Alemania cerró el año 2025 con aproximadamente 83,5 millones de habitantes, unos 100.000 menos que el año anterior. Ese número condensa una tendencia que la Oficina Federal de Estadística (Destatis) viene midiendo con creciente preocupación: en 2025 nacieron alrededor de 650.000 niños, mientras que fallecieron aproximadamente un millón de personas. La brecha entre nacimientos y muertes no es nueva, pero su persistencia y profundidad sí representan una señal de alarma que los expertos ya no se permiten suavizar.
Una tasa de natalidad muy por debajo del mínimo
Estadísticamente, cada mujer en Alemania tiene 1,35 hijos. El número necesario para mantener estable la población es de 2,1. La diferencia entre ambas cifras define el problema central del país en términos demográficos.

C. Katharina Spieß, directora del Instituto Federal de Investigación Demográfica, presentó los datos en Berlín y ofreció una lectura que va más allá de las estadísticas frías. Según las encuestas realizadas entre jóvenes de 19 a 29 años, el deseo de tener hijos en Alemania equivaldría a una tasa de natalidad del 2,4 por ciento, por encima del mínimo de reemplazo. El problema no es la voluntad: es la posibilidad. “La seguridad es un factor crucial para cumplir el deseo de tener hijos. Las múltiples crisis han llevado a que las personas no cumplan sus deseos”, señaló Spieß.
Los obstáculos concretos son conocidos: escasez de vivienda, alquileres en alza, servicios de cuidado infantil insuficientes o precarios y la certeza de que tener hijos implica, en la mayoría de los casos, reducir la jornada laboral y resignar ingresos. Cada vez más personas afirman que, en términos económicos, simplemente no pueden permitirse tener hijos en Alemania.
Los baby boomers se van y nadie los reemplaza
El envejecimiento de la población tiene una cara particularmente visible en este momento: los nacidos durante la década de 1960, la generación que registró más de un millón de nacimientos anuales, están transitando masivamente hacia la jubilación. Detrás de ellos, las cohortes son notablemente más pequeñas.

Karsten Lummer, jefe del Departamento de Población de Destatis, lo cuantificó con precisión: “Incluso ahora, hay 33 personas en edad de jubilación por cada 100 personas en edad laboral.” Para 2050, el número de mayores de 80 años pasará de poco más de seis millones actuales a aproximadamente nueve millones. Alemania es hoy una de las cinco sociedades denominadas “super-envejecidas” del mundo, y para 2050 casi un tercio de su población tendrá 65 años o más.
Un sistema social diseñado para otra realidad
Las consecuencias sobre el sistema de bienestar son directas y el tiempo para actuar se acorta. “Tenemos una tasa de natalidad baja, pero un sistema social que aún actúa como si tuviéramos una alta”, advirtió Lummer. La pregunta sobre cómo reformar ese sistema, dijo, “debería haberse respondido hace mucho tiempo. No lo hicimos.”

El economista Joachim Ragnitz, del Instituto ifo de Dresde, fue en la misma dirección: “El declive acelerado y el envejecimiento de la población deben tenerse en cuenta ya en las decisiones políticas con consecuencias a largo plazo, por ejemplo, en materia de salud y cuidados de larga duración.” Un dato ilustra la magnitud del desafío: actualmente trabajan unas 280.000 personas en centros de atención ambulatoria para personas mayores, pero para 2049 se necesitarán 690.000.
La inmigración ayuda, pero no resuelve
Desde 1990, once millones de inmigrantes llegaron a Alemania y compensaron parcialmente el déficit demográfico. Los picos se registraron en 2015/2016, con la crisis siria, y después de 2022, con la guerra en Ucrania. Más de un millón de ucranianos residen actualmente en el país, constituyendo el segundo grupo extranjero más numeroso después de los turcos.

Sin embargo, la integración laboral sigue siendo lenta. Diez años después de la ola migratoria de 2015/2016, dos tercios de los refugiados de aquella época están empleados, según el Instituto de Investigación del Empleo. Entre los refugiados ucranianos, predominantemente mujeres, esa cifra cae al 31 por ciento.
Martin Werding, miembro del Consejo Alemán de Expertos Económicos y asesor del gobierno, señaló que el sistema alemán dedica demasiado tiempo a evaluar las calificaciones de los inmigrantes en lugar de reconocerlas directamente, lo que frena su inserción en el mercado laboral. El último pronóstico de Destatis, que se extiende hasta 2070, concluye que la inmigración puede aliviar pero no revertir la tendencia: la población podría reducirse en torno al diez por ciento.

Un espejo para la Argentina
El caso alemán tiene resonancias directas para la Argentina, que también enfrenta un sistema previsional bajo presión creciente y debates recurrentes sobre la sustentabilidad del Estado de bienestar. A diferencia de Alemania, Argentina tiene aún una estructura etaria más joven, pero la informalidad laboral masiva —que excluye a millones de trabajadores del sistema de aportes— genera una vulnerabilidad equivalente: muchos cotizantes sostienen a muchos jubilados, y el equilibrio es frágil.
La experiencia alemana muestra que ignorar las señales demográficas durante décadas tiene un costo que, llegado el momento, resulta muy difícil de pagar.




Hacé tu comentario