Un robot humanoide terminó secuestrado por la policía de Colonia, en Alemania, tras una denuncia por presunto acoso sexual contra una adolescente de 16 años. De acuerdo al parte oficial, la máquina se acercó por detrás, le tocó los glúteos y después hizo movimientos de connotación sexual contra ella. Dos jóvenes habrían filmado y transmitido la escena en redes sociales.
Todo apunta hacia el propietario del dispositivo, también de 16 años, y a un acompañante de 19. Las autoridades intentan establecer si alguien controló las acciones de la máquina.
La causa se tramita por la sospecha de injurias de connotación sexual, una calificación que abre un debate sobre cómo atribuir responsabilidades cuando el contacto físico se produce mediante un dispositivo robótico.
El robot apareció en el baúl de un auto
La adolescente estaba con dos amigas entre las 23.45 y la medianoche, en la esquina de Palmstraße y Hohenzollernring. De acuerdo con la reconstrucción policial, el robot humanoide, de aproximadamente 1,20 metro de altura, se aproximó a ella desde atrás y ejecutó las acciones denunciadas.

El aparato tenía una apariencia llamativa, con partes rojas y doradas. En la imagen difundida por la policía aparece vestido con una musculosa blanca y pantalones negros, además de accesorios como una cadena y anteojos oscuros.
Los agentes enviados tras el aviso localizaron a los involucrados cerca del lugar. Encontraron la máquina en el baúl de un auto Volkswagen, donde el propietario la había guardado. El adolescente es de Wegberg, en el distrito de Heinsberg, según informó la policía en su comunicado del 12 de octubre.
Además del dispositivo, los efectivos secuestraron dos celulares de los sospechosos.
Quién ordenó los movimientos y qué delito se investiga
El vocero policial Christoph Bermel explicó a Associated Press que los investigadores examinaban si las acciones estaban preprogramadas o controladas en tiempo real.
Bermel además indicó que los dos jóvenes eran sospechosos y que todavía no se habían formulado acusaciones formales, según la información difundida el 13 de octubre. El secuestro de los aparatos forma parte de la búsqueda de pruebas para reconstruir lo ocurrido y establecer las intervenciones de cada persona.

El artículo 184i del Código Penal alemán sanciona el acoso sexual mediante contacto corporal de connotación sexual. En su modalidad básica prevé multas o penas de hasta dos años de prisión. Sin embargo, el parte de Colonia identifica como sospecha inicial las injurias de connotación sexual. La investigación deberá precisar cómo encuadrar los hechos y atribuirlos a personas.
El jurista Martin Ebers señaló a la emisora WDR que los sistemas con un alto grado de autonomía pueden plantear dificultades cuando las consecuencias de su funcionamiento no son previsibles. Su observación se refiere al problema general de la responsabilidad por daños; en este episodio todavía falta determinar qué grado de control humano existió.
Los videos y el debate sobre la responsabilidad
Según la policía, el dueño del robot y su acompañante habrían filmado el presunto ataque, transmitido las imágenes y comentado lo que sucedía. Esa transmisión en vivo integra los hechos que se investigan, junto con el funcionamiento de la máquina y los movimientos denunciados por la adolescente.

Las autoridades también cuestionaron las reacciones que trataron el episodio como una diversión. En una publicación del 13 de octubre, la policía advirtió que compartir las grabaciones o hacer bromas sobre ellas puede agravar el impacto sobre la persona afectada. El mensaje puso el foco en la exposición digital de la víctima.
La profesora de Derecho Susanne Beck, de la Universidad de Hannover, dijo ante WDR que la sociedad debe tomar en serio el uso de máquinas para realizar contactos sexuales no consentidos. Y puso el énfasis sobre la escasa conciencia del carácter abusivo de estas conductas entre quienes las realizan en entornos tecnológicos.



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