Alemania cerró 2025 con una postal demográfica preocupante. La cantidad de nacimientos cayó por cuarto año consecutivo y alcanzó su nivel más bajo desde 1946, en una tendencia que dejó al país con el mayor déficit poblacional de toda su historia de posguerra.
Los datos provisionales difundidos esta semana por la Oficina Federal de Estadística (Destatis) confirman un fenómeno que viene preocupando a economistas, demógrafos y dirigentes políticos: la economía más grande de Europa pierde habitantes a un ritmo cada vez más difícil de revertir.
Alemania con menos nacimientos: las cifras del retroceso
Según el informe difundido el martes 28 de abril por Destatis, en Alemania nacieron alrededor de 654.300 bebés durante el año pasado, lo que representa una caída del 3,4 por ciento respecto de los 677.117 nacimientos registrados en 2024. La cifra es la más baja desde el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el país atravesaba la inmediata posguerra y comenzaba a reconstruirse de las ruinas materiales y demográficas dejadas por el conflicto.

El otro dato contundente del informe es la diferencia entre los fallecimientos y los nacimientos. Durante 2025 murieron en Alemania alrededor de 1,01 millones de personas, lo que arrojó un saldo demográfico negativo de 352.000 personas. Se trata del mayor déficit de natalidad de toda la posguerra alemana. La estructura del nacimiento por orden se mantuvo estable: el 46,6 por ciento de los bebés fueron primogénitos; el 34,8 por ciento, segundos hijos; y el 18,6 por ciento, terceros hijos o de orden superior.
Las dos causas detrás de la caída
Los técnicos de Destatis identificaron dos factores principales detrás de este nuevo retroceso. El primero es de carácter estructural: la llegada a la edad fértil clave —los primeros años de la treintena— de la generación de mujeres nacidas en la década de 1990, una cohorte numéricamente reducida en comparación con las anteriores. Es decir, hay menos mujeres en condiciones de tener hijos en este momento.

El segundo factor es la disminución de la tasa global de natalidad desde 2022. En otras palabras, no sólo hay menos mujeres en edad fértil, sino que las que están en condiciones de ser madres tienen, en promedio, menos hijos que en años anteriores. La combinación de ambos fenómenos —menos potenciales madres y menor número promedio de hijos por mujer— produjo el descenso sostenido que ya lleva cuatro años consecutivos.
Las proyecciones a futuro: panorama poco alentador
La 16ª proyección demográfica coordinada, publicada en diciembre pasado por la propia Destatis, no ofrece demasiadas expectativas de recuperación a corto plazo. Según ese informe, un eventual aumento del número de nacimientos en Alemania sólo sería posible si se combinaran dos condiciones: un incremento significativo de la tasa global de natalidad y una inmigración neta al menos moderada. Pero, incluso en ese escenario favorable, se prevé que la cantidad anual de nacimientos se mantenga por debajo del valor relativamente elevado registrado en 2021, cuando se alcanzaron los 795.000 nacimientos.

La Argentina, en una tendencia similar
La caída demográfica que atraviesa Alemania no es un fenómeno aislado, sino que dialoga con un proceso global del que la Argentina también forma parte. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), nuestro país atraviesa desde hace una década una caída sostenida de la natalidad: los nacimientos pasaron de 770.000 en 2014 a poco más de 460.000 en 2023, una baja del orden del 40 por ciento en menos de diez años.

Las explicaciones son múltiples y, en buena medida, coinciden con las europeas: el ingreso masivo de la mujer al mercado laboral, las dificultades económicas, la postergación de la maternidad, el acceso más amplio a métodos anticonceptivos y la sanción en 2020 de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. El paralelismo entre ambos países, sin embargo, tiene matices importantes.
Mientras Alemania compensa parcialmente su saldo vegetativo negativo con la inmigración —que en los últimos años creció con fuerza desde Ucrania, Siria y otros países—, la Argentina mantiene flujos migratorios más modestos en términos relativos a su población.
Para la comunidad germanoparlante de nuestro país, este escenario plantea una reflexión inevitable: las decisiones que toma hoy Berlín en materia de política familiar, pensiones e inmigración marcarán durante décadas el destino de un país cuya influencia económica y cultural traspasa largamente las fronteras de Europa.




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