El canciller alemán Friedrich Merz viajó a China en una visita que llega cargada de señales contradictorias. Por un lado, China recuperó en 2025 el primer puesto como socio comercial de Alemania con un volumen de intercambio de EUR 251.800 millones (US$ 297.060 millones), superando a Estados Unidos.
Por el otro, el comercio exterior alemán con el gigante asiático se desplomó casi un 10 por ciento en el mismo período, el déficit comercial creció más de un tercio y las empresas alemanas se enfrentan a obstáculos crecientes en el mercado chino. El viaje de Merz es necesario, pero no tiene respuestas fáciles.
Alemania, China y una dependencia que incomoda
El déficit comercial de Alemania con China alcanzó en 2025 los EUR 90.000 millones (US$ 106.176 millones), según un análisis del Instituto de la Economía Alemana (IW). Las importaciones chinas crecieron un 8,8 por ciento hasta los EUR 170.600 millones (US$ 201.263 millones), consolidando a China como el principal proveedor de Alemania por lejos, por encima de Países Bajos y Estados Unidos. En cambio, las exportaciones alemanas a China cayeron al sexto lugar en el ranking de destinos, detrás de Francia, Países Bajos y otros mercados europeos.

La Cámara Alemana de Industria y Comercio (DIHK) advirtió en su última encuesta que los proveedores chinos se convirtieron en “competidores serios” en sectores industriales clave de Alemania, que ya atraviesa dificultades estructurales propias. El presidente de la DIHK, Peter Adrian, lo resumió con precisión: “Esto supone oportunidades para las empresas alemanas, por ejemplo, gracias al fuerte avance tecnológico y la capacidad de innovación local. Sin embargo, esto se ve contrarrestado por riesgos crecientes, como las intervenciones estatales y las condiciones de competencia desiguales.”

El problema de las tierras raras
El punto más sensible de la dependencia alemana respecto de China es el de las materias primas críticas. China controla más del 90 por ciento del procesamiento mundial de tierras raras, esenciales para fabricar teléfonos inteligentes, computadoras, turbinas eólicas y motores eléctricos. Desde abril de 2025, Pekín restringe la exportación de estos materiales, obligando a las empresas alemanas a atravesar costosos y lentos procesos de autorización, sin posibilidad de acumular reservas. El resultado fue que varias industrias quedaron al borde de paradas de producción.
Esther Goreichy, del Instituto Mercator de Estudios sobre China (Merics), fue directa al respecto: Alemania y Europa deben reducir rápidamente sus dependencias, porque cuanto más se demore esa diversificación, más cara resultará en el futuro. La industria automotriz, la armamentística y el sector de energías renovables son los más expuestos.

La estrategia que no funcionó
En 2023, el gobierno alemán anterior adoptó una estrategia oficial para China basada en el concepto de “reducción del riesgo”, que describía a China simultáneamente como socio, competidor y rival sistémico. El objetivo era diversificar las cadenas de suministro para reducir la dependencia. El experto del IW Jürgen Matthes fue categórico en su evaluación: “La estrategia de reducción del riesgo no funciona como debería.” Demasiadas empresas siguen actuando de manera “negligente” frente a las dependencias críticas de importaciones, señaló.
Oliver Oehms, miembro ejecutivo de la Cámara Alemana de Comercio Exterior en China, identificó dos tendencias dominantes entre las empresas alemanas que operan en el país: la localización de la producción y las asociaciones con empresas chinas, incluso para exportar desde China hacia terceros mercados.

Lo que Merz va a pedir
El sector empresarial alemán tiene expectativas concretas del viaje del canciller. La DIHK exige que se negocien condiciones de competencia más equitativas, que se simplifiquen los procedimientos de autorización para exportaciones de materias primas y que los controles sean “transparentes, predecibles y basados en normas”. Adrian fue explícito: además de las cuestiones comerciales e inversoras, las restricciones a las exportaciones de materias primas deben estar en el centro de la agenda.
El contexto global agrega una capa más de complejidad. Los aranceles de Donald Trump afectaron el comercio germano-estadounidense, aunque Estados Unidos siguió siendo el destino de exportación más importante con EUR 146.200 millones (US$ 172.477 millones) en ventas alemanas, pese a una caída del 9,4 por ciento. La disputa arancelaria también tuvo un efecto colateral: los economistas estiman que China está redirigiendo hacia Europa productos que ya no puede colocar en el mercado estadounidense, lo que aumenta la presión competitiva sobre la industria alemana.




Hacé tu comentario