El ambicioso proyecto de Volkswagen para conquistar el mercado estadounidense de vehículos eléctricos off-road sufrió un golpe significativo. Según reveló el semanario alemán Der Spiegel, el lanzamiento comercial de la marca Scout, que iba a producirse entre fines de 2026 y principios de 2027, se postergó hasta el verano de 2028. Se trata de un retraso de casi dos años para un proyecto en el que el Grupo Volkswagen ya invirtió más de US$ 3.000 millones, incluyendo la construcción de una planta de fabricación en Carolina del Sur, Estados Unidos.
Una marca histórica con nueva vida eléctrica
Scout no es un nombre nuevo para los aficionados al todo terreno en Estados Unidos. La marca original perteneció a la empresa International Harvester, que fabricó vehículos utilitarios en Indiana entre 1961 y 1980 antes de desaparecer. Volkswagen adquirió los derechos en 2022 y anunció su intención de relanzarla como una firma independiente centrada en camionetas y SUV eléctricos diseñados específicamente para el mercado norteamericano.

Los modelos presentados son el SUV Traveler y la pick-up Terra, que aparecieron como prototipos en 2024 y volvieron a exhibirse en 2025 en versiones más próximas a la producción final. Las variantes eléctricas puras prometen una autonomía de unos 560 kilómetros, mientras que las versiones “Harvester” con extensor de autonomía llegarían a los 805 kilómetros.
La arquitectura técnica incluye un sistema de 800 voltios derivado de la plataforma MEB de Volkswagen, carga rápida de hasta 350 kW, protocolo bidireccional V2L y V2H, chasis de largueros, suspensión independiente y bloqueo de diferenciales. La potencia estimada rondaría los 800 HP.
El problema del software y la alianza con Rivian
El principal obstáculo técnico detrás del retraso es el desarrollo del sistema EREV —Extended Range Electric Vehicle—, una tecnología que combina propulsión eléctrica con un pequeño motor de gasolina que actúa exclusivamente como extensor de autonomía. El software necesario para gestionar esa integración está tomando más tiempo del previsto.

Parte de la dificultad proviene de los límites del acuerdo tecnológico entre Volkswagen y Rivian. Según Der Spiegel, ese contrato cubría únicamente el desarrollo de la arquitectura eléctrica básica, lo que obligó al equipo interno de Volkswagen a desarrollar por su cuenta el software específico para las versiones EREV. A eso se suma la complejidad de integrar físicamente el motor de gasolina en la parte trasera de ambos vehículos, algo que resultó más difícil de lo que los ingenieros de Scout habían anticipado.
Presión financiera y recortes del 20 por ciento
El retraso también responde a decisiones estratégicas del CEO del Grupo Volkswagen, Oliver Blume, quien impuso recortes de costos de hasta el 20 por ciento en distintas áreas del conglomerado. Scout, con su inversión inicial de US$ 3.000 millones que ya superó las proyecciones originales en parte por la construcción de un parque de proveedores adyacente a la planta —sin subsidio estatal—, se convirtió en uno de los focos de mayor escrutinio interno.

Los ejecutivos del grupo consideran que las instalaciones de Carolina del Sur no generarán ingresos reales hasta al menos un año después de lo previsto originalmente. En ese contexto, incluso se evalúa utilizar parte de la planta para fabricar modelos de Audi destinados al mercado estadounidense, lo que añade otra capa de incertidumbre al proyecto.
Un mercado que no facilita las cosas
El contexto externo tampoco ayuda. La administración del presidente Donald Trump eliminó los créditos fiscales federales para vehículos eléctricos y redujo los incentivos para la construcción de infraestructura de carga, lo que enfría las perspectivas de demanda. Scout deberá además competir contra marcas con décadas de presencia en el segmento de pick-ups, como Ford con su F-150 Lightning y Chevrolet con la Silverado EV, además de Rivian, que ya consolidó su posicionamiento en el mercado eléctrico off-road.

A pesar de todo, la demanda anticipada es notable: según el sitio especializado Carscoops, Scout acumula más de 150.000 reservas, con el 85 por ciento correspondiente a las versiones de rango extendido. La marca incluyó en su letra chica que “las proyecciones están sujetas a cambio sin previo aviso”, lo que la protege legalmente pero no necesariamente preserva el entusiasmo de quienes reservaron hace meses o años. El retraso no implica cancelación. Pero en una industria donde tres años pueden redefinir por completo el mapa competitivo, Volkswagen tendrá que llegar en 2028 con algo que justifique la espera.





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