Durante décadas, la bóveda subterránea de la Reserva Federal de Nueva York fue considerada el lugar más seguro del mundo para guardar oro. Hoy, esa certeza empieza a resquebrajarse. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y su creciente tensión con los aliados europeos pusieron sobre la mesa una pregunta que hasta hace poco parecía impensable: ¿deberían Alemania, Italia, Suiza y otros países del Viejo Continente repatriar sus reservas de oro antes de que sea demasiado tarde?
La bóveda más grande del mundo
A 25 metros bajo tierra, en la Liberty Street de Manhattan, la Reserva Federal custodia más de medio millón de lingotes de oro pertenecientes a bancos centrales, gobiernos e instituciones de todo el mundo. La cámara acorazada está protegida por un cilindro de acero de 90 toneladas y, una vez cerrada, su gigantesca cerradura no puede abrirse hasta el día siguiente. En total, alberga unas 6.300 toneladas cuyo valor actual supera el billón de dólares, aproximadamente el 4% del PIB de Estados Unidos.
Barry Eichengreen, experto en el sistema monetario internacional de la Universidad de Berkeley, explicó a BBC Mundo por qué el oro sigue siendo tan relevante para los bancos centrales: “Es uno de sus activos más importantes porque, ante acontecimientos geopolíticos adversos, les permite actuar como prestamistas de último recurso para bancos y compañías e intervenir en los mercados de cambio.”
Cómo llegó el oro europeo a Nueva York
El oro europeo comenzó a acumularse en la bóveda neoyorquina a partir de la década de 1950. Las economías del Viejo Continente, en plena recuperación de posguerra, exportaban cada vez más a Estados Unidos y recibían pagos en una combinación de oro y dólares. Trasladar el metal resultaba costoso, y la Fed ofrecía custodia gratuita. Con la amenaza soviética al otro lado del Telón de Acero, nadie cuestionaba la fiabilidad del custodio estadounidense.

Ese esquema funcionó durante décadas. Pero la URSS ya no existe y Trump ha dinamitado la sintonía transatlántica de los últimos setenta años.
Las voces alemanas que piden la repatriación
Alemania, que posee las segundas mayores reservas de oro conocidas del mundo solo por detrás de Estados Unidos, es el país más expuesto. Se estima que unas 1.200 toneladas de lingotes alemanes permanecen en Nueva York, con un valor aproximado de 200.000 millones de dólares.
El economista Emanuel Mönch, ex investigador principal del Bundesbank, fue directo: “Dada la actual situación geopolítica, parece arriesgado guardar tanto oro en Estados Unidos”, y sostuvo que recuperarlo contribuiría a una “mayor independencia estratégica” del país.
Aún más contundente fue Michael Jäger, presidente de la Asociación Alemana de Contribuyentes: “Trump es impredecible y es capaz de todo para generar ingresos. Por eso nuestro oro ya no está a salvo en la bóveda de la Fed.” Jäger incluso planteó el riesgo concreto de que la provocación sobre Groenlandia escale al punto de impedir al Bundesbank acceder a sus reservas.
El presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, intentó calmar las aguas. “No me quita el sueño. Tengo completa confianza en nuestros colegas del banco central de Estados Unidos”, declaró en febrero. Pero del otro lado del Atlántico, ni la Fed ni el gobierno de Trump emitieron ninguna señal tranquilizadora. BBC Mundo contactó a la Reserva Federal y no obtuvo respuesta.
Una decisión con antecedentes históricos
No sería la primera vez que Europa recupera su oro. En los años 60, Charles de Gaulle ordenó repatriar los lingotes franceses por temor a una devaluación del dólar. En 1971, Nixon eliminó la convertibilidad dólar-oro y le dio la razón: quienes habían mantenido su metal en Nueva York vieron cómo su valor en dólares se desplomaba de la noche a la mañana. Más recientemente, Países Bajos redujo del 51% al 31% el porcentaje de sus reservas depositadas en la Fed a partir de 2014.

Sin embargo, hay voces que advierten sobre los riesgos de actuar precipitadamente. Clemens Fuest, del Instituto IFO para la Investigación Económica de Alemania, señaló que repatriar el oro “solo añadiría gasolina al fuego” y podría tener consecuencias no deseadas. Los costos logísticos y de seguridad de trasladar semejante volumen de metal también son considerables.
Por ahora, ningún país europeo tomó la decisión formal de repatriar su oro en la era Trump. Pero las palabras de Christine Lagarde, presidenta del BCE, resuenan con inusual pertinencia: “En la historia del sistema monetario internacional, hay momentos en que los cimientos que parecían inamovibles comienzan a tambalearse.”




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