En Austria la sequía golpeó con fuerza al campo y puso bajo presión a uno de los cultivos estratégicos para la alimentación animal: la soja. La Landwirtschaftskammer (Cámara de Agricultura) estimó que las pérdidas de la cosecha podrían ubicarse entre 20% y 70% según la zona, una caída que amenaza con profundizar la dependencia de proveedores externos, entre ellos la Argentina.
El problema excede a la oleaginosa. Los rendimientos del conjunto de los cereales, sin contar el maíz, se encuentran alrededor de 20% por debajo de 2025 y 14,4% debajo del promedio de los últimos cinco años, según los datos recogidos por Der Standard. Para el maíz, algunos productores incluso advierten sobre pérdidas totales en determinadas áreas.
La soja todavía conserva mayoritariamente su color verde, pero algunas variedades comenzaron a perder flores y muchas plantas presentan escaso desarrollo. Las temperaturas elevadas y la falta de agua afectan directamente su crecimiento.

La situación se inscribe en una sequía mucho más amplia. A mediados de julio, cerca del 90% de las estaciones austríacas de medición de aguas subterráneas registraban niveles bajos o muy bajos. Además, un análisis de World Weather Attribution concluyó que el calentamiento global multiplicó aproximadamente por once la probabilidad de este tipo de sequías agrícolas en la región europea que incluye a Austria y Alemania.
Austria produce mucho más que el promedio europeo
El impacto resulta especialmente relevante porque Austria ocupa una posición poco habitual dentro de la Unión Europea: normalmente logra cubrir alrededor del 40% de su demanda de soja con producción propia, mientras que el promedio comunitario apenas supera el 6%.

Con unas 83.000 hectáreas sembradas, el país suele ubicarse entre los principales productores de soja de la UE, detrás de Italia y Francia según la campaña. La oleaginosa tiene además una función difícil de reemplazar: contiene aproximadamente 40% de proteínas y su harina constituye una fuente fundamental de proteína para la alimentación de animales de producción.
La conexión argentina
Una cosecha austríaca más débil implica una mayor necesidad de importaciones. Y allí aparece directamente Sudamérica: aproximadamente una cuarta parte de la soja utilizada en Austria procede de Brasil y una quinta parte, de la Argentina.
La relación comercial se concentra principalmente en la alimentación animal. La soja importada llega sobre todo como insumo para producir carne, huevos y lácteos. En el conjunto de la Unión Europea, Brasil, Argentina y Estados Unidos concentran cerca del 90% del abastecimiento externo de soja, de acuerdo con los datos citados por Der Standard.

Aurélie Tournan, representante de la organización europea Donau Soja, explicó que esta dependencia tiene raíces históricas. “Después de la Segunda Guerra Mundial, las regiones del mundo se especializaron”, señaló. Europa se concentró en cultivos como el trigo mientras Estados Unidos, y posteriormente Sudamérica, desarrollaron una posición dominante en la soja.
El cultivo comienza a desplazarse hacia el norte
El problema podría volverse estructural. Franz Sinabell, economista agrario del Instituto Austríaco de Investigación Económica (WIFO), advirtió que la situación actual no debería considerarse excepcional: “Tenemos que prepararnos para esto”.

Johann Vollmann, investigador de la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias de la Vida de Viena (BOKU), observa ya un desplazamiento geográfico. “La soja claramente está migrando hacia el norte, y ahora ocurre rápidamente”, explicó.
El calor puede detener el crecimiento de la planta incluso cuando dispone de suficiente agua. La adaptación exige entonces nuevas variedades y un corrimiento de las áreas productivas hacia regiones más septentrionales. Polonia y, en menor medida, zonas de Escandinavia comienzan a ganar terreno.
Una dependencia difícil de eliminar
Sin embargo, trasladar la producción no resolverá completamente el problema. Tournan estima que, aun aprovechando el potencial agrícola de Europa en sentido amplio, incluida Ucrania, la región difícilmente podría superar un 50% de autoabastecimiento de soja en el mediano plazo.
El escenario abre así una paradoja para Austria: uno de los países europeos con mayor capacidad para producir su propia soja puede necesitar más producto extranjero precisamente por el impacto climático sobre sus campos.
Para la Argentina, esa vulnerabilidad europea tiene una consecuencia económica concreta. Si las pérdidas austríacas finalmente se acercan a las estimaciones más severas, la necesidad de cubrir el déficit mediante importaciones puede reforzar el papel de la soja argentina dentro de una cadena alimentaria europea que todavía depende fuertemente de Sudamérica.





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