Buenos Aires (AT) – La ingeniera berlinesa Rabea Rogge se convirtió en la primera mujer alemana en volar al espacio. El lanzamiento se concretó el martes por la mañana desde la plataforma de Cape Canaveral, Florida, a bordo de una cápsula Dragon de la empresa SpaceX, propiedad del empresario Elon Musk. Con 29 años, Rogge forma parte de la misión privada “Fram2”, que recorrerá una órbita inédita sobre las regiones polares durante cuatro días.
La misión “Fram2”, que toma su nombre de un barco noruego de exploración polar del siglo XIX, fue diseñada para volar a una altitud de entre 425 y 450 kilómetros, trazando una trayectoria sobre las regiones árticas y antárticas. Se trata de un recorrido sin precedentes para una nave tripulada. A bordo, el equipo llevará a cabo 22 experimentos científicos, que incluyen desde estudios sobre auroras polares hasta la toma de los primeros rayos X a seres humanos en órbita.

Entrenamiento intensivo y funciones científicas
Rogge fue elegida como responsable de coordinar las tareas científicas desde el interior de la cápsula. La ingeniera en electrónica y robótica se formó en la ETH Zúrich y se doctoró en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología. Durante la preparación, recibió entrenamiento técnico, médico y físico, además de formación en dinámica de grupos y supervivencia en condiciones extremas, como el kayak en mar abierto en Alaska. “Enfrentarnos a la naturaleza salvaje con ropa mojada durante siete días ya nos ha unido”, relató.

Una misión sin astronautas profesionales
Fram2 es la tercera misión tripulada civil de SpaceX, luego de “Inspiration4” (2021) y “Polaris Dawn” (2024). En esta ocasión, ninguno de los cuatro tripulantes es astronauta profesional. Todos vuelan como ciudadanos particulares, y gran parte de los controles de la cápsula están automatizados. “Se trata de hacer el espacio más accesible, no de mantenerlo como un club exclusivo”, declaró Rogge en una entrevista previa con la agencia Deutsche Presse-Agentur (DPA).

Financiamiento privado y equipo internacional
La misión es financiada por Chun Wang, empresario maltés nacido en China, que amasó su fortuna en el mundo de las criptomonedas. Además de Rogge, la tripulación se completa con la cineasta noruega Jannicke Mikkelsen y el guía polar australiano Eric Philips. Según contó la propia ingeniera, conoció a Wang durante un entrenamiento en el archipiélago de Svalbard. Años más tarde, él le propuso sumarse al proyecto.

Una científica con experiencia satelital
En su etapa como investigadora, Rogge trabajó en un concepto para una centrifugadora de nanosatélites en órbita baja, un desarrollo que formó parte de su formación en Suiza. Ahora, su tarea en la misión Fram2 consiste en monitorear fenómenos como el resplandor atmosférico en latitudes polares. También se experimentará con cultivos de hongos comestibles, como el ostra, que son fuente de vitamina D y podrían ser útiles en viajes espaciales largos, incluso a Marte.

Un símbolo de inspiración para nuevas generaciones
El vuelo fue celebrado por el Centro Aeroespacial Alemán (Deutsches Zentrum für Luft- und Raumfahrt – DLR). “Hoy se hizo historia”, afirmó Walther Pelzer, director general del organismo y miembro de su consejo directivo. Destacó que el logro de Rogge puede motivar a más jóvenes a seguir carreras científicas y tecnológicas. La astronauta civil planea llevar consigo una medalla conmemorativa de Otto Lilienthal, pionero alemán de la aviación, y una réplica en miniatura de la Campana de la Libertad del ayuntamiento de Berlín-Schöneberg, el barrio donde nació.
Si bien la misión recibió apoyo institucional, también generó algunas críticas. Jan Wörner, exdirector de la Agencia Espacial Europea, advirtió que la exploración no debe transformarse en un turismo de lujo. “Cada lanzamiento tiene un impacto ambiental que no debemos minimizar”, dijo al medio rbb24. Aun así, reconoció que la comercialización controlada es parte del futuro espacial.

Una nueva etapa para la exploración civil
La presencia de una ingeniera sin antecedentes militares ni institucionales a bordo de una misión orbital representa un cambio de paradigma. El modelo de vuelos científicos privados, liderado por empresas como SpaceX, comienza a abrir un espacio para talentos diversos, más allá de las estructuras tradicionales. Como expresó Rogge, la calma mental y la capacidad de pensar con claridad en momentos difíciles son tan importantes como la preparación técnica.
El viaje de Rabea Rogge no es solo un hito para Alemania. También marca un paso más hacia la democratización del espacio y el avance de la ciencia fuera de los marcos estatales. La tecnología privada, el financiamiento alternativo y los perfiles científicos diversos impulsan una nueva etapa para la investigación más allá de la Tierra.

Hacé tu comentario