Friedrich Merz presentó el paquete de reformas económicas más importante de su gobierno con una promesa ambiciosa: volver a poner en marcha a Alemania. Tras meses de negociaciones internas, la coalición entre la CDU/CSU y el SPD acordó 34 medidas para aliviar impuestos, flexibilizar el mercado laboral, reducir burocracia y estabilizar los sistemas de salud y pensiones.
Pero apenas anunciado el acuerdo, varios de los principales economistas del país coincidieron en un diagnóstico incómodo: el plan puede ser un primer paso, aunque difícilmente alcance para sacar a la mayor economía europea de un estancamiento que ya lleva tres años.
Un paquete para mostrar iniciativa
La coalición resolvió el acuerdo en una reunión de siete horas y media en la Cancillería, sin la crisis abierta que muchos esperaban. Para Merz, canciller federal y líder de la CDU, el resultado demuestra que el Gobierno todavía puede actuar. “Queremos volver a poner en marcha a Alemania. Ahora está claro que eso es posible”, afirmó al presentar el paquete.
El plan incluye una rebaja del impuesto a la renta por unos 10.000 millones de euros desde el 1 de enero de 2027. Según los cálculos oficiales, una familia trabajadora con dos hijos y un ingreso imponible conjunto de 60.000 euros podría pagar hasta 600 euros menos por año. A cambio, la llamada “tasa para ricos” comenzaría a aplicarse antes y subiría al 47% para ingresos superiores a 280.000 euros.

En el mercado laboral, el Gobierno postergó uno de los puntos más conflictivos: el reemplazo de la jornada diaria de ocho horas por un esquema semanal más flexible. Esa decisión evitó una pelea mayor con los sindicatos, pero irritó a los empresarios. A cambio, se ampliarán los márgenes para contratos temporales y se eliminará la baja médica telefónica, una medida que había ganado uso desde la pandemia.
La economía sigue sin despegar
El paquete llega en un momento delicado. Después de dos años de recesión, la economía alemana apenas creció 0,2% en 2025, según Destatis. La Comisión Europea prevé una recuperación débil: 0,6% en 2026 y 0,9% en 2027.

La industria, durante décadas el corazón del modelo alemán, sigue bajo presión. Costos energéticos elevados, competencia china, atraso relativo en tecnologías digitales, tensiones comerciales con Estados Unidos y una demanda global más frágil golpearon especialmente al sector exportador. Algunas estimaciones privadas señalan que la producción industrial todavía se ubica alrededor de 12% por debajo del nivel previo a la pandemia.
En ese contexto, incluso las señales positivas aparecen con cautela. El índice de clima empresarial del Ifo subió en junio de 85,0 a 85,6 puntos, pero continúa lejos de los niveles históricos de confianza que acompañaron los mejores años de la economía alemana. El propio instituto señaló que las empresas perciben un entorno algo menos incierto, aunque siguen pendientes de la evolución geopolítica.
Los economistas piden más
Las primeras evaluaciones de los institutos económicos fueron prudentes, pero severas.
Marcel Fratzscher, presidente del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW), consideró que el paquete apenas marca el comienzo. “Quien crea que el Gobierno ya ha superado la parte más difícil de las reformas, se equivoca”, advirtió. A su juicio, Alemania necesita una ofensiva de inversión pública y privada, una reforma tributaria más profunda y una mayor integración europea para protegerse frente a la competencia de Estados Unidos y China.

Clemens Fuest, presidente del Instituto Ifo de Múnich, fue en la misma línea. Reconoció que las medidas pueden aportar, pero señaló como principal debilidad la falta de un plan sólido para contener el crecimiento del gasto público. Sin esa consolidación, advirtió, los alivios fiscales serán difíciles de sostener en el mediano plazo.
Achim Wambach, presidente del ZEW de Mannheim, también vio efectos positivos, aunque insuficientes. Para él, Alemania necesita medidas adicionales si quiere volver a ser un destino atractivo para la inversión. Los altos costos de la energía, la regulación excesiva y la falta de mano de obra calificada siguen funcionando como frenos estructurales.
Una reforma económica con urgencia política
El paquete no solo busca reactivar la economía. También intenta recomponer la autoridad política de una coalición golpeada.

Un primer intento de acuerdo había fracasado en abril, en la Villa Borsig, y dejó a la alianza entre conservadores y socialdemócratas al borde de una crisis mayor. Desde entonces, las encuestas empeoraron para los partidos de gobierno y la AfD logró desplazar a la Unión como primera fuerza en algunos sondeos.
Por eso, la puesta en escena también importó. Esta vez no hubo negociación nocturna interminable ni reproches públicos. Los líderes de la coalición salieron juntos al jardín de la Cancillería para presentar los resultados. Markus Söder, jefe de la CSU, admitió que no se trataba de un “Big Bang”, pero sí de un paso para salir de la crisis. Bärbel Bas, ministra de Trabajo y dirigente del SPD, destacó la voluntad de compromiso entre los socios.

La reacción de los actores sociales fue mixta. Rainer Dulger, presidente de la patronal alemana, habló de un “cambio de rumbo” esperado, aunque desde el sector empresario también surgieron dudas sobre la capacidad real del paquete para generar crecimiento. Yasmin Fahimi, presidenta de la central sindical DGB, prometió acompañar el proceso de manera “constructiva y comprometida”, pero los sindicatos cuestionaron especialmente la eliminación de la baja médica telefónica.
El verdadero problema: la confianza
La pregunta de fondo es si las medidas alcanzarán para cambiar el clima económico y social.
Merz pidió a los ciudadanos desarrollar “ganas de futuro” para el país. La frase revela el punto más sensible del momento alemán: la crisis no es solo de crecimiento, sino también de expectativa. Empresas que no invierten, consumidores que postergan decisiones, trabajadores que temen por la estabilidad de sus empleos y votantes que pierden confianza en la capacidad del sistema político para resolver problemas.

Fratzscher lo expresó de manera directa: “La confianza es más importante que cualquier paquete de reformas”. Esa frase resume mejor que ninguna otra el desafío de Merz. Las leyes pueden reducir impuestos, simplificar trámites o flexibilizar contratos. Pero para que la economía vuelva a moverse, Alemania necesita algo más difícil de decretar: la convicción de que el país tiene rumbo.
El Gobierno consiguió un acuerdo. Ahora debe demostrar que no es solo una lista de medidas, sino el comienzo de una recuperación creíble. En una Alemania acostumbrada durante décadas a ser sinónimo de estabilidad, eficiencia y previsibilidad, recuperar esa confianza puede ser la reforma más difícil de todas.





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