Un trabajador cobra más de CHF 4.000 mensuales, vive en un departamento cuidado, viaja en un transporte público que funciona y manda a sus hijos a una escuela en buenas condiciones. Desde América Latina, la situación podría asociarse con una familia de clase media. En Suiza, sin embargo, ese hogar puede ser de gente apenas por encima de la línea de pobreza.
Los barrios de menores ingresos tampoco son los asentamientos precarios que rodean muchas ciudades latinoamericanas. Tienen calles asfaltadas, agua corriente, recolección de residuos, trenes, colectivos y tranvías. La pobreza no se descubre por la ausencia de infraestructura, sino dentro de las viviendas: habitaciones compartidas, cuentas acumuladas, tratamientos médicos postergados y familias sin dinero para enfrentar una urgencia.
La Oficina Federal de Estadística calculó que 743.000 personas vivían bajo el umbral de pobreza en 2024, es decir el 8,4% de la población, una proporción que muestra el lado menos conocido de uno de los países más ricos del mundo.
Pobres con salarios que parecen una fortuna
La línea de pobreza quedó establecida en CHF 2.388 mensuales para una persona sola y en CHF 4.159 para una pareja con dos hijos. Las cifras son bastante shockeantes vistas desde países donde esos ingresos permitirían acceder a consumos reservados para sectores acomodados.

La comparación, sin embargo, es engañosa porque considera el monto convertido a otra moneda. Ese dinero debe gastarse en Suiza, donde una parte enorme del salario desaparece entre el alquiler, la cobertura médica, los impuestos, el transporte y los alimentos.
El salario mediano llegó en 2024 a CHF 7.024 brutos por mes, pero el 10% de los trabajadores con menores remuneraciones cobró menos de CHF 4.635. Es decir, un ingreso que en América Latina parecería extraordinario coloca a un empleado suizo en el escalón salarial más bajo.
El departamento se lleva una parte enorme del sueldo
El alquiler promedio de una vivienda alcanzó los CHF 1.485 mensuales en 2024. El valor sube bastante más en Zúrich, Ginebra, Zug y otras regiones con una fuerte demanda habitacional. La cifra no incluye necesariamente expensas, energía, Internet o estacionamiento. Para reducir el gasto, muchas personas viven en departamentos pequeños, comparten la vivienda o se trasladan hacia la periferia.
Comer en restaurantes, viajar durante las vacaciones, practicar determinados deportes o pagar actividades para los hijos puede quedar fuera del presupuesto con bastante frecuencia. Una heladera rota, una mudanza forzada o la pérdida temporal del empleo alcanza para romper un equilibrio sostenido con enorme esfuerzo.
La vivienda explica por qué la pobreza suiza es tan difícil de reconocer desde afuera. Los edificios pueden ser antiguos, pero se están bien conservados; las veredas permanecen limpias y los servicios funcionan. No aparece una frontera urbana que separe de manera brutal a ricos y pobres. La desigualdad se observa en los metros cuadrados disponibles, el tiempo libre, la capacidad de ahorrar y la tranquilidad ante el futuro.
La factura médica que llega todos los meses
El seguro de salud básico es obligatorio y se paga de manera individual. En 2026, la prima promedio llegó a CHF 393,30 mensuales por persona, un 4,4% más que el año anterior. Una familia puede recibir reducciones según sus ingresos y el cantón donde vive, pero la cobertura continúa siendo importante en el presupuesto.
El pago mensual tampoco elimina todos los gastos necesariamente, porque los adultos deben elegir una franquicia anual de entre CHF 300 y CHF 2.500, y cuanto mayor sea esa franquicia menor será la prima, pero más dinero deberá aportar el paciente antes de que la aseguradora comience a cubrir los costos.

Esa estructura lleva a algunas personas a postergar consultas, especialmente tratamientos odontológicos, que no forman parte de la cobertura básica habitual. La pobreza, entonces, puede esconderse entonces en una muela que no se arregla, unos anteojos que no se reemplazan o una consulta que se posterga hasta el mes siguiente.




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