Marcelo Ponte no es el prototipo del ejecutivo farmacéutico que uno podría imaginar. Es médico especialista en Medicina Interna y Farmacología Clínica, politólogo, maratonista vocacional y, según él mismo admite con humor, un hombre que durante la pandemia llegó a quedarse sin ropa porque la fue regalando de a poco. El 26 de marzo participó como protagonista del primer encuentro del ciclo CEO Unplugged 2026, organizado por AHK Joven —la red de jóvenes profesionales de la Cámara Argentino-Alemana de Comercio— en las oficinas de Merck Argentina en el barrio porteño de Saavedra.
Ante un auditorio de no más de veinte personas, en un desayuno descontracturado que respondió fielmente al espíritu del ciclo, Ponte habló sin filtros de su trayectoria, su filosofía de liderazgo y los desafíos que enfrenta la industria farmacéutica en la Argentina y en el mundo.
De Nogoyá al Allianz Arena corporativo
Ponte nació en Nogoyá, Entre Ríos, una ciudad de unos 20.000 habitantes donde, según recuerda, había un solo colegio y los hijos del juez compartían banco con los de cualquier otro vecino. Esa infancia en una comunidad pequeña, con padres bioquímicos y una cultura familiar marcada por valores de solidaridad y conciencia social, dejó una impronta que él mismo reconoce como fundacional. “Siempre me consideré afortunado por lo que tuve”, dijo.

Estudió Medicina en Buenos Aires, completó especializaciones en Medicina Interna y Farmacología Clínica, realizó estudios de farmacopolítica en Harvard University y en la London School of Economics, y más tarde, ya en plena pandemia, terminó una licenciatura en Ciencias Políticas que venía postergando desde sus años en el Ministerio de Salud. “En el medio de todo ese caos, leer filosofía política y macroeconomía era como un cable a tierra”, explicó.
Su carrera clínica comenzó en el Hospital Argerich, donde trabajó durante más de una década y coordinó la red de farmacovigilancia de la Ciudad de Buenos Aires. Luego llegó el salto al Estado: fue convocado por un funcionario que lo había conocido durante su residencia y lo incorporó al Ministerio de Salud de la Nación, donde se desempeñó como Director Médico con foco en políticas farmacéuticas. “En el ministerio levantabas el teléfono y tenías tres opciones: o te puteaban los pacientes que no tenían medicación, o te puteaban las droguerías y laboratorios a los que no les habían pagado, o te puteaban las provincias. Era todo negociación”, recordó con una sonrisa.

El ingreso a la industria: una cadena de coincidencias
La historia de cómo llegó a Merck tiene todos los ingredientes de una buena anécdota. Tras un breve paso por Swiss Medical Group como jefe de políticas médicas —donde una promesa incumplida lo llevó a renunciar con bronca y dignidad— bajó del décimo piso del edificio y se cruzó en la planta baja con un representante de la industria farmacéutica que lo visitaba. Esa conversación casual derivó en una propuesta.
Firma mediante —que hizo viajando desde Rosario durante un receso de una conferencia que estaba dando en la ciudad Santafesina y volviendo para concluir el evento que lo tenía como principal orador en pleno caos vial del 20 de diciembre de 2017— ingresó a Merck en el área de acceso al mercado. En 2021 asumió la dirección de Oncología en Argentina y, desde 2023, lidera la operación del grupo en el país y el negocio de Healthcare para el Cono Sur.

Ponte atribuye su ascenso a una combinación de preparación, timing y contexto. “Cuando me nombraron gerente general, todos los que competían conmigo tenían 25 años de industria farmacéutica. Pero nadie tenía el bagaje heterodoxo. Yo creo que si Argentina hubiera sido Suiza o Alemania, jamás hubiera sido gerente general. Pero en ese momento el país necesitaba a alguien que entendiera lo que estaba pasando del otro lado.”
El criterio por encima de los datos
Una de las ideas más recurrentes en la charla fue la primacía del criterio clínico y profesional sobre la aplicación mecánica de protocolos. Ponte la ilustró con una anécdota de su residencia en el Argerich: un paciente oncológico con fiebre a las tres de la mañana, las guías médicas que desaconsejaban administrar antibióticos, y un compañero de residencia —con menos título pero más criterio— que insistió en dárselos de todos modos. El paciente descompensó horas después y el antibiótico fue determinante para su recuperación. “Me sigo acordando de eso cada cinco o seis días. Fue un antes y un después”, dijo. “El criterio siempre tiene que prevalecer sobre los datos duros.”

Esa enseñanza temprana, reforzada por la influencia de un profesor de Clínica Médica que lo marcó en la facultad, se traduce hoy en su estilo de gestión. “Hay que quemar un poco los libros y salirse”, resumió.
Liderazgo, zona de confort y cultura organizacional
Ponte describió su trayectoria como una sucesión de salidas voluntarias de la zona de confort, cada una de las cuales le dejó un capital de experiencia que los perfiles más lineales difícilmente pueden acumular. “Fui médico prescriptor, hacedor de política, financiador privado y ahora estoy en la industria. Cada salto me dejó algo que la gente que nunca saltó no tiene”, explicó.
En Merck encontró una cultura organizacional que valora lo que él llama el disagree openly: la capacidad de disentir abiertamente sin que eso tenga consecuencias. “Jamás tuve una represalia por decir lo que pensaba, y eso es un capital enorme”, afirmó. También destacó la importancia de humanizar el negocio: cuando asumió la dirección de Oncología, su primera decisión fue invertir en el equipo humano antes que en actividades comerciales. Llevó al grupo a jugar a un paintball y a pasar una tarde juntos. Algunos, reconoció, cuestionaron la iniciativa. “Pero uno tiene que tomar decisiones en base a lo que le parece mejor, no para que le digan que es un genio”, dijo.

El futuro de Merck y la inteligencia artificial
Sobre el horizonte estratégico de la compañía, Ponte anticipó que Merck está reconvirtiendo su portfolio hacia enfermedades raras y tumores poco frecuentes, especialmente en oncología. “Argentina va a ser probablemente uno de los primeros dos, tres, cuatro países en tener esos productos”, señaló.
Respecto al impacto de la inteligencia artificial en la industria farmacéutica, fue entusiasta pero matizado.
Destacó que el desarrollo de nuevos fármacos, que antes demandaba hasta veinte años desde la idea inicial hasta la comercialización, hoy puede reducirse a cinco o seis gracias en parte a herramientas de IA aplicadas al diseño molecular. También mencionó dispositivos conectados que permiten monitorear en tiempo real la adherencia de los pacientes a tratamientos inyectables. “Bien usada, la IA ayuda: maneja más datos, más rápido, y puede generar personalización en la medicina. El gran desafío es que llegue igual para todos”, advirtió.

La vocación como brújula
Al cierre de la charla, cuando el público le preguntó por su motivación cotidiana, Ponte fue directo: “Mi vocación es lo que me mueve. Me levanto todos los días con ganas de venir acá.” Y añadió algo que funcionó como síntesis de toda la conversación: “El que se mueve solo por la plata, jamás. En todos estos años, en ningún lugar, jamás coincidí con ellos.”







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