Al tiempo que Estados Unidos y China consolidaron durante las últimas décadas su liderazgo en sectores estratégicos, la Unión Europea ahora intenta recuperar terreno mediante una combinación de reindustrialización, inversión, innovación tecnológica y cooperación entre los Estados miembros.
Esa fue una de las principales conclusiones de la 41ª Reunión del Cercle d’Economia, celebrada en Barcelona, donde empresarios, funcionarios y directivos coincidieron en que el diagnóstico está realizado, pero que ahora falta transformar los planes en acciones concretas.
Durante el encuentro, el ministro de Industria y Turismo de España, Jordi Hereu, sostuvo que Europa debe actuar con rapidez para reducir la distancia acumulada frente a las dos mayores potencias económicas del planeta. El funcionario defendió una estrategia basada en una mayor autonomía industrial, más inversión y una coordinación más eficiente entre los países europeos.
El debate giró alrededor de una pregunta central: cómo recuperar competitividad en un contexto internacional cada vez más exigente, marcado por tensiones geopolíticas, disputas tecnológicas y transformaciones profundas en la economía mundial.
Europa busca pasar del diagnóstico a la ejecución
Uno de los mensajes más repetidos durante la reunión fue que la Unión Europea ya dispone de suficientes análisis para comprender sus problemas. El desafío actual consiste en ejecutar las soluciones. Jordi Hereu afirmó que llegó el momento de convertir en medidas concretas las recomendaciones formuladas en los informes elaborados por los ex primeros ministros italianos Enrico Letta y Mario Draghi, dos documentos que en los últimos años sirvieron de referencia para el debate sobre el futuro económico europeo.
Una visión similar expresó Juanjo Cano, presidente de KPMG España. Según explicó, la dirección está definida, pero Europa todavía encuentra dificultades para avanzar con la velocidad necesaria. El directivo señaló que uno de los obstáculos es la complejidad institucional de la Unión Europea. En su opinión, “resulta difícil impulsar transformaciones profundas” cuando muchas decisiones dependen del consenso entre los 27 Estados miembros.
La discusión también puso el foco en el equilibrio entre intereses nacionales y objetivos comunes. Diversos participantes advirtieron sobre el riesgo de que cada país busque soluciones individuales que terminen debilitando la estrategia europea en su conjunto. En ese contexto, varios ponentes defendieron una política industrial europea más integrada. La idea consiste en aprovechar las fortalezas de cada país y compensar sus debilidades mediante una cooperación más estrecha.

España apareció como uno de los ejemplos mencionados durante el encuentro. Según Cano, el país cuenta con ventajas competitivas en energía, digitalización y telecomunicaciones que podrían desempeñar un papel relevante dentro de una estrategia industrial europea más coordinada.
El directivo destacó además el desarrollo de las energías renovables, el potencial asociado al hidrógeno y unos costos energéticos relativamente competitivos dentro del contexto europeo. Sin embargo, también reconoció desafíos pendientes. Entre ellos mencionó la productividad, el tamaño medio de las empresas y la necesidad de incrementar la inversión en innovación e investigación.
La inversión aparece como la gran herramienta para recuperar competitividad
Otro de los temas centrales fue la financiación de la transformación industrial europea. Jordi Hereu sostuvo que la Unión Europea “necesita ampliar de manera sustancial su capacidad de inversión” si pretende competir con Estados Unidos y China en sectores estratégicos. El ministro incluso planteó la necesidad de duplicar el presupuesto comunitario para afrontar los desafíos vinculados a la competitividad y la autonomía estratégica.
La propuesta se vincula con la posibilidad de desarrollar programas europeos inspirados en los PERTE españoles, iniciativas destinadas a impulsar proyectos considerados prioritarios para la economía. Para Hereu, “la productividad no mejorará sin una movilización importante de recursos financieros”. Parte de esos recursos podrían proceder de la inversión pública, aunque los participantes del encuentro coincidieron en que el sector privado también debe desempeñar un papel fundamental.
Daniel Tugues, director de Veolia España, sostuvo que Europa dispone de una enorme cantidad de ahorro privado que actualmente no se dirige hacia actividades productivas.
Los datos expuestos durante el encuentro ilustran la magnitud del fenómeno. Según cifras del Banco de España, los ciudadanos españoles mantienen más de EUR 1 billón invertido en productos bancarios de baja rentabilidad. Los participantes señalaron que situaciones similares se observan en otros países europeos.
Al mismo tiempo, el informe anual del Cercle d’Economia recordó que los fondos de pensiones y las aseguradoras europeas administran alrededor de EUR 10 billones, aunque buena parte de ese capital termina invertido fuera de Europa.
Los ponentes defendieron la necesidad de canalizar una mayor proporción de esos recursos hacia infraestructuras, innovación, industria y proyectos tecnológicos. La paradoja europea es evidente: el continente genera un enorme volumen de ahorro europeo, pero no consigue transformarlo en inversión productiva suficiente para reforzar su competitividad.
Inteligencia artificial, industria y talento, los grandes desafíos de la próxima década
La inteligencia artificial ocupó una parte importante del debate. Los participantes coincidieron en que esta tecnología puede convertirse en uno de los motores de productividad más relevantes de los próximos años. Sin embargo, también advirtieron que Europa corre el riesgo de quedar rezagada si no desarrolla capacidades propias.
El informe presentado por el Cercle d’Economia señala que tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica avanzada y la computación cuántica están modificando la economía, el empleo y la organización de las sociedades. Actualmente, gran parte del liderazgo en estos campos se concentra en Estados Unidos y China.
Juanjo Cano defendió una visión optimista sobre la inteligencia artificial. A su juicio, el debate no debe centrarse en la posibilidad de frenar su avance, sino en cómo gestionar la transición tecnológica mediante formación y adaptación.

Los datos expuestos durante la reunión respaldan esa visión. Según la Fundación Cotec, las empresas que incorporan al menos una herramienta de inteligencia artificial registran una productividad un 27% superior respecto de aquellas que todavía no utilizan estas tecnologías.
Por su parte, Funcas estima que entre 2,8 y 3,5 millones de trabajadores podrían aumentar su productividad gracias a la complementariedad con sistemas de inteligencia artificial, sin que ello implique necesariamente la desaparición de sus puestos laborales.
Los participantes también destacaron la importancia de la soberanía digital. La gestión de datos, la infraestructura tecnológica y la capacidad para almacenar y procesar información aparecen como factores cada vez más relevantes para la competitividad industrial. España fue señalada como uno de los países mejor posicionados para atraer centros de datos gracias a su red de telecomunicaciones, la cobertura de fibra óptica y 5G, la disponibilidad de energías renovables y sus recursos hídricos.



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