La industria química del este de Alemania mostró una creciente fractura entre dos modelos de negocio. Mientras una parte importante de las empresas proyectó reducir o trasladar inversiones fuera del país debido al aumento de los costos de producción, algunas compañías de la industria farmacéutica avanzaron con nuevos proyectos de expansión que reflejan un comportamiento muy distinto dentro del mismo sector.
La diferencia quedó expuesta en una encuesta realizada por la Asociación de la Industria Química de Alemania (VCI), según la cual uno de cada dos fabricantes del este alemán prevé disminuir sus inversiones en Alemania durante 2026 y 2027. Al mismo tiempo, más de un tercio analiza trasladar total o parcialmente esos desembolsos al extranjero, una decisión impulsada principalmente por los elevados costos de producir en el país.
Una industria, dos realidades
La química constituye uno de los pilares de la economía alemana. Sus productos abastecen desde la fabricación de fertilizantes, plásticos y pinturas hasta la industria automotriz, electrónica, alimentaria y farmacéutica. Sin embargo, la crisis no golpea con la misma intensidad a todos los segmentos.

Los fabricantes de productos químicos básicos y fertilizantes aparecen entre los más afectados. La empresa SKW Piesteritz advirtió en reiteradas oportunidades que los altos precios de la energía deterioran la competitividad de la producción de fertilizantes en Alemania frente a otros mercados. En Leuna, la situación tampoco logró estabilizarse: Polyamid GmbH, creada para preservar parte de la actividad tras la insolvencia de Domo, continúa buscando una solución que garantice el futuro del complejo industrial.
En el extremo opuesto se ubica la industria farmacéutica. El laboratorio Merz anunció recientemente una inversión superior a los 100 millones de euros en su planta de Dessau-Roßlau, proyecto que contempla la creación de alrededor de 150 nuevos puestos de trabajo y refuerza el perfil farmacéutico del este alemán.
Costos que desalientan la inversión
La encuesta del VCI muestra con claridad cuáles son los principales factores que frenan nuevos proyectos industriales.
Nueve de cada diez empresas consideran que los costos de operar en Alemania tienen un impacto negativo sobre sus decisiones de inversión. Tres de cada cuatro cuestionan además la política energética y climática, mientras que solo una de cada diez compañías prevé ampliar sus inversiones dentro del país.

“La industria no está perdiendo la voluntad de invertir; está perdiendo la confianza en las condiciones del país como lugar para producir”, afirmó Nora Schmidt-Kesseler, directora ejecutiva del VCI Nordost. La dirigente sostuvo que para recuperar inversiones se necesitan reglas estables, procesos administrativos más ágiles, menos burocracia y precios de la energía que permitan competir internacionalmente.
La burocracia también pesa
Los empresarios identifican además una carga regulatoria creciente.
El 85 % de las empresas consultadas considera que la burocracia representa una carga grave o muy grave para la actividad, mientras que siete de cada diez la señalan como el principal obstáculo para innovar. A ello se suman los elevados costos de las materias primas, la presión impositiva y las demoras en los procedimientos de autorización de nuevos proyectos industriales.

Las perspectivas económicas tampoco invitan al optimismo. La mitad de las empresas espera una caída de sus ganancias durante los próximos meses, mientras que apenas una de cada cinco anticipa una mejora. En materia de facturación, las expectativas aparecen divididas: el 45 % proyecta aumentos y otro 45 % prevé una disminución.
Una preocupación que excede al este alemán
El panorama regional refleja una tendencia que también atraviesa al conjunto de la industria química alemana.
Según el VCI, durante el primer semestre de 2026 la producción de la industria química y farmacéutica cayó alrededor de un 3 % respecto del mismo período del año anterior, la facturación descendió hasta los 106.000 millones de euros y las inversiones retrocedieron por tercer año consecutivo. Para la entidad, la pérdida sostenida de inversiones constituye una señal de alerta sobre la competitividad del país como centro industrial.

La evaluación sobre las políticas públicas tampoco resulta favorable. En la encuesta, el 65 % de las empresas del este calificó con las peores notas la política económica del Gobierno federal y el 75 % hizo una evaluación similar de la Comisión Europea.
Schmidt-Kesseler resumió el diagnóstico con una advertencia: “Alemania no puede permitirse de manera permanente costos de producción tan elevados en la competencia internacional”. Para la dirigente, el desafío ya no consiste únicamente en atraer nuevas inversiones, sino en evitar que las existentes continúen migrando hacia otros mercados mientras sectores como la industria farmacéutica siguen demostrando que todavía existen oportunidades para crecer cuando las condiciones de negocio lo permiten.





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