lunes, 15 de abril de 2024

Buenos Aires (AT) – Ultra derecha, nueva derecha, derecha extrema, derecha alternativa. Estas difusas categorías, intentos de conceptos, se cruzan hoy en rutinarias notas periodísticas, papers académicos, streamings y conversaciones o discusiones con amigos y desconocidos. Lo cierto es que ya hace años la derecha, hoy un movimiento global, comparte ciertos rasgos basados en una construcción de sentido que la lleva a gobernar pueblos, ciudades y países.

Por eso mismo, el fenómeno de las nuevas derechas es uno los temas más relevantes de la actualidad. En Alemania, por ejemplo, se destaca el partido Alternative für Deutschland (AfD), con una plataforma anti-inmigración, euroescéptica y conservadora. Estos políticos alemanes levantan sus banderas con orgullo nacionalista, y algunos militantes hasta usan el saludo nazi en manifestaciones públicas.

En ese sentido, es notoria la creciente preocupación de políticos europeos tradicionales con respecto a este fenómeno. La dificultad por definir a los nuevos movimientos conservadores y disruptivos habla, en términos generales, del momento de ebullición y confusión política. A veces, en ciertos tiempos históricos, las definiciones precisas son necesarias frente a un emergente que todavía no adquirió su forma definitiva. Es una sombra lejana que, cuando se acerca, resulta una cara conocida pero novedosa, como si un familiar tuviese otros ojos y otra nariz.

AfD, partido, Alemania, Alexander Gauland
Alexander Gauland y Alice Weidel, líderes de AfD.

Para decirlo de manera coloquial, la confusión es total y absoluta. Y cuando eso sucede, lo mejor es consultar a quienes estudian el fenómeno e indagan en estas categorías tan caóticas. Melina Vázquez es una de esas personas, y Argentinisches Tageblatt tuvo la oportunidad de conversar con ella. Socióloga con un doctorado en Ciencias Sociales, investigadora del CONICET y profesora de la UBA, Melina es también una de las autoras de los textos que componen “Está entre nosotros” (editorial Siglo Veintiuno), libro coordinado por Pablo Seman que, desde la asunción de Javier Milei, es uno de los libros políticos más leídos y comentados en Argentina.

¿Una nueva derecha?

El mismo título, “Está entre nosotros”, parece sacado de una película de terror. Representa algo que se no veía venir y de pronto irrumpe con formas monstruosas. Los monstruos, sin embargo, no existen, o en todo caso dejan de serlo cuando se los interpreta y se convierten en algo más cercano y temible: un ser humano con todas sus contradicciones. De hecho, la derecha es tan vieja y conocida como la Modernidad, pero la nueva derecha es hoy en día un fantasma enrevesado.

Melina dice que “cuando uno analiza las categorías que usan los diferentes autores, como  ‘derecha 2.0’, o ‘nueva derecha radical’, en general son conceptos problemáticos, porque son categorías que cobran sentido en una relación; de hecho, para nosotros hasta hace poco tiempo la derecha era Juntos por el Cambio, pero esta derecha está a la derecha de una derecha que ahora nos parece mainstream”. El desplazamiento de casi todos los sectores políticos no necesariamente significa que las nuevas derechas sean iguales. Para Melina, “las categorías se van organizando en función de una trama de relaciones y de vínculos, y lo mismo pasa con la izquierda: no es igual en los setenta que en los noventa, o que con el kirchnerismo”.

Melina Vázquez, CONICET, Uba, socióloga, derechas
Melina Vázquez estudió en profundidad el fenómeno de la nueva derecha en Argentina.

AT: ¿Entonces te parece que esas definiciones son acertadas?

Melina Vázquez: En las miradas más socioantropológicas esas categorías son más bien corsets, porque nos quedamos tranquilos si decimos que tal cosa es de extrema derecha. Pero lo que dicen en Europa sobre la extrema derecha es muy diferente, y por ahí incluso tiene que ver con grupos neonazis. En general, es una derecha que radicaliza conceptos, prácticas, estilos, y no sólo eso sino que se hace cargo públicamente en decir somos de derecha. El macrismo no decía eso, decía no somos ni de izquierda ni de derecha, hay que trascender esos clivajes…

En ese sentido, ¿qué pensás de la categoría “facho” o fascista que muchas veces se le aplica a estos grupos?

