La Cámara alta suiza volvió a poner en carrera el acuerdo de libre comercio entre la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) y el Mercosur. El Ständerat aprobó el tratado por 35 votos contra 7, con tres abstenciones, reactivó el expediente tras el rechazo del Nationalrat en junio y dejó abierta una negociación política que ahora regresará a la Cámara baja.
El respaldo suizo llegó acompañado por un paquete de CHF 517 millones (US$ 630 millones) para amortiguar el impacto sobre el sector agrícola durante seis años. El monto superó ampliamente los CHF 158 millones (US$ 193 millones) que había propuesto el Consejo Federal y se convirtió en la principal concesión interna para sostener el tratado.

La resistencia agrícola no es menor. Suiza abrirá 25 contingentes de importación para productos sensibles del Mercosur, entre ellos carne y vino. A cambio, una vez completados los períodos de transición, alrededor del 96% de las exportaciones suizas hacia el bloque sudamericano quedará libre de aranceles, con un ahorro estimado de más de CHF 155 millones (US$ 189,5 millones) anuales para las empresas helvéticas.
El Ständerat, sin embargo, rechazó endurecer el acuerdo con dos demandas impulsadas desde sectores de izquierda y ecologistas: adoptar las reglas de la Unión Europea contra la deforestación y prohibir la importación de bienes producidos total o parcialmente con trabajo forzoso.

“Nuestra población quiere comercio, pero también sostenibilidad”, advirtió durante el debate Franziska Roth, senadora socialista por Soleura. El presidente de la Confederación y ministro de Economía, Guy Parmelin, defendió en cambio el tratado como estratégicamente importante para evitar que Suiza pierda terreno frente a la Unión Europea.
La ratificación puede avanzar a distintas velocidades
El tratado, firmado el 16 de septiembre de 2025 en Río de Janeiro, no exige que los ocho Estados lo ratifiquen al mismo tiempo. Su cláusula de entrada en vigor establece que comenzará a aplicarse el primer día del tercer mes posterior al depósito de los instrumentos de al menos un país de EFTA y uno del Mercosur. Los demás se incorporarán después, a medida que completen sus procedimientos internos.
Ese mecanismo vuelve especialmente relevante la situación de cada socio sudamericano.
Brasil y Uruguay adelante; Argentina espera Diputados
Brasil y Uruguay ya completaron la aprobación parlamentaria. El Congreso brasileño promulgó en junio el Decreto Legislativo 146/2026, mientras que Uruguay aprobó el tratado mediante la Ley 20.500, publicada el 26 de junio.
La Argentina avanzó un paso importante el 27 de agosto: el Senado aprobó por unanimidad el proyecto de ratificación y lo remitió a la Cámara de Diputados, que todavía debe darle sanción definitiva. El canciller Pablo Quirno destacó entonces el acceso a un mercado de unos 15 millones de consumidores de alto poder adquisitivo y con demanda de productos diferenciados.

Paraguay aparece más retrasado. El último estado público consolidado de su proceso, correspondiente a julio, ubicaba el acuerdo todavía antes de completar el tratamiento parlamentario, mientras las comunicaciones del Mercosur destacaban las aprobaciones alcanzadas por Brasil y Uruguay.
Qué cambia para el Mercosur
El acuerdo promete mejorar el acceso a mercados para más del 97% de las exportaciones de ambos bloques y cubre no sólo bienes, sino también servicios, inversiones, compras públicas, propiedad intelectual, reglas de origen, medidas sanitarias y desarrollo sostenible.

Para la Argentina y sus socios, el avance suizo reduce uno de los riesgos políticos que todavía enfrenta el tratado, pero no lo elimina. El expediente vuelve ahora al Nationalrat y una eventual consulta popular en Suiza sigue siendo probable, aunque no está confirmada. La meta está más cerca, pero el acuerdo todavía necesita convertir aprobaciones parlamentarias dispersas en vigencia comercial efectiva.





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