Rusia cierra el último consulado alemán y obliga a sus empl
Rusia ordenó el cierre del Consulado General de Alemania en San Petersburgo y exigió que todos sus empleados abandonen el país antes del 18 de septiembre. Moscú también dispuso el cese de las actividades del Instituto Goethe y dio plazo hasta el 13 de septiembre para la salida de su personal extranjero.
La medida fue presentada como una represalia por la decisión de Alemania de cerrar el consulado ruso en Bonn y avanzar con el fin de la Casa Rusa de Berlín. Ambas resoluciones fueron tomadas después de que el Gobierno alemán responsabilizara a Moscú por un intento de ataque con un dron cargado de explosivos en el aeropuerto de Leipzig/Halle.
El consulado de San Petersburgo era la única representación consular alemana que continuaba abierta en Rusia fuera de la embajada en Moscú. Su clausura deja la relación diplomática reducida a su mínima expresión desde el comienzo de la invasión de Ucrania.
La respuesta rusa al cierre en Bonn
En este mismo contexto, el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, acusó a Alemania de iniciar una “guerra de verdad” contra Rusia, debido a la reacción de Berlín ante la supuesta implicación de Moscú en el incidente ocurrido en agosto pasado con un dron en el aeropuerto de Leipzig.
“En el aeropuerto de Leipzig encontraron un dron. Dijeron que es ruso y nadie se molestó en investigar más. A grandes rasgos, esto es esencialmente el comienzo de una guerra de verdad”, dijo Lavrov, en declaraciones a la televisión rusa.
“Fueron las autoridades alemanas las que provocaron una nueva ronda de escalada”, afirmó la Cancillería rusa. También dijeron que el Gobierno de Berlín carga con “toda la responsabilidad” por las consecuencias del deterioro bilateral. Alemania había anunciado el 1 de septiembre el cierre del consulado ruso en Bonn, también con fecha límite del día 18. El canciller Friedrich Merz y el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, acordaron la medida dentro del Consejo Nacional de Seguridad.

Berlín también rescindió el acuerdo que permite el funcionamiento de la Casa Rusa, un centro de ciencia y cultura ubicado en la capital alemana. El convenio contempla plazos que podrían extender su cierre formal hasta 2027, pero el Gobierno ya exigió la salida de los empleados enviados por Moscú.
La Casa Rusa pertenece a Rossotrudnitschestvo, una agencia estatal incluida en la lista de sanciones de la Unión Europea desde 2022. Pese a esas restricciones, el centro continuaba ofreciendo cursos, exposiciones, películas y otras actividades culturales.
El dron con explosivos que originó la crisis
El episodio que desencadenó las represalias fue el 4 de agosto en el aeropuerto de Leipzig/Halle. Las autoridades encontraron un drone con explosivos cerca de un avión ucraniano estacionado en la terminal.
Leipzig/Halle es uno de los principales centros de carga aérea de Europa y cumple una función importante en el envío de suministros hacia Ucrania. El aeropuerto también participa en el sistema de transporte estratégico utilizado por la OTAN para movilizar equipos hacia su flanco oriental.
El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, aseguró que la configuración del drone, sus componentes, el explosivo y el sistema de detonación coincidían con elementos detectados en anteriores operaciones híbridas rusas. La información policial y de inteligencia también apuntó a personas que habrían actuado por encargo de organismos estatales de Rusia.
Wadephul también dijo que la dirigencia rusa decidió “dañar aún más una relación bilateral ya profundamente deteriorada”. Moscú rechazó cualquier participación. El presidente Vladimir Putin sostuvo que las pruebas fueron colocadas para responsabilizar a Rusia, aunque no presentó evidencias para respaldar esa afirmación.
Una relación reducida a las embajadas
La disputa diplomática no comenzó con el episodio de Leipzig. En 2023, Rusia limitó a 350 la cantidad de trabajadores permitidos en las representaciones oficiales, instituciones educativas y organizaciones culturales alemanas dentro de su territorio. Alemania respondió cerrando sus consulados generales en Kaliningrado, Ekaterimburgo y Novosibirsk. Al mismo tiempo, retiró la autorización a cuatro de los cinco consulados rusos que funcionaban en territorio alemán.
San Petersburgo quedó como la última representación consular alemanan. El nuevo intercambio de clausuras elimina esas dos sedes y concentra la actividad diplomática principal en las embajadas de Moscú y Berlín. Por lo tanto, los ciudadanos alemanes que necesiten asistencia en Rusia deberán recurrir a la embajada en Moscú.

El cierre del Instituto Goethe, por su parte, enseñaba alemán, organizaba actividades artísticas, mantenía bibliotecas y administraba exámenes de idioma. Sus primeras sedes rusas abrieron después de la caída del Muro de Berlín y sobrevivieron durante décadas a distintas crisis políticas.
Alemania y Rusia no rompieron formalmente sus relaciones diplomáticas. Las embajadas permanecerán abiertas y los gobiernos conservarán vías de contacto. Sin embargo, la desaparición de sus últimos consulados y centros culturales muestra hasta qué punto se redujeron y tensaron los vínculos.




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