La pantalla se apagó el lunes por la mañana en una sala de Cinépolis Recoleta después de la proyección de El hombre que se desvanece. Se encendieron las luces y, frente a los periodistas que acababan de ver la película inaugural del 26º Festival de Cine Alemán, Gustav Wilhelmi tomó el micrófono. Primero habló del filme, de la vejez y del paso del tiempo. Pocos minutos después, anunció que esa edición sería también la última bajo su dirección.
“Les quiero comentar que este es mi último festival”, dijo Wilhelmi, director del encuentro y representante durante décadas de German Films en Buenos Aires. La frase cambió el tono de una presentación que hasta entonces parecía destinada a recorrer películas, invitados y novedades de programación.
El Festival de Cine Alemán se realizará del 17 al 23 de septiembre en Cinépolis Recoleta. La programación oficial reúne 13 largometrajes y la 16ª edición de la selección de cortometrajes Next Generation Short Tiger. El hombre que se desvanece, ópera prima de Welf Reinhart, abrirá el encuentro.
Una despedida después de 26 ediciones
Wilhelmi estaba acompañado por Friso Maecker, director del Goethe-Institut Buenos Aires, y Yael Tujsnaider, curadora de Programación Cultural y de la Cinemateca del instituto. Fue él mismo quien presentó el cambio que comenzará a redefinir la organización del festival.

German Films y el Goethe-Institut crearon Filmbüro Latam, una nueva oficina regional con presencia en Buenos Aires y Ciudad de México que buscará coordinar la difusión del cine alemán en América Latina, articular festivales y aprovechar conjuntamente recursos, contactos e invitados.
“Después de 26 ediciones, yo creo que ya he hecho suficiente”, bromeó Wilhelmi. Después agregó que esperaba poder seguir asistiendo al festival, aunque ya desde otro lugar.
Maecker llevó la despedida a un terreno más institucional. Recordó que el Goethe-Institut acompañó al proyecto desde sus comienzos, pero atribuyó a Wilhelmi un papel central en su continuidad y en la difusión del cine alemán contemporáneo en la Argentina y la región.

“Gracias a su trabajo, el cine alemán encontró una plataforma excepcional”, señaló. Durante esas ediciones, agregó, miles de espectadores pudieron observar a través de las películas cómo evolucionó Alemania y qué cuestiones ocuparon a su sociedad en distintas épocas.
El cambio no significa que German Films y el Goethe-Institut empiecen ahora a colaborar. Esa relación ya existía. La novedad es que ambas estructuras pasarán a trabajar de manera integrada a escala regional.
Menos recursos, más coordinación regional
Maecker explicó que detrás de Filmbüro Latam existe también una razón práctica: los presupuestos culturales atraviesan recortes en distintos países y compartir estructuras permite ampliar el alcance de los recursos disponibles.
“En tiempos que en todo el mundo se recortan los presupuestos de la cultura, creo que es más importante que nunca buscar sinergias”, afirmó.
La idea es sencilla en su formulación pero ambiciosa en su alcance. Si un director o una actriz alemana viaja hasta América Latina para presentar una película, la nueva oficina buscará articular su presencia en varios países en lugar de organizar cada visita de manera aislada.

Wilhelmi puso ejemplos concretos. Recordó que la directora Eva Trobisch presentó Ivo en Buenos Aires y luego viajó a México, y que la realizadora Alison Kuhn combinó su paso por la Argentina con otras presentaciones sudamericanas.
La edición de este año ya tendrá un invitado especial: Kilian Armando Friedrich presentará Entiendo su descontento, su primera película de ficción, luego de una trayectoria vinculada al documental.
Un cine alemán que mira el presente
Si la transformación institucional dominó buena parte de la conversación, las películas devolvieron rápidamente la conferencia al motivo que reunió a todos en la sala.
Tujsnaider presentó la selección Focus Goethe, que este año reúne propuestas para públicos y temáticas muy diferentes. Entre ellas aparecen Circusboy, documental sobre un niño que crece en una familia circense; El piso secreto, una película para chicos que aborda el pasado nacionalsocialista; Ay, ese vacío, ese espantoso vacío, adaptación de la obra autobiográfica de Joachim Meyerhoff, y Luisa, de Julia Roesler.

Esta última comparte con La rana y el agua, de Thomas Stuber, uno de los ejes más marcados de la edición: la representación de personas con discapacidad, no sólo como asunto narrativo sino también mediante su participación como intérpretes.
“Hay una cuestión, me parece, de mucha integración y mucha diversidad, no sólo en la narrativa, sino en los modos de producción”, explicó Tujsnaider.

