Alemania y Francia acordaron este viernes una posición común para flexibilizar las reglas europeas que debían llevar, en la práctica, a eliminar los nuevos autos con motor a combustión desde 2035. El entendimiento mantiene una reducción del 90% de las emisiones de CO₂ frente a los niveles de 2021, pero elimina la obligación de compensar el 10% restante, una concesión relevante para fabricantes que reclamaban mayor libertad tecnológica.
El acuerdo entre las dos mayores economías de la Unión Europea no modifica todavía la legislación comunitaria. Para entrar en vigor deberá obtener el respaldo suficiente entre los Estados miembros y ser aprobado por el Parlamento Europeo. La negociación redefine, sin embargo, el equilibrio político alrededor de una de las decisiones más sensibles para la industria automotriz europea.
Qué cambia realmente después de 2035
La Comisión Europea propuso en diciembre de 2025 reemplazar el objetivo de emisiones cero para los autos nuevos por una reducción del 90%. Para compensar el 10% restante, los fabricantes debían recurrir a medidas como acero de bajas emisiones, combustibles sintéticos o biocombustibles.
El compromiso franco-alemán elimina esa compensación. En consecuencia, los fabricantes podrían seguir matriculando después de 2035 una proporción limitada de vehículos con motores a combustión, siempre que el promedio de emisiones de toda su flota respete el nuevo objetivo.

El texto también plantea mayor flexibilidad para los híbridos y propone no revisar antes de 2030 el llamado utility factor, el cálculo que estima cuánto circulan eléctricamente los híbridos enchufables. Además, contempla reconocer como vehículos de cero emisiones a modelos que utilicen determinados combustibles renovables o de bajas emisiones.
El canciller alemán Friedrich Merz presentó el acuerdo como “un buen día para los automovilistas y para los empleos” en Alemania, Francia y Europa. Para Berlín, que presionó durante meses por flexibilizar la regulación, el objetivo es preservar inversiones y puestos de trabajo en una industria todavía fuertemente vinculada al motor de combustión.
Francia consiguió el “Made in Europe”
París cedió en la flexibilidad tecnológica, pero obtuvo a cambio un compromiso alemán con una política industrial más orientada a favorecer la producción europea.
El principio de “Made in Europe” busca vincular subsidios, compras públicas y otros mecanismos de apoyo con porcentajes crecientes de producción local. Para la industria automotriz, el acuerdo incluiría a los 27 países de la UE y también podría admitir a determinados socios europeos estrechamente integrados en sus cadenas productivas.

Volkswagen recibió positivamente el entendimiento y sostuvo que permitiría avanzar en la protección climática sin comprometer la competitividad. Las acciones de varios fabricantes europeos reaccionaron con fuertes subas después de conocerse el acuerdo.
La flexibilización también recibió críticas. Legisladores verdes y organizaciones ambientales advirtieron que reducir la exigencia para 2035 podría debilitar los incentivos a invertir en vehículos eléctricos justo cuando los fabricantes chinos aumentan su presencia en Europa.
Una puerta para Suiza, pero con condiciones
El compromiso tiene además una derivación especialmente relevante para Suiza. Berlín y París aceptaron abrirle la posibilidad de participar del esquema “Made in Europe” en condiciones similares a las previstas para el Espacio Económico Europeo y el Reino Unido.

No sería un ingreso automático. Según la agencia suiza Keystone-SDA, Suiza necesitaría una asociación formal y cumplir requisitos específicos. El esquema franco-alemán exige reciprocidad y alineamiento con determinadas reglas europeas sobre inversiones provenientes de terceros países y medidas de defensa comercial.
Berna viene reclamando desde hace meses que la política industrial europea no excluya a compañías suizas profundamente integradas en las cadenas de suministro del continente.
Un compromiso que todavía debe convertirse en ley
El acuerdo entre Berlín y París modifica sustancialmente la discusión, pero no cierra el expediente. Alemania y Francia todavía necesitan convencer a otros gobiernos de la UE y al Parlamento Europeo.

La negociación enfrenta dos objetivos que Bruselas intenta compatibilizar: acelerar la descarbonización del transporte y, al mismo tiempo, sostener una industria europea presionada por costos elevados, inversiones multimillonarias en electrificación y una creciente competencia asiática.
Lo que parece quedar atrás es la idea de que 2035 marcará una frontera absoluta entre el motor de combustión y el eléctrico. Si prospera el compromiso, la transición seguirá orientada hacia la electrificación, pero con un margen mayor para híbridos y otras tecnologías.
Qué puede significar para la Argentina
Para la Argentina, el impacto sería principalmente indirecto, aunque no menor. La industria automotriz local está estrechamente vinculada con las estrategias globales de fabricantes y proveedores internacionales, y depende fuertemente de las exportaciones para sostener su escala. Entre enero y agosto de 2026, las terminales argentinas exportaron 174.859 vehículos, mientras la producción acumulada cayó 17,1% interanual.

Una Europa que mantenga durante más tiempo tecnologías híbridas y de combustión puede prolongar la vida económica de determinadas cadenas de componentes, ingeniería y proveedores en las que también participa la industria argentina. Al mismo tiempo, el endurecimiento del criterio “Made in Europe” recuerda el límite de esa oportunidad: cualquier beneficio para la Argentina dependerá menos de vender directamente autos al mercado europeo que de cómo los grupos globales redistribuyan inversiones, plataformas y proveedores entre sus plantas.




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