Es un fenómeno histórico que tiene muchas diferencias con el presente. Esto no quiere decir que el presente no sea preocupante, pero históricamente fue utilizada como categoría de acusación hacia las derechas. Durante las manifestaciones opositoras al gobierno de Cristina Fernández se da un desplazamiento y se empieza a hablar de autoritarismo y “diKtadura”, con K de kirchnerismo. Desde la pandemia, se produce algo paradojal: los sectores que terminan dentro del mileísmo se apropian de la categoría “facho”, que se usaba contra ellos, y se la atribuyen a los “zurdos”. Por ejemplo, cuando van a lugares donde no se espera que estén, como las mujeres que van al 8M con símbolos libertarios o con pañuelos celestes, les cantan “como a los nazis les va a pasar” y les dicen que ese no es su lugar. Y cuando las echan ellas dicen: ¿al final quiénes son los fachos? También usan esta expresión los sectores libertarios de La Libertad Avanza para diferenciarse de los sectores más conservadores dentro del propio frente, como los que representa Villaruel. Por eso es interesante ver cómo “facho” fue apropiada y es movilizada por los propios actores, de igual manera que la categoría “zurdo” o “montonero”, que en los 70 se usaba para descalificar a las izquierdas, vuelven a ser usadas para descalificar al kirchnerismo o al progresismo en general.

En general, es una derecha que radicaliza conceptos, prácticas, estilos, y no sólo eso sino que se hace cargo públicamente en decir somos de derecha.

Un conservadurismo rebelde

En el caso de Argentina, como dice Melina, la nueva derecha tiene rasgos bastante particulares. Uno de ellos es que su base electoral y militante está compuesta en gran parte por jóvenes. Del mismo modo que el kirchnerismo construyó su militancia con la juventud camporista, “el movimiento militante vinculado al mileísmo está fuertemente juvenilizado”. Melina agrega que “cuando los jóvenes libertarios gritan libertad no hacen una lectura de la bibliografía que da forma al liberalismo en la historia de las ideas, sino que están pensando en la experiencia de la pandemia, ‘dejáme salir’, ‘quiero la presencialidad’, hay una experiencia que organiza el uso de esas categorías que tiene que ver con su propia experiencia de vida, y ahí la edad es importante porque son jóvenes de veinte años, y pensar que usan categorías de los setenta es posible pero tal vez también quieren decir otras cosas”.

Como en un juego de espejos, “el kirchnerismo hizo que una generación muy distante del peronismo de los años cuarenta, del peronismo revolucionario, muy crítica del menemismo, encontrara un contexto para decir nosotros somos peronistas; ahí, en el mejor de los sentidos, hay una invención de una narrativa histórica que el liberalismo está recreando en sus propios términos”. Estos jóvenes, según Melina, encontraron un espacio de militancia que es masivo y “que tiene que ver con un apoyo no solo electoral, sino con una militancia bastante nutrida”. Como en los noventa la rebeldía era de izquierda, hoy los jóvenes gritan que son de derecha o liberales, y “empiezan a hacer lecturas de libros que forman parte de tradiciones establecidas y también marginales, porque muchas de las lecturas que propone Milei no forman parte del mainstream de la formación liberal; ahí hay un elemento que me parece novedoso”.

Javier Milei, Davos, Foro, Argentina, presidente
El presidente Milei durante su discurso en Davos.

Alcanza con mirar algunos de los muchos streams de YouTube para notar este cambio de perspectiva. Un discurso viejo que huele a fresco, jóvenes que celebran “la libertad de la policía para hacer su trabajo como corresponde”, tal como afirmó el militante libertario Martín Almeida en uno de sus recientes “directos”. Mientras repasaba imágenes de una represión, el youtuber festejó la aparición del camión hidrante acompañado por un chat también enfervorizado: “Qué lindo”, dijo, “cómo les metieron palo en esa movilización, salió el hidrante y es como jugar al tenis para la policía… todos queremos estar arriba del hidrante y decir tomen zurdos, mójense, báñense”.

