sectores ambientalistas reclaman un abandono más rápido del lignito para que Alemania pueda cumplir sus objetivos climáticos.

La Agencia Federal de Medio Ambiente calculó que algunos tramos del Spree podrían perder hasta el 75% de su caudal durante los veranos secos. A la deuda económica se suma así una reparación ambiental que puede extenderse durante décadas y requerirá nuevas represas, reservorios y acuerdos entre Sajonia, Brandeburgo y la capital alemana.

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