El programa completo recorre además la vejez, la juventud, las redes sociales, las relaciones laborales, la memoria histórica, la inmigración y las transformaciones familiares. Babystar, por ejemplo, se concentra en una adolescente cuya vida fue convertida por sus padres en contenido para millones de seguidores; El héroe de Berlín juega con la memoria de la división alemana y la construcción mediática de un héroe.
Wilhelmi encontró allí una forma de resumir los cambios que observó durante más de dos décadas de selección: “Hemos visto cómo el cine alemán ha ido mutando y acompañando el tiempo a través de nuestros 26 años”.
Una película sobre envejecer para anunciar un relevo
La coincidencia resultó difícil de ignorar. La mañana había comenzado con El hombre que se desvanece, una película sobre la vejez, el amor, la memoria y la posibilidad de reorganizar la vida cuando las circunstancias obligan a hacerlo.
El filme cuenta la historia de Hanne, cuyo exmarido Kurt, enfermo de Alzheimer, reaparece sin recordar que se divorciaron tres décadas atrás. Hanne y su actual marido lo reciben temporalmente y la convivencia altera las certezas de los tres. La película de Welf Reinhart, de 102 minutos, tendrá su función de apertura el jueves 17.
Wilhelmi la eligió también cuando, terminada la conferencia, el Argentinisches Tageblatt le preguntó qué películas recomendaría especialmente.
“Es una película que, de una manera con muchísima sensibilidad, trata el tema de la vejez”, respondió.
La otra fue La rana y el agua. Su protagonista, Buschi, vive en un centro de asistencia y termina embarcado en un viaje inesperado que atraviesa Alemania, Suiza y Japón. Wilhelmi destacó especialmente que su actor protagónico es una persona con discapacidad.

Cinco preguntas a Gustav Wilhelmi sobre el Festival de Cine Alemán
¿Qué significa para usted esta última edición?
“Luego de 28 años y 26 ediciones del Festival se presenta una nueva constelación”, explicó. La creación de Filmbüro Latam, consideró, abre la puerta a otras ideas y a una estructura regional. “Ya también hay que dar un paso al costado. Y quizás yo no quiero decir que me he quedado en el tiempo, pero seguramente habrá ideas nuevas que tienen que ser incorporadas”.
¿Se retira también del vínculo con German Films?
“En realidad me estoy retirando de la organización del festival”, respondió. Con humor, anticipó su próximo papel: ir al cine, decidir qué películas le gustan y esperar que alguna vez le pregunten su opinión.
¿Cómo elige las películas?
“Las películas me tienen que gustar o me tienen que tocar”, resumió. La selección, aclaró, no es individual: trabaja con colaboradores de gustos diferentes y busca combinar miradas. “El festival no es un festival de cierto tipo de cine, sino es un festival de cine alemán”.

¿Qué temas de la Alemania actual aparecen con mayor fuerza?
La vejez y la juventud fueron dos de los primeros que mencionó. También señaló la inmigración, las diversidades culturales y las dificultades de integración de la sociedad alemana. Son cuestiones que, a su juicio, el cine puede mostrar desde lugares a los que no siempre llegan las noticias.
¿Qué cambió en estos años?
Wilhelmi volvió sobre una idea que había atravesado la conferencia: las películas cambiaron junto con Alemania. Durante años pesó especialmente la revisión del pasado. Esa memoria sigue presente, pero ahora convive con conflictos sociales contemporáneos. “Con el cine, como con nuestras vidas, tenemos que ir para adelante”, sostuvo.
De la cabina de organización a la butaca
Antes de cerrar la conferencia, Wilhelmi volvió a agradecer al Goethe-Institut. Recordó funciones de cine mudo con música en vivo, clásicos y proyectos que el festival pudo realizar gracias a esa cooperación.
No hubo una despedida solemne. Hubo preguntas sobre accesibilidad, directoras, envejecimiento, nacionalsocialismo y nuevas generaciones de espectadores. Hubo también bromas sobre la edad del propio Wilhelmi y risas en la sala.
Desde el jueves, las pantallas de Cinépolis Recoleta volverán a encenderse para la 26ª edición. El festival seguirá hablando de una Alemania que cambia. Esta vez, mientras cambia también la estructura que durante décadas se encargó de mostrarla en Buenos Aires.







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