La Selección de Alemania de Julian Nagelsmann quedó afuera del Mundial 2026 en los dieciseisavos de final, cayó por penales ante Paraguay y volvió a convertir una Copa del Mundo en un examen doloroso sobre su propia identidad futbolística. Ya no se trató solo de una derrota inesperada: fue el tercer fracaso mundialista consecutivo de una selección que, desde el título de 2014, parece haber perdido la seguridad que durante décadas la hizo temible.
Julian Nagelsmann no se baja
Julian Nagelsmann, seleccionador alemán de 38 años, fue directo después del 1-1 y la derrota 4-3 en los penales en Foxborough, cerca de Boston. “Me gustaría seguir, sí”, afirmó. En otra entrevista reforzó la idea: “Estoy disponible. No soy alguien que huye. Eso está descartado”. Su contrato con la Federación Alemana de Fútbol (DFB) llega hasta la Eurocopa 2028.

La frase sonó a resistencia, pero también a desafío institucional. Nagelsmann dejó la decisión en manos de la DFB: si el organismo no quiere que continúe, deberá decírselo. El técnico, que asumió en septiembre de 2023 como sucesor de Hansi Flick, llegó al cargo como una apuesta fuerte del director deportivo Rudi Völler.
Paraguay, el golpe que cambió el debate
El partido dejó una imagen difícil de procesar para Alemania. Paraguay abrió el marcador con Julio Enciso, Kai Havertz empató y, tras 120 minutos, la definición por penales terminó con los errores alemanes de Havertz, Nick Woltemade y Jonathan Tah. Fue, además, la primera derrota de Alemania en una tanda de penales mundialista.
Nagelsmann hizo autocrítica, aunque también dejó una frase que generó ruido: “Si te elimina Paraguay, no somos un equipo de primer nivel. Ya no”. El entrenador sostuvo que Alemania no jugó “lo suficientemente bien” para superar al rival y admitió que el equipo atacó con lentitud, defendió mal en la acción del gol paraguayo y no encontró velocidad ni precisión en los metros finales.

La única defensa fuerte que ensayó estuvo vinculada al gol anulado a Tah en el alargue, por una supuesta falta previa de Waldemar Anton sobre el arquero Orlando Gill. Nagelsmann calificó la decisión como “una broma” y luego como “un escándalo absoluto”. También el ex árbitro Lutz Wagner, consultado por ARD, consideró que no veía una infracción clara.
La prensa alemana apunta al entrenador
El problema para Nagelsmann es que la discusión no quedó atrapada en el VAR. Buena parte de la prensa alemana fue mucho más allá. La revista 11 Freunde habló de “la nueva realidad del fútbol alemán” y advirtió que repetir la paciencia que el DFB tuvo con Joachim Löw después de 2018 y con Hansi Flick después de 2022 sería otro error.

La Süddeutsche Zeitung fue todavía más directa: sostuvo que, si un plantel con futbolistas de jerarquía internacional vuelve a fallar de ese modo, la responsabilidad principal recae en el entrenador. La Leipziger Volkszeitung afirmó que Nagelsmann “no es sostenible” en el cargo y cuestionó sus contradicciones tácticas, comunicacionales y de nombres.
Bild, fiel a su estilo, reclamó un corte inmediato: “Nagelsmann debería irse y Jürgen Klopp venir”. La posibilidad de Klopp, hoy vinculado a Red Bull como responsable global de fútbol, apareció enseguida como el nombre inevitable en la discusión pública alemana.
“Entiendo que cuando se habla del seleccionador nacional, mi nombre se menciona de alguna manera. Pero no es el momento de hablar de ello”, dijo el propio Klopp apenas después de la eliminación.
No todos ven un único culpable
La mirada más matizada llegó desde la Frankfurter Allgemeine Zeitung. Para la FAZ, Nagelsmann no es el único responsable, del mismo modo que tampoco lo fueron en soledad Löw o Flick. El diagnóstico fue más profundo: Alemania ya no cuenta con una base de clase mundial tan amplia como en otras épocas y depende de futbolistas capaces de rendir en contextos muy específicos, pero no siempre de sostener un equipo dominante.

Ese punto conecta con un dato incómodo: desde que ganó el Mundial de Brasil 2014, Alemania solo consiguió cuatro triunfos mundialistas. Venció a Suecia en 2018, a Costa Rica en 2022, y a Curazao y Costa de Marfil en 2026. En ese período quedó eliminada en fase de grupos en Rusia y Qatar, y ahora ni siquiera llegó a los octavos de final.
Una crisis que excede la cancha
La lectura más inquietante apareció en medios como Stern y Bild, que vincularon el derrumbe deportivo con el clima general de Alemania. Stern habló de un equipo que refleja el estado de ánimo del país. Bild fue más lejos y trazó un paralelo entre la selección y una Alemania atravesada por dificultades económicas, problemas de infraestructura, tensión política y pérdida de confianza en símbolos que antes parecían indiscutibles.

Esa comparación puede ser discutible, pero explica por qué la eliminación produjo un impacto mayor que el de un simple resultado deportivo. La selección alemana no fue históricamente un equipo más: fue un símbolo de eficacia, carácter competitivo y estabilidad. Por eso, cada fracaso mundialista parece abrir una pregunta más amplia sobre el lugar de Alemania en el mundo y sobre la vigencia de algunos de sus viejos consensos.
Lothar Matthäus, campeón del mundo en Italia 90, avizoró el final del ciclo de Nagelsmann. “Ha sido demasiado. Probablemente haya mucho que resolver, tanto dentro como fuera del campo”, aseveró en declaraciones a Bild.
La DFB, ante una decisión inevitable
Nagelsmann quiere seguir. Ese dato está claro. Pero la continuidad ya no depende solo de su voluntad. La DFB deberá decidir si interpreta la caída ante Paraguay como un accidente dentro de un proceso todavía recuperable o como la confirmación de que el ciclo llegó a un límite.

El próximo partido oficial de Alemania será el 24 de septiembre, ante Países Bajos, por la Nations League. Hasta entonces, el debate seguirá abierto. La pregunta ya no es únicamente si Nagelsmann debe continuar. La verdadera discusión es si el fútbol alemán todavía sabe qué camino tomar para dejar de mirar 2014 como un recuerdo cada vez más lejano.




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