Alemania atraviesa una crisis en la economía que ya dejó de ser pasajera. La producción industrial pierde fuerza, las exportaciones muestran desgaste, la inflación volvió a acelerarse y el Gobierno enfrenta cada vez más cuestionamientos por la falta de resultados concretos.
El panorama quedó expuesto esta semana durante una reunión entre el canciller Friedrich Merz y el Consejo de Expertos para la Evaluación del Desarrollo Económico General, conocido popularmente como los “sabios de la economía”. El organismo, que asesora al Gobierno alemán, presentó previsiones mucho peores de lo esperado para 2026.
La economía alemana crecería apenas 0,5% este año y 0,8% en 2027. Al mismo tiempo, la inflación subiría hasta 3%. Los números representan un golpe político para Merz. Cuando asumió en mayo de 2025 prometió devolver dinamismo a la economía y recuperar competitividad. Un año después, Alemania sigue prácticamente estancada.
El problema preocupa todavía más porque ocurre en medio de una expansión moderada de la economía mundial. Mientras otros países europeos logran cierta recuperación, Alemania continúa atrapada entre energía cara, caída industrial y presión externa.
La industria alemana pierde terreno frente a China y los altos costos energéticos
Representantes de la industria alemana advirtieron en marzo que la competitividad económica enfrenta una presión pocas veces vista desde la posguerra. El deterioro golpea directamente al núcleo histórico del modelo alemán. Durante décadas, sectores como automóviles, maquinaria industrial, química y farmacéutica sostuvieron el crecimiento exportador del país y consolidaron a Alemania como potencia manufacturera europea.

La guerra con Irán agravó todavía más la situación energética. El combustible para calefacción aumentó alrededor de 40% y persisten las presiones sobre gas y electricidad. Alemania quedó especialmente expuesta por dos factores: depende de importaciones energéticas y mantiene una economía fuertemente orientada a las exportaciones.
El economista austríaco Gabriel Felbermayr, integrante del Consejo de Expertos, sostuvo en declaraciones a DW que los aranceles y la crisis energética afectan a Alemania por su perfil de exportador industrial y comprador de energía fósil.
A su vez, la competencia china avanza sobre sectores históricamente dominados por empresas alemanas. China incrementó nuevamente sus exportaciones hacia Europa durante 2025 y eso empezó a impactar tanto sobre el mercado europeo como sobre terceros mercados donde antes predominaban fabricantes alemanes.

El fenómeno se nota especialmente en autos eléctricos, tecnología industrial y manufacturas de alto valor agregado. Mientras tanto, la economía mundial seguiría creciendo alrededor de 2,25%, incluso con tensiones geopolíticas y conflictos energéticos. Alemania, en cambio, permanece casi inmóvil.
El envejecimiento de la población agrava los problemas estructurales
La debilidad económica también dejó más expuestos problemas internos que Alemania arrastra desde hace años. El país envejece rápidamente. Las generaciones nacidas después de la Segunda Guerra Mundial empiezan a retirarse masivamente y el sistema previsional enfrenta una presión cada vez mayor.
Al mismo tiempo, la natalidad sigue en baja y la inmigración perdió intensidad. Eso reduce la cantidad de trabajadores activos disponibles para sostener jubilaciones, salud y asistencia social.
Los expertos también apuntaron contra el sistema sanitario alemán. En relación con el tamaño de su economía, Alemania posee uno de los sistemas de salud más caros de toda la OCDE, aunque sus resultados aparecen lejos de los mejores estándares internacionales.

Algunos economistas plantearon que las generaciones mayores deberían asumir una mayor parte de los costos vinculados a salud y cuidados. El especialista Achim Truger cuestionó varias de esas propuestas y advirtió sobre posibles consecuencias sociales duras.
Alemania también aceleró inversiones militares y programas de infraestructura después de años de retraso y en respuesta al nuevo escenario de seguridad europeo. Por ello, el déficit público alemán podría subir este año hasta 3,7% del PBI y alcanzar 4,3% en 2027. Las cifras superan claramente el límite de 3% fijado por las reglas fiscales europeas.
El Gobierno defiende esas inversiones como necesarias para modernizar infraestructura deteriorada y reforzar capacidades defensivas. Pero varios economistas sostienen que el problema alemán ya no se resuelve únicamente con gasto público.




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