Las insolvencias empresariales alcanzaron en Alemania su nivel más alto en más de 20 años durante el segundo trimestre de 2026 y extendieron la crisis a casi toda la economía alemana. El aumento dejó de concentrarse en algunas grandes compañías de la industria alemana y abrió una pregunta más profunda: si el país atraviesa una depuración normal del mercado o una debilidad estructural de su modelo productivo.
El Instituto Leibniz de Investigación Económica de Halle (IWH) registró 4.996 insolvencias de sociedades de personas y de capital entre abril y junio. La cifra representó un incremento del 9% frente al primer trimestre y marcó el valor trimestral más elevado desde hace más de dos décadas. Sólo en junio se contabilizaron 1.702 casos.

La cantidad de insolvencias de junio superó además en un 80% el promedio observado durante el mismo mes entre 2016 y 2019, antes de la pandemia. El relevamiento no incluyó a trabajadores autónomos, profesionales independientes ni pequeñas empresas individuales, sino a compañías que concentran la mayor parte de los empleos y créditos afectados.
Steffen Müller, director del área de investigación sobre insolvencias del IWH, sostuvo que el resultado no fue inesperado debido al crecimiento sostenido de las quiebras en los trimestres anteriores. La distribución de los casos entre numerosos sectores y regiones, agregó, constituye una señal más preocupante que una sucesión de grandes derrumbes aislados.
El ajuste ya llegó al empleo
El deterioro empresarial coincidió con nuevos planes de reducción de personal. Volkswagen evaluó recortar hasta 100.000 puestos en todo el mundo durante los próximos años, sobre una plantilla cercana a 657.000 trabajadores. La cifra surgió de planes internos difundidos por medios alemanes y todavía no representó una decisión definitiva.

El proveedor automotor ZF Friedrichshafen había anunciado la eliminación de hasta 14.000 empleos en Alemania para 2028, mientras que Bosch proyectó suprimir más de 20.000 puestos en el país antes de 2030.
El problema, sin embargo, excedió a la industria automotriz. Una encuesta de la consultora Horváth entre 1.000 empresas calculó que durante 2026 podrían desaparecer hasta 100.000 empleos industriales, principalmente en la fabricación de vehículos, la construcción y la producción de maquinaria.
Destrucción creativa, pero con límites
Desde una perspectiva económica, la desaparición de empresas poco productivas puede liberar trabajadores, capital y conocimientos para actividades más eficientes. Ese mecanismo, identificado por el economista Joseph Schumpeter como “destrucción creativa”, permitiría interpretar las insolvencias como una renovación del mercado.

Müller señaló que muchos empleados afectados lograron reinsertarse con relativa rapidez. Sin embargo, advirtió que esa capacidad también respondió a la jubilación de generaciones numerosas y a una menor inmigración procedente de otros países de la Unión Europea. Por lo tanto, el traslado de trabajadores no implicó necesariamente que pasaran a empresas más productivas.
La extensión de las quiebras reforzó la hipótesis estructural. La construcción y el sector inmobiliario sufrieron el impacto del cambio en las tasas de interés; la gastronomía enfrentó mayores costos laborales; las industrias intensivas en energía pagaron precios elevados, y el comercio debió adaptarse a nuevos hábitos de consumo.
Más empresas nuevas, la señal que evita el diagnóstico definitivo
La creación de negocios ofreció un contrapunto. Alemania registró 188.900 nuevas actividades comerciales durante el primer trimestre de 2026, un 10,1% más que un año antes. Sin embargo, las empresas consideradas de mayor relevancia económica fueron unas 37.500 y crecieron sólo un 2,8%.

El dato mostró que la economía todavía conserva capacidad emprendedora, pero no eliminó las señales de alarma. Las insolvencias pueden corregir estructuras improductivas; cuando alcanzan simultáneamente a casi todos los sectores, también pueden revelar costos elevados, inversiones demoradas y modelos de negocio que no completaron su transformación.





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