Por más de siete décadas, Suiza sostuvo una prohibición insólita en el mundo del automovilismo. No permitió carreras en circuitos cerrados dentro de su territorio. La decisión nació tras una tragedia que conmocionó al planeta entero: el desastre de las 24 Horas de Le Mans de 1955, el accidente más brutal en la historia de las competencias automovilísticas.
Ahora, el gobierno suizo confirmó el fin de aquella restricción histórica. A partir del 1° de julio, volverán a estar habilitadas las competencias en circuitos cerrados, aunque bajo estrictos controles ambientales y de seguridad. La medida pone fin a una ley que permaneció vigente durante 71 años y que transformó a Suiza en una excepción absoluta dentro del deporte motor europeo.
La prohibición nació después de una tarde marcada por el horror. El 11 de junio de 1955, durante las 24 Horas de Le Mans, el piloto francés Pierre Levegh chocó con otro vehículo y perdió el control de su Mercedes-Benz 300 SLR. El auto salió despedido hacia una tribuna colmada de espectadores y explotó en medio del público. Murieron 82 personas en las gradas y también el propio piloto francés.
El impacto fue tan fuerte que varios países suspendieron carreras inmediatamente. Pero Suiza fue mucho más lejos.
El desastre que cambió para siempre al automovilismo

La edición de 1955 de las 24 Horas de Le Mans reunía a unas 250.000 personas. La expectativa era enorme. El gran duelo enfrentaba a Jaguar y Mercedes-Benz, dos fabricantes que dominaban el automovilismo europeo de la época.
Entre los protagonistas estaba Juan Manuel Fangio, que corría para Mercedes junto al británico Stirling Moss. El argentino peleaba la punta con el británico Mike Hawthorn, piloto de Jaguar.
La tragedia comenzó cuando Hawthorn superó al auto del británico Lance Macklin y frenó bruscamente para ingresar a boxes. Macklin intentó evitar el impacto y movió el vehículo hacia la izquierda. Detrás venía Levegh a toda velocidad. El francés apenas alcanzó a levantar una mano para advertirle a Fangio del peligro antes del choque.
El Mercedes impactó contra el Austin Healey de Macklin y salió catapultado por el aire a unos 240 kilómetros por hora. Después golpeó contra una estructura y explotó. Las piezas del auto se desintegraron y salieron disparadas hacia la tribuna principal. Muchas estaban construidas con una aleación de magnesio extremadamente inflamable, lo que agravó todavía más el incendio.
La escena fue descomunal. Restos metálicos atravesaron al público. Hubo personas decapitadas y decenas de espectadores murieron aplastados o envueltos en llamas. El cronista de la revista Time describió aquella tarde como “una masa de histérico y negro horror”.

Fangio logró salvarse por centímetros. Gracias al gesto desesperado de Levegh, el argentino alcanzó a esquivar los restos del accidente. Más tarde recordaría la escena con una frase que quedó en la historia: “Detrás de mí, dejo el infierno”.
La ley que dejó a Suiza sin carreras durante 71 años
El desastre de Le Mans provocó una reacción inmediata en Europa. Francia suspendió competencias. Alemania y España cancelaron Grandes Premios programados para ese año. Pero Suiza tomó una decisión mucho más radical: prohibió por ley cualquier carrera en circuitos cerrados.
La Fórmula 1 había competido en Suiza de manera ininterrumpida entre 1950 y 1954 en el circuito de Bremgarten, ubicado en Berna. Incluso el último Gran Premio de Suiza, disputado en 1982, debió realizarse en el circuito francés de Dijon debido a la prohibición vigente.
Durante décadas, Suiza convivió con una situación extraña. Tenía pilotos exitosos, equipos técnicos importantes y una fuerte tradición automovilística, pero no podía organizar carreras oficiales en su propio territorio.
De allí surgieron figuras reconocidas como Jo Siffert, Clay Regazzoni, Sébastien Buemi, Neel Jani y Marcel Fässler. Además, en el país funciona la estructura de Audi en Hinwil y también la escudería Jenzer, dedicada a categorías menores de fórmula.

Pese a todo eso, Suiza permaneció sin autódromos y sin competencias durante más de siete décadas. La única excepción llegó en 2018 y 2019, cuando el gobierno federal autorizó carreras de Fórmula E en las calles de Zúrich y Berna. La categoría eléctrica recibió el visto bueno por sus menores niveles de ruido y emisiones.
Qué puede pasar ahora con la Fórmula 1 y el automovilismo suizo
El levantamiento de la prohibición no implica un regreso inmediato de la Fórmula 1 a Suiza. El país no tiene autódromos homologados y cualquier proyecto requerirá inversiones millonarias. Además, cada cantón tendrá poder para aprobar o rechazar competencias según criterios vinculados al ruido, la seguridad y el impacto ambiental.
La decisión, sin embargo, fue celebrada por distintos sectores del automovilismo suizo. La dirigente Laura Villars, que intentó competir por la presidencia de la FIA, publicó un mensaje en redes sociales para destacar el fin del veto.
El cambio también reabrió el debate sobre las condiciones de seguridad en el deporte motor. En 1955, el circuito de La Sarthe prácticamente no tenía medidas reales de protección para el público. Las tribunas eran temporales y los autos alcanzaban velocidades enormes para la época.
Aun así, una parte de aquella historia permaneció congelada en Suiza durante 71 años. El país decidió finalmente cerrar esa etapa y abrir otra completamente distinta. La memoria de las víctimas sigue presente, pero el gobierno entendió que el automovilismo moderno funciona bajo estándares muy diferentes a los de 1955.



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