La “libertad de hacer su trabajo como corresponde” es una idea que, al menos, encierra  algunas contradicciones. Pero los jóvenes mileístas incorporaron esa narrativa, y esa narrativa los unifica y puede llegar a justificar acciones violentas perpetradas nada más ni nada menos que por el mismo Estado que Milei defenestra.

El movimiento militante vinculado al mileísmo está fuertemente juvenilizado

Todo lo sólido se desvanece en el aire

En una situación global donde la cultura del trabajo ya cambió por completo, a muchos de estos jóvenes argentinos les resulta ajena la idea de trabajar en relación de dependencia.  “Es como algo que no existe”, dice Melina, “entonces esa experiencia generacional es interpelada por quien habla del trabajo integrado como privilegio antes que como un derecho. Por eso la celebración del mérito y el esfuerzo, que es problemática también, hace más sentido que la defensa del aguinaldo”.

¿Se puede hablar entonces de algo así como un nuevo mundo con nuevos liderazgos?

Milei expresa un tipo de liderazgo nuevo, que encontramos también en otros escenarios, por ejemplo la relación con (Donald) Trump o (Jair) Bolsonaro. Ellos tienen un estilo que llaman incorrección política. En el caso de Milei, se presenta como un divulgador de ideas que se convierte en un candidato rendidor en términos electorales, con un estilo desfachatado que sin dudas expresa también un corrimiento respecto de qué se esperaba de un líder liberal en Argentina. Después hay agendas que sí creo que están radicalizadas, que eran marginales y que de repente entran al corazón de la escena. Pienso en los debates sobre el pasado reciente; kirchnerismo mediante, supusimos que había consensos, como el Nunca Más, supusimos que el 24 de marzo era una fecha sagrada… todo eso empieza a ponerse en tensión.

Para entender la nueva derecha argentina es inevitable hablar de la crisis económica, pero también de la agenda del kirchnerismo y la irrupción traumática de la pandemia. La cuestión del aborto es, por ejemplo, central. El 8 de febrero de este año, apenas dos meses después de que Milei ganara las elecciones, la diputada Rocío Belén Bonacci, de La Libertad Avanza, presentó un proyecto para derogar la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Al contrario de lo que podría esperarse, de inmediato el Gobierno se desligó por completo de la iniciativa, a pesar de que el aborto sea para el mismo presidente “asesinato agravado por el vínculo”.

Dentro de la militancia libertaria, las reacciones en foros y chats de internet fueron, según Melina, variadas: “cuando se armó el debate por la derogación del aborto se expresó muy bien la heterogeneidad de posiciones en el mileísmo; las posiciones más conservadoras, basadas en elementos religiosos o confesionales, y otras más libertarias o liberales bajo la idea del respeto irrestricto a la vida, estaban en contra del aborto; después los matices surgían de todos los colores: por ejemplo, los que decían no es momento de discutirlo; otros que decían hacé lo que quieras pero pagátelo vos, y ahí empezaron a intervenir un conjunto de mujeres con las que yo hice un trabajo de campo más pormenorizado: son mujeres libertarias que están a favor del aborto legal y en el hospital público, en la medida en que siga habiendo salud pública. Podrían verse como pañuelo verde pero no lo usan porque para ellas connota progresismo y lo asocian con un símbolo partidario, pero están a favor del aborto. Es decir, hay un montón de matices”.

Esos matices nos alejan de los meros titulares y las chicanas políticas, quizás necesarias pero por definición inexactas o incompletas. Nadie puede sostener, ni siquiera en un análisis superficial, que los libertarios argentinos son directamente nazis o fascistas. Pero gran parte de la población todavía se muestra atónita frente a esta fuerza política, quizás porque, al igual que en el final de la película “Cabaret”, cuando el show terminó, cuando el sueño se acabó, se vieron rodeados de esos desconocidos iguales pero opuestos a ellos.

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