Alemania rechazó durante 2025 alrededor de 400 solicitudes de visa presentadas por investigadores, científicos y estudiantes de China, en un contexto de controles más estrictos sobre proyectos vinculados con tecnologías sensibles y posibles riesgos de espionaje científico. Pese al aumento de las negativas, la gran mayoría de las solicitudes fue aprobada.
La cifra surge de una investigación conjunta de WDR, NDR y Süddeutsche Zeitung basada en fuentes de seguridad. El Gobierno alemán no publica las estadísticas de visas rechazadas por este motivo y sostiene que las decisiones se toman de manera individual.
Unos 400 rechazos, pero miles de aprobaciones
Entre investigadores y científicos chinos hubo en 2025 unas 200 solicitudes rechazadas frente a aproximadamente 2.100 aprobadas. En el caso de los estudiantes, las autoridades denegaron alrededor de 200 visas sobre un total cercano a 9.000 solicitudes. Las negativas habrían aumentado respecto de años anteriores.

China se destaca en las estadísticas de rechazo citadas por la investigación, aunque Irán también registra cifras algo superiores a las de otros países. Para las autoridades de seguridad alemanas, el problema central es el riesgo de que conocimientos desarrollados o adquiridos en universidades y centros de investigación terminen aplicados a objetivos militares o estratégicos.
El Bundesamt für Verfassungsschutz (BfV), la Oficina Federal para la Protección de la Constitución y principal organismo de inteligencia interior de Alemania, identifica entre las áreas especialmente sensibles la computación cuántica, la inteligencia artificial, la industria aeroespacial y la investigación de materiales. Según el organismo, Pekín busca alcanzar en 2049 el liderazgo tecnológico global y obtiene tecnología y conocimiento también mediante cooperaciones con universidades e instituciones científicas alemanas.
El proyecto bajo la lupa
Los controles no se limitan a la nacionalidad del solicitante. De acuerdo con la investigación periodística, las autoridades examinan con mayor detalle los antecedentes académicos, eventuales vínculos con universidades chinas de orientación militar y las características de los proyectos que se desarrollarían en Alemania.

Sinan Selen, presidente del Verfassungsschutz, advirtió ante el Bundestag que existen deficiencias en las medidas para examinar a personas que participan en investigaciones sensibles. “Esperamos un aumento significativo en este ámbito”, afirmó. Selen sostuvo además que universidades y centros científicos necesitan una mayor coordinación para detectar operaciones que individualmente pueden resultar difíciles de identificar.

El debate tiene una dificultad de fondo: la investigación de primer nivel depende del intercambio internacional, pero algunas tecnologías civiles pueden tener también aplicaciones militares. El desafío para las instituciones alemanas consiste, por lo tanto, en identificar riesgos concretos sin transformar el origen nacional de un investigador en una presunción general de sospecha.
Una nueva plataforma de seguridad científica
El Gobierno alemán prepara una Plataforma Nacional para la Seguridad de la Investigación, cuyo inicio está previsto para el otoño boreal de 2026. Según una respuesta oficial al Bundestag, el organismo tendrá una función de coordinación y deberá ayudar al sistema científico a evaluar oportunidades y riesgos de proyectos y cooperaciones, además de reducir posibles amenazas.
Ayse Asar, portavoz de política científica del bloque de Los Verdes en el Bundestag, reclama un panorama más completo sobre la transferencia no deseada de conocimientos y tecnología. Al mismo tiempo, advirtió que la seguridad científica no debe generar una desconfianza generalizada hacia investigadores extranjeros.

La Embajada de China en Berlín rechazó las acusaciones de las autoridades alemanas. Sostuvo que las cuestiones de seguridad deben tratarse dentro de “límites adecuados” y no utilizarse como “instrumento político”. También afirmó que las acusaciones de espionaje contra China “carecen de fundamento”. La discusión deja así una frontera difícil de trazar.
Alemania busca proteger sectores tecnológicos que considera estratégicos, pero al mismo tiempo necesita preservar la cooperación internacional sobre la que se apoya buena parte de su sistema científico. Las cifras de 2025 muestran las dos caras de esa política: los controles se endurecieron y cientos de solicitudes fueron rechazadas, pero miles de investigadores y estudiantes chinos siguieron recibiendo autorización para estudiar y trabajar en el país.





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