La respuesta de Múnich al aumento de las temperaturas no llegó desde los techos de los edificios ni mediante la instalación masiva de nuevos equipos de aire acondicionado. La ciudad apostó por ampliar una infraestructura subterránea que utiliza el agua fría del río Isar y de un arroyo que atraviesa el subsuelo para refrigerar cientos de inmuebles con mayor eficiencia energética, una estrategia que también forma parte de su adaptación al cambio climático.
Debajo de la plaza Karlsplatz-Stachus, en el tercer subsuelo, funciona la principal central de la mayor red de refrigeración urbana de Alemania. Desde allí, las Stadtwerke München (SWM), la empresa municipal de servicios públicos, distribuyen agua fría a través de una red de aproximadamente 25 kilómetros de cañerías que abastece hoteles, edificios de oficinas, centros de datos, comercios, viviendas y otros inmuebles que requieren climatización.
El sistema aprovecha un principio sencillo. El agua fría proveniente del Isar y del Westlicher Stadtgrabenbach, un arroyo subterráneo que atraviesa el casco histórico de Múnich, circula hasta la central de refrigeración. Allí, mediante intercambiadores de calor, absorbe la temperatura de los edificios conectados sin mezclarse con sus instalaciones internas. Luego regresa al curso de agua apenas unos cinco grados más caliente.

Stefan Birle, responsable del área de refrigeración urbana de SWM, explicó que desde la central ubicada en Stachus “enfriamos el centro de Múnich” y señaló que la red abastece a “hoteles, centros de datos, grandes tiendas, edificios de oficinas y también edificios residenciales que necesitan refrigeración debido a las condiciones climáticas”.
Menor consumo eléctrico y menos emisiones
La refrigeración urbana se presenta como una alternativa a los equipos individuales de aire acondicionado. Al concentrar la producción del frío en instalaciones de gran escala, el sistema mejora la eficiencia energética y reduce significativamente el consumo eléctrico.
“Necesitamos aproximadamente solo un tercio de la electricidad que requerirían los clientes si cada uno produjera su propia refrigeración”, sostuvo Birle.

Según SWM, la utilización de agua subterránea y de cursos naturales permite reducir hasta cerca del 70% del consumo eléctrico respecto de sistemas convencionales de climatización descentralizados. Además, la empresa estima que la red evita miles de toneladas de emisiones de dióxido de carbono cada año al reemplazar numerosos equipos individuales y disminuir el calor residual liberado al ambiente urbano.
Un gigantesco banco de hielo bajo tierra
Uno de los elementos más llamativos del sistema se encuentra dos pisos por debajo de la central principal.
Allí se almacenan alrededor de 170.000 kilogramos de hielo distribuidos en grandes depósitos térmicos. No se trata de una reserva permanente, sino de un sistema que permite acumular frío durante los momentos de menor demanda y liberarlo cuando las temperaturas exteriores alcanzan sus máximos.

Birle explicó que el almacenamiento aprovecha el cambio de estado del agua para conservar energía térmica. “Utilizamos la transición de agua a hielo para poder almacenar el frío”, afirmó.
Esta capacidad resulta especialmente útil durante las olas de calor, cuando la demanda de refrigeración aumenta en toda la ciudad.
Una infraestructura que seguirá creciendo
La red comenzó a expandirse de manera sostenida en 2011 y actualmente abastece numerosos edificios ubicados entre Kaufingerstraße, Marienplatz, Odeonsplatz, la estación central de trenes y distintas sedes empresariales, entre ellas oficinas de Google.

La expansión continuará en los próximos años. SWM prevé poner en funcionamiento una nueva central de refrigeración en Thalkirchen y extender la red hasta el barrio de Schwabing antes de 2030, respondiendo a una demanda que, según la empresa, continúa creciendo.
El desarrollo de esta infraestructura exige abrir calles para instalar nuevas tuberías, una tarea que suele generar molestias temporales, pero que forma parte de una estrategia más amplia para adaptar la ciudad al cambio climático. Mientras muchas ciudades enfrentan el aumento de las temperaturas multiplicando equipos individuales de aire acondicionado, Múnich apuesta por una solución colectiva que combina eficiencia energética, aprovechamiento de recursos naturales y planificación urbana de largo plazo.




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