Un gigantesco desprendimiento de rocas se produjo el 5 de agosto en la ladera sur del Matterhorn, uno de los símbolos de Suiza y de los Alpes, y obligó a los guías de montaña italianos a suspender temporalmente los ascensos con clientes. El derrumbe ocurrió a unos 3.900 metros de altura, en territorio italiano, y no provocó heridos.
El episodio afectó una zona situada unos 570 metros por debajo de la cumbre de 4.478 metros y poco frecuentada por alpinistas, según informó la central de rescate del Valle de Aosta. El desprendimiento levantó una enorme nube de polvo mientras una masa de rocas descendía por la montaña.
Los guías italianos suspendieron los ascensos
Tras el derrumbe, la asociación de guías de Breuil-Cervinia suspendió las ascensiones guiadas de la Gran Becca, nombre con el que también se conoce al Matterhorn del lado italiano.

El desprendimiento no dañó la ruta italiana normal de ascenso por la arista Lion, pero los guías recomendaron extremar las precauciones hasta que mejoren las condiciones de la montaña y desaconsejaron intentar alcanzar la cumbre.
La cabaña Carrel, situada sobre esa ruta, permanece abierta como vivac para los montañistas, aunque sin personal.
La decisión italiana se sumó a la adoptada semanas antes en Suiza. A mediados de julio, los guías de Zermatt ya habían desaconsejado las ascensiones debido al elevado riesgo de caída de rocas asociado con las altas temperaturas y comenzaron a derivar a sus clientes hacia otras montañas.
Una montaña con cada vez menos hielo
Las condiciones excepcionales de este verano boreal aparecen como un elemento central para comprender el aumento del riesgo. La pared oriental del Matterhorn permaneció prácticamente sin nieve durante semanas y también perdió gran parte de su cobertura la arista Lion.
Severin Karrer, responsable de formación, montañismo y seguridad estival del Club Alpino Suizo (SAC), describió una combinación particularmente desfavorable: escasas nevadas durante el invierno y olas de calor inusualmente tempranas.

Uno de los indicadores más llamativos fue la altura de la isoterma de cero grados, es decir, el nivel de la atmósfera donde la temperatura alcanza los 0 °C. Según Karrer, permaneció durante varias semanas por encima de los 4.000 metros y llegó por momentos a acercarse a los 5.000 metros, por encima incluso de la cumbre del Matterhorn.
El fenómeno tiene consecuencias directas sobre la estabilidad de la montaña. El calentamiento favorece el deshielo del permafrost, el terreno que permanece congelado durante períodos prolongados y cuyo hielo contribuye a mantener cohesionadas las fracturas de la roca. Al descongelarse, aumenta la posibilidad de desprendimientos.
Hielo expuesto, grietas y caída de rocas
Stefan Winter, guía de montaña y responsable de Desarrollo Deportivo de la Asociación Alpina Alemana (DAV), advirtió sobre otros cambios que afectan a los alpinistas. “Los montañistas encuentran cada vez más sectores de hielo descubierto, los puentes de nieve sobre las grietas de los glaciares colapsan y las rimayas son cada vez más grandes”, señaló.

En el Matterhorn, donde incluso en condiciones normales la cobertura de nieve y hielo es relativamente delgada y las laderas son muy empinadas, la combinación entre deshielo y falta de nieve incrementa especialmente el peligro de caída de piedras.
La recomendación de los guías no constituye una prohibición oficial. Los alpinistas experimentados todavía pueden intentar el ascenso bajo su propia responsabilidad. Sin embargo, la evaluación de los profesionales locales constituye una referencia central para determinar las condiciones de seguridad.
Anjan Truffer, guía de montaña y director de la empresa de rescate aéreo Air Zermatt, lo resumió de manera categórica al diario suizo Blick: “Quien no conoce la montaña no tiene nada que hacer allí: es demasiado peligroso”. Los guías de ambos lados del Matterhorn decidirán cuándo retomar los ascensos en función de la evolución de las condiciones en la montaña